Los celos pueden desencadenar miedo e ira, pero también que prestemos más atención a nuestra pareja
Los celos pueden desencadenar miedo e ira, pero también que prestemos más atención a nuestra pareja - Fotolia

Así es cómo los celos cambian tu cerebro

Un estudio con monos arroja luz sobre una emoción poderosa que mantiene juntas a las parejas pero también, muchas veces, las separa

MadridActualizado:

Los celos. Pueden ser terribles. Suelen despertar cuando pensamos que un rival amenaza una relación valiosa, como que nuestra pareja tenga un posible amante o que nuestro mejor amigo entable una nueva amistad. El «monstruo de ojos verdes», como también se conoce a este sentimiento, puede desencadenar miedo, inseguridad e ira en los casos más extremos, y tener efectos negativos en la salud e incluso conducir a la violencia. Pero no todo es negativo: los celos también nos ayudan a prestar más atención y cuidar a las personas que amamos.

En un intento de entender los orígenes de esa emoción poderosa, científicos de la Universidad de California han comprobado su efecto en el cerebro de unos monos monógomos, los titis. De esta forma, han observado cómo en estos animales los celos aumentan la actividad cerebral en áreas asociadas con el dolor social y la vinculación a la pareja. El objetivo del estudio, publicado en la revista Frontiers in Ecology and Evolution, es «ayudarnos a comprender nuestras propias emociones y sus consecuencias», dice su autora, Karen Bales.

La mayoría de las investigaciones sobre los vínculos de pareja han utilizado ratones de la pradera, un roedor monógamo. Sin embargo, los resultados pueden no ser tan aplicables en humanos y otros primates. Por ese motivo, Bales y su equipo recurrieron a los monos titi cobrizos, un primate monógamo. Los adultos forman parejas con un fuerte vínculo. Sus dos miembros se protegen entre ellos y se angustian cuando se separan, comportamientos similares a los que se manifiestan en una relación romántica entre seres humanos. «Los machos de titi muestran celos muy parecidos a los humanos e incluso retienen físicamente a su pareja para que no interactúe con un macho extraño», dice Bales.

Ella está con otro

Los investigadores indujeron los celos en los machos colocándolos delante de su hembra en compañía de un macho extraño. Como situación de control, otro día los monos presenciaban a una hembra desconocida junto a un macho desconocido. Después de 30 minutos de visualización, durante los cuales se filmó el comportamiento de los monos, se realizaron escaneos cerebrales para ver qué áreas se activaban con cada condición. Los investigadores también midieron los niveles de varias hormonas que se cree están involucradas en la formación de parejas, la agresión relacionada con el apareamiento y el desafío social.

Los investigadores encontraron que cuando los monos estaban celosos, su cerebro mostraba una mayor actividad en un área asociada con el dolor social en los humanos, la corteza cingulada. También vieron una mayor actividad en otra zona llamada septum lateral.

«Estudios previos han identificado el septum lateral como parte de la formación de vínculos de pareja en primates», dice Bales. «Nuestra investigación indica que en los monos titi, esta región del cerebro también juega un papel en el mantenimiento de la pareja». Al mismo tiempo, «el aumento de la actividad en la corteza cingulada encaja con la visión de los celos como rechazo social».

Mucha testosterona

Los machos celosos mostraron también cambios hormonales, con niveles elevados de testosterona y cortisol. Los que pasaron más tiempo mirando a su pareja junto a un extraño mostraron el nivel más alto de cortisol, un indicador de estrés social. El aumento de la testosterona se esperaba debido a su asociación con la agresión y la competencia relacionadas con el apareamiento.

Tomado junto con el modelo basado en roedores, el estudio del mono titi sugiere que la formación de parejas involucra áreas del cerebro relacionadas con la memoria social y la recompensa, mientras que el mantenimiento del vínculo parece estar basado en el refuerzo negativo, es decir, evitar el dolor de la separación. Las ubicaciones de estas áreas difieren entre los cerebros de roedores y primates, pero la neuroquímica subyacente parece involucrar a las mismas hormonas.

«Probablemente, la monogamia evolucionó varias veces, por lo que no sorprende que su neurobiología difiera entre diferentes especies», dice Bales. «Sin embargo, parece que ha habido una evolución convergente cuando se trata de la neuroquímica de la vinculación de la pareja y los celos».

El estudio solo analizó el comportamiento de los machos frente a las hembras, pero ellas, como las mujeres humanas, también sienten celos, por lo que quizás otro estudio podría aclarar si ese sentimiento tiene distintos efectos (o no) en el cerebro femenino.

«La neurobiología de la vinculación de la pareja es fundamental para comprender cómo evolucionó la monogamia y cómo se mantiene como sistema social», señala Bales. «Una mejor comprensión de esta neurobiología también puede proporcionar pistas importantes sobre cómo abordar problemas como la adicción, la violencia doméstica y el autismo».

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