Es una situación extraña e incierta para los trabajadores de la limpieza de la ciudad. No lo niegan. A estas alturas, en otras huelgas de basuras desconvocadas todas las partes estarían contentas: ellos por haber conseguido su reivindicación y los ciudadanos por ver la ciudad limpia. Sin embargo, el fin de la huelga de basuras más larga de la historia de la ciudad ha dejado contento tan solo a los segundos. Los primeros prefieren no tomárselo como un fracaso, aunque tienen claro que la medida de presión no ha funcionado. Precisamente por ello, en la medianoche del viernes al sábado 200 empleados reunidos en asamblea decidieron desconvocar el paro indefinido que llevó a la ciudad al borde del colapso en algunos puntos. La decisión partía de una asamblea que reconoce sus fallos. «No hemos sabido transmitir nuestras reivindicaciones», reconocía ayer mismo Tomás Calvo, portavoz de los trabajadores. Hablaba en sus últimas horas como voz de una asamblea de huelga ya desconvocada, pero sus palabras fueron inusualmente sinceras. De hecho, los trabajadores quisieron dejar claras sus «disculpas a la ciudad» a, considerar que no era lo más adecuado mantener el paro en plena Gran Regata.
«Hemos decidido aplazar nuestra reivindicación y tomar la vía judicial», puntualizó. Y es que lo curioso de esta huelga es que el fin no ha estado marcado por ningún acuerdo con la empresa. De hecho, los trabajadores no han aceptado ninguna de las propuestas de Sufi-Cointer, por considerar que no se ceñían a lo pactado en el convenio. «Nuestra intención es defender que las promesas no se quedan en el tintero», explicó Calvo. Precisamente, los empleados están a la espera de un dictamen de la inspección de trabajo, luego acudirán a los tribunales para exigir el 4,4% de subida en los salarios pactada por convenio y que la empresa se niega a aplicar para este año. «Los juristas nos dicen que eso está ganado, lo que pasa es que entre los recursos y la lentitud puede que pasen al menos cinco años», reconoció el trabajador.
Igualmente, la plantilla desea que los gaditanos sepan de primera mano sus reivindicaciones al reconocer que han tenido «falta de comunicación» con los ciudadanos que, desde el primer momento, no han apoyado las movilizaciones. De hecho, durante estos días se ha podido ver a vecinos del centro y hosteleros que por su propia cuenta se organizaron para baldear las calles y recoger la basura. Eso se ha sumado a agresiones que «han recibido los trabajadores durante los servicios mínimos». «Es más, a uno de los compañeros llegaron incluso a escupirle mientras trabajaba», reconoce el hasta ahora portavoz.
La situación de tensión creada con empresa, Ayuntamiento y ciudadanos y la imposibilidad de haber alcanzado una solución a su reivindicación ha llevado al comité de empresa a presentar su dimisión. «Ha sido mucha tensión, un esfuerzo titánico», explicó Calvo en descargo de sus compañeros. Por ello, las próximas acciones de la plantilla quedan sujetas a una nueva convocatoria de elecciones que elija a los futuros representantes sindicales.
Mientras, los servicios de limpieza se esforzaban ayer al máximo de su capacidad para dejar la ciudad en el punto de origen. La plantilla al completo de fin de semana y los ocho camiones de basura estuvieron limpiando todas las calles de la ciudad, con especial interés en los alrededores del Puerto y en el centro, donde la acumulación de basura comenzaba ser un verdadero problema para los vecinos. En principio, está previsto que para la mañana de hoy esté ya toda la basura recogida. La ciudad quedará como si una huelga no hubiera pasado por ella, no podrán decir lo mismo los trabajadores ante la huelga más extraña a la que se han enfrentado.