Ciencia

La odisea del banco de los 3.300 cerebros

Es una de las mayores colecciones de tejidos y tiene gran importancia para estudiar enfermedades neurológicas. Llegó a alcanzar los 8.000 órganos y ha sido trasladado en varias ocasiones

El profesor J. A. N. Corsellis, el inaugurador de la colección que recogió cerebros desde los años 50
El profesor J. A. N. Corsellis, el inaugurador de la colección que recogió cerebros desde los años 50 - Daniel Lewis-Hodgson, Mindlab® International
ABC.ES Madrid - Actualizado: Guardado en:

El saber no ocupa lugar, pero los cerebros sí. En el hospital psiquiátrico Duffel, asociado con la Universidad de Amberes, lo saben muy bien. Allí se encuentra el mayor banco de cerebros de Europa, y quizás del mundo, según los responsables, con un total de 3.348 órganos. Todos ellos están disponibles para que los científicos estudien enfermedades neurológicas.

Pero los cerebros no siempre han estado ahí. A principios de agosto, la falta de espacio y otros problemas técnicos obligaron a los responsables a mover las muestras desde Londres a Bélgica.

«Si no hubiéramos encontrado una nueva casa para nuestra colección, los cerebros habrían sido destruidos», explicó en un comunicado Manuel Morrens, director de investigación en el Hospital Duffel. «Eso habría sido una pena, porque esta colección es increiblemente valiosa».

Tal como ha añadido el científico, este gran banco de cerebros «es una enorme oportunidad para ampliar nuestro conocimiento de las enfermedades del cerebro». Gracias a él, los investigadores pueden analizar los tejidos de pacientes que sufrieron esquizofrenia, depresión, adicciones, etc.

De hecho, actualmente los investigadores están estudiando el papel de la neuroinflamación en el desarrollo de algunas enfermedades.

En palabras de Violette Coppens, una de las investigadoras encargadas de hacerlo, el traslado exitoso de los cerebros es muy importante: «No siempre es fácil hacer estudios post-mortem de los cerebros de pacientes psiquiátricos, sobre todo a causa de las estrictas regulaciones».

Pero gracias al banco de cerebros, se puede evitar este problema: «Examinar los cerebros directamente es de una importancia crucial, si queremos entender la patofisiología (las causas) que hay detrás de los desórdenes psiquiátricos», ha añadido.

Hace unos años, la colección era aún más impresionante. Fue inaugurada por John Corsellis, un neuropatólogo británico, a principios de los años cincuenta. Estaba situada en el hospital Runwell, en Essex, y a la muerte de este investigador llegó a recoger 8.000 cerebros. Desde allí, comenzó el periplo de los tejidos: fueron transferidos al «West London Mental Health Trust» y después al hospital «St Bernard’s», en Ealing.

Lo interesante es que la colección de Corsellis comenzó a crecer cuando las primeras medicinas psiquiátricas salieron al mercado. Por eso, tal como ha explicado Manuel Morrens, esto permite a los científicos analizar «cerebros no contaminados» con tratamientos ni medicaciones.

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