Parte de un hueso de ciervo que sobresalía del sedimento de Untermassfeld el 28 de mayo de 2009 (izquierda) desapareció varios días después
Parte de un hueso de ciervo que sobresalía del sedimento de Untermassfeld el 28 de mayo de 2009 (izquierda) desapareció varios días después - Ralf-Dietrich Kahlke

Un estudio sobre homínidos de un millón de años, en duda por utilizar huesos «robados»

Arqueólogos dicen que el informe, en el que participa por un científico catalán, incluye material de procedencia dudosa. Los autores niegan las acusaciones y defenderán la honestidad de su trabajo en una nueva investigación

MadridActualizado:

El caso es controvertido, raro y con muchos flecos sueltos. Incluye varios robos, paquetes anónimos, lo que parece una batalla en toda regla entre arqueólogos y una grave acusación de hacer «mala ciencia». En una carta publicada en el servidor de preimpresión bioRxiv, científicos relacionados con las excavaciones en Untermassfeld, un prolífero yacimiento a unos 150 km de Frankfurt (Alemania), aseguran que el investigador alemán Günter Landeck, de la North Hessian Society of Prehistory and Archaeology of the Medieval in Bad Hersfeld, y Joan García Garriga, doctor en Prehistoria por la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona, emplearon huesos «robados» del sitio en tres estudios sobre evolución humana, cuyas conclusiones, por cierto, ya son por sí mismas bastante llamativas.

En sus informes, publicados en dos revistas de prestigio reconocido, «Journal of Human Evolution» y «Quaternary International», este año, el pasado y en 2013, Landeck y García Garriga sugerían la presencia de homínidos en el área de Untermassfeld hace un millón de años, mucho antes de lo que se creía posible. Las pruebas, industria lítica y marcas de la misma en huesos de animales encontrados en la zona. Pero aquí es donde empieza el problema.

Wil Roebroeks, de la Universidad de Leiden en los Países Bajos, y Ralf-Dietrich Kahlke, paleontólogo y líder de las excacavaciones en el sitio alemán, creen que huesos empleados en el estudio fueron robados del yacimiento y entregados después en paquetes anónimos a un museo cercano. Se trata de un fragmento de una especie extinta de ciervo que fue extraído en 2009 y otro de rinoceronte desaparecido en 2012, que se parecen mucho a los descritos en el documento de 2016. No acusan de ninguna forma a los autores de los estudios de haberlos robado ellos mismos, sino de admitir un material de dudosa procedencia que pone en cuestión sus conclusiones. Según publica la revista «Nature» en una información, el robo de 2009 fue cerrado sin resolver ese mismo año, pero el del rinoceronte fue abierto a principios de este año: una persona cuyos datos no han trascendido fue declarada culpable y multada.

Tras analizar el material de los paquetes devueltos, Roebroeks y Kahlke infirieron que no es compatible con la ocupación de homininos en la zona. Para ellos, las marcas en los huesos de animales atribuidas a la acción humana fueron causadas por roedores.

García Garriga ni siquiera vio los huesos, ya que fue su colega alemán el que los analizó, mientras que él solo se dedicó a poner los datos en contexto y explicar las implicaciones del descubrimiento en la prehistoria europea. «Esa fue mi aportación al estudio», puntualiza a ABC. Sin embargo, está convencido del buen hacer de su colega y niega tajantemente las acusaciones.

«No son del yacimiento»

«Los huesos empleados son materiales antiguos, recuperados en los años 70 y 80 tras unas obras de infraestructuras realizadas en un área cercana a Untermassfeld, no en el propio yacimiento», explica a ABC el investigador catalán. «Pertenecen a un coleccionista privado, un aficionado a la arqueología con buenos conocimientos, que los recogió y los guardó», añade, sin ofrecer más detalles. E insiste: «Los huesos aparecieron en el mismo nivel de Untermassfeld, por lo que tienen la misma antigüedad, pero se encontraron fuera, no pertenecen al yacimiento, lo que dejamos claro en el artículo original». Además, García Garriga apunta a la buena fe de Landeck al ofrecer hace unos años su colaboración a la directora de Untermassfeld, que la rechazó.

Para el investigador catalán, las acusaciones, publicadas en un sitio online para artículos sin revisión por pares, «solo son opiniones, no se basan en datos científicos». Pero si así fuera, ¿qué podría motivarlas? A juicio de García Garriga, «ante la imposibilidad de demostrar científicamente que lo que concluimos es falso, se apoyan en cuestiones no científicas para generar ruido y dinamitar nuestro estudio». Detrás, insinúa, puede estar el temor a un cambio en el estatus del yacimiento, que puede pasar de ser paleontológico a arqueológico, lo que podría implicar otro tipos de metodología y trabajos.

El equipo alemán de Landeck prepara ahora un nueva respuesta en una revista científica para defenderse de las acusaciones y aclarar el caso que, se resuelva como se resuelva, ya ha embrollado un mundo que solo debería regirse por las pruebas y la verdad científica.