NATURE

A los pájaros también les cuesta repartirse las tareas «en casa»

Un gran estudio que recopila datos de 729 nidos y 32 especies de aves ha descubierto una gran variedad en las estrategias de machos y hembras para cuidar de sus crías. Lo más importante para ellos es evitar a los depredadores

Correlimos semipalmeado, (Calidris pusilla). Cada pareja de aves tiene una dinámica que influye en si machos y hembras se repartirán el trabajo por igual
Correlimos semipalmeado, (Calidris pusilla). Cada pareja de aves tiene una dinámica que influye en si machos y hembras se repartirán el trabajo por igual - Martin Bulla

En el mundo animal, los machos y las hembras de pájaros también tienen que repartirse las tareas en casa. Mientras que un miembro de la pareja busca comida, el otro tiene que cuidar de los huevos o de los pollos. Es el caso de las aves limícolas, un grupo que suele tener picos y patas largas y vivir junto a zonas húmedas. Suelen poner sus nidos en el suelo, así que para ellos compartir las tareas es una cuestión de supervivencia.

Un estudio publicado este miércoles en Nature ha hecho el análisis más profundo hasta la fecha de cómo logran repartirse las tareas los pájaros limícolas. A lo largo de 20 años de trabajo, investigadores de todo el mundo han analizado el comportamiento de 729 parejas de un total de 32 especies. Los resultados han sido muy sorprendentes, porque el reparto es muy variado y además no suele estar sincronizado con la duración de los días. Otra cosa llamativa es que lo que más influye a la hora de que estos pájaros se repartan las tareas es el peligro de los depredadores.

«Intentamos analizar qué factores influyen en la forma que tienen los padres de repartirse las tareas en el cuidado de las descendencia», ha explicado a ABC Jordi Figuerola, investigador en la estación biológica de Doñana (CSIC) y uno de los autores del estudio.

Y el principal resultado que han obtenido es que la forma de repartirse el trabajo depende de la estrategia que los pájaros usan para defenderse de los depredadores. Si esquivan a los atacantes simplemente camuflando sus nidos y permaneciendo quietos encima de su prole, machos y hembras pasan largos «turnos de guardia» sobre sus crías. Si en vez de eso prefieren distraer o amenazar a sus atacantes, las parejas prefieren los turnos más cortos. «El motivo es que los depredadores pueden detectar muy fácilmente el cambio entre el padre y la madre», ha dicho Figuerola.

No siempre hay igualdad

Hay mucha variedad entre las especies, pero en general no se puede decir que machos y hembras hagan un reparto equitativo de su trabajo, en opinión de Figuerola. En realidad, cada pareja es un mundo y adopta su propia dinámica. Hay dúos donde el macho cuida más de la prole, y otras donde la hembra lleva la voz cantante.

Tal como ha analizado el estudio, dirigido por Martin Bulla, investigador del Instituto de Ornitología Max Planck (en Alemania), esta diversidad de estrategias permite que la duración de los turnos de cuidado sean muy variados: hay pájaros que solo están una hora seguida incubando sus huevos y otros que pasen más de 50 horas en su puesto.

Hacer una guardia tan larga puede ser un problema para un animal pequeño que necesita comer cada poco tiempo. Pero, según estos científicos, no son los requerimientos energéticos sino la estrategia frente a los depredadores lo que claramente determina cómo cuidarán estas aves a sus descendientes. «Acaba mandando el riesgo de depredación. Si te depredan el nido se acaba todo. Así que intentan minimizar a toda costa este peligro», ha explicado Figuerola.

Heredar las costumbres

Aún así, este estudio también ha corroborado que las especies más próximas de aves siguen estrategias similares, puesto que suelen compartir un lugar y un modo de vida. Hasta cierto punto, por lo tanto, estas «costumbres» de pasar más o menos tiempo en el nido se heredan, y forman parte del los ritmos biológicos característicos de cada animal.

Pero ha habido otro hallazgo que ha sorprendido a los científicos: tan solo el 22 por ciento de las parejas sigue un ritmo sincronizado con las 24 horas de cada día. Esto es llamativo, porque se suele considerar que la sincronización de los ritmos internos de los animales con los ritmos del planeta (estaciones y paso del día a la noche) es una gran ventaja. Para Figuerola, la explicación a esto se encuentra en que muchos de los pájaros analizados viven en latitudes bajas, donde pasan días de más de 18 horas de duración, y que por lo tanto le quitan importancia al ciclo habitual de 24 horas.

Sea como sea, si este estudio ha sorprendido a los científicos es por la gran variedad de estrategias de cuidado de crías que ha permitido observar. Gracias a una gran cantidad de datos y de observaciones hechas en el medio natural, la variedad observada ha dejado muy atrás a la que se intuía después de hacer estudios en entornos controlados.

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