Esta imagen compuesta compara el tamaño de las lunas de Marte, Deimos y Fobos, como se ven desde la superficie del Planeta Rojo, en relación con el tamaño en que nuestra Luna es vista desde la superficie de la Tierra. Nuestra Luna es 100 veces más grande que Phobos, pero las marcianas orbitan mucho más cerca de su planeta, haciendo que parezcan relativamente más grandes en el cielo
Esta imagen compuesta compara el tamaño de las lunas de Marte, Deimos y Fobos, como se ven desde la superficie del Planeta Rojo, en relación con el tamaño en que nuestra Luna es vista desde la superficie de la Tierra. Nuestra Luna es 100 veces más grande que Phobos, pero las marcianas orbitan mucho más cerca de su planeta, haciendo que parezcan relativamente más grandes en el cielo - NASA / JPL-Caltech / Malin Space Science Systems / Universidad de Texas A & M

El brutal choque que formó las lunas de Marte

Las pequeñas Fobos y Deimos se originaron al estrellarse un cuerpo del tamaño de un mundo enano contra el Planeta rojo

MadridActualizado:

Hace unos 4.500 millones de años, un objeto del tamaño de Marte bautizado como Theia chocó contra la Tierra y arrojó al espacio una gran masa de material que después se condensó formando nuestra Luna. No fue el único evento similar ocurrido en el Sistema Solar. Científicos del Southwest Research Institute (SwRI) creen que las diminutas lunas marcianas Fobos y Deimos también tuvieron un nacimiento violento, aunque a una escala mucho menor que el impacto gigante que dio lugar a nuestro satélite. En este caso, un joven planeta Marte recibió probablemente el golpetazo de un cuerpo del tamaño de un mundo enano. Así lo explican en la revista Science Advances.

El origen de las lunas pequeñas del Planeta Rojo ha sido debatido durante décadas. Las formas irregulares de estos diminutos satélites parecían sugerir que fueron asteroides «capturados» intactos por la gravedad de Marte, pero las trayectorias de sus órbitas contradicen tal cosa. Otra propuesta, que los investigadores respaldan, es la formación tras un choque colosal, pero hasta ahora nadie había podido demostrarlo de forma consistente.

El nuevo estudio identifica el tipo de impacto necesario para la formación de las dos pequeñas lunas marcianas. «Un resultado clave de nuestro trabajo es el tamaño del impactador: encontramos que no se necesita uno gigante (como se había considerado anteriormente), sino uno similar en tamaño a los asteroides más grandes como Vesta y Ceres», señala Robin Canup, vicepresidente asociado de la División de Ingeniería y Ciencia Espacial de SwRI y autor principal del estudio.

Nuestra Luna pudo haberse formado cuando un objeto del tamaño de Marte se estrelló en la naciente Tierra y los restos resultantes se unieron en el sistema Tierra-Luna. El diámetro de la Tierra es de aproximadamente 12.742 km, mientras que el diámetro de Marte es de poco más de 6.750 km. La Luna tiene un diámetro de más de 3.470 km, aproximadamente un cuarto del tamaño de la Tierra.

Aunque se formaron en el mismo marco de tiempo, Deimos y Phobos son muy pequeños, con diámetros de solo 12 y 22 km respectivamente, y orbitan muy cerca de Marte. El impactador de formación de estas lunas estaría entre el tamaño del asteroide Vesta, que tiene un diámetro de 524 km, y el planeta enano Ceres, que tiene 946 km de ancho.

Más secas

El nuevo modelo también predice que las dos lunas están formadas principalmente del material original de Marte, por lo que sus composiciones deberían ser similares a las del Planeta rojo en la mayoría de los elementos. Sin embargo, el calentamiento del material expulsado y la baja velocidad de escape sugieren que el vapor de agua se habría perdido, lo que implicaría que las lunas serían más secas.

Estos hallazgos son importantes para la misión de exploración de Marte (MMX) de la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA), que se planea lanzar en 2024 e incluirá un instrumento proporcionado por la NASA. La nave espacial MMX visitará las dos lunas marcianas, aterrizará en la superficie de Fobos y recogerá una muestra de su superficie que será devuelta a la Tierra en 2029.

«Un objetivo principal de la misión MMX es determinar el origen de las lunas de Marte, y tener un modelo que predice cuáles serían las composiciones de las lunas si se formaran por impacto proporciona una restricción clave para lograr ese objetivo», señala Canup.