El motivo por el que tragarse un escarabajo bombardero es una idea horrible

Científicos japoneses han captado a un insecto saliendo del estómago de un sapo gracias a su poder explosivo... y vomitivo

MADRIDActualizado:

Por mucho que el hambre apriete, siempre hay que tener cuidado con lo que nos llevamos a la boca. Si no, puede ocurrirnos lo que al sapo que puedes ver en el vídeo sobre estas líneas. Es un ingenuo ejemplar de sapo japonés común (Bufo japonicus), que en un arranque de entusiasmo, lanza su lengua para pescar a un inocente escarabajo bombardero asiático (Pheropsophus jessoensis), una de las 500 especies de escarabajos bombarderos que existen. Todos ellos tienen un as en la manga: cuando alguien les molesta, en su abdomen dos compuestos químicos se mezclan, y entonces, ¡boom! Con un auténtico disparo, su cuerpo expulsa una descarga química nociva y caliente.

Este ataque químico es capaz de hacer vomitar a un mismísimo sapo. Tal como ha informado Sciencemagazine.org, dos científicos de la Universidad de Kobe (Japón) estaba estudiando el fenómeno, cuando observaron un auténtico milagro: la «resurrección» de un escarabajo tragado por un sapo. El pobre insecto acabó en el estómago del anfibio, pero 88 minutos después, su cóctel químico le hizo ganarse la libertad. Eso sí, tras ser vomitado y acabar empapado en jugos gástricos... de batracio.

Shinji Sugiura y Takuya Sato estudiaron el comportamiento de estos escarabajos. En un estudio que han publicado en Biology Letters, los investigadores han analizado la eficacia del ataque químico de los insectos, con el fin de entender la dinámica de las poblaciones, y qué factores les hace sobrevivir o, por el contrario, les hacen perecer.

Un plato explosivo

Los científicos llevaron a su laboratorio ejemplares del escarabajo bombardero asiático. Allí midieron su tamaño, y a veces les hicieron soltar su carga explosiva antes de ser engullidos por un sapo, y otras veces no. Pero, en general, pudieron oír la explosión provocada por el escarabajo en el interior del sapo. Menudo mal trago.

Así observaron que el 43 por ciento de los sapos vomitaron al escarabajo bombardero pasados 12 o 107 minutos después del trago, y que en todos los casos el insecto estaba vivo y coleando.

Averiguaron que aquellos escarabajos a los que hacían disparar su carga antes de la prueba del sapo no podían sobrevivir, porque se quedaban sin carga química. Solo el cinco por cinto de ellos lograba escapar.

También comprobaron que el tamaño es un plus. Los escarabajos grandes huían más frecuentemente que los pequeños, lo que tiene como consecuencia que la presión selectiva de los sapos sobre estos insectos es mayor sobre los animales más pequeños.

«Nuestros resultados demuestran la importancia del tamaño en las relaciones depredador-presa desde el interior del depredador», escriben los autores en el estudio.

El secreto del bombardeo

El bombardeo es una técnica usada por 500 especies (más las desconocidas) de escarabajos. El horripilante espray es producido a través de una reacción química entre dos compuestos: hidroquinona y peróxido de hidrógeno (conocido normalmente como agua oxigenada). Ambos se almacenan en dos depósitos del interior del abdomen del animal, y cuando llega el momento, se mezclan en una antecámara y producen un estalllido.

La reacción ocurre como consecuencia de una oxidación exotérmica (que libera calor) y que calienta el agua presente hasta casi los 100 grados. El gas resultante es expulsado de forma violenta, de modo que el disparo puede matar a un insecto incauto, o hacer vomitar a un sapo glotón.