El Gobierno trata de no echar más gasolina a la hoguera en que han comenzado a convertirse algunas calles españolas, pero dejó muy claro que no dará el brazo a torcer. Es consciente de que volverá a ver a miles de ciudadanos indignados que exigen la retirada de la mayor batería de recortes y subidas de impuestos de la democracia y tiene asumido que, muy posiblemente en otoño, vivirá su segunda huelga general, pero no baraja dar marcha atrás.
Las palabras de Soraya Sáenz de Santamaría en la comparecencia posterior al Consejo de Ministros fueron transparentes. Con tono casi de disculpa, la vicepresidenta dijo que el Ejecutivo «entiende» y «respeta» que muchos ciudadanos no comprendan la dureza de su política presupuestaria porque, según añadió, para ellos tampoco es «fácil» reclamar estos sacrificios. Sin embargo, defendió que solo cumplen con su «responsabilidad» y sus «compromisos» porque las medidas son el único camino para intentar evitar que España quiebre y sea intervenida por la UE, y para tratar de sacar al país de la crisis.
La número dos del Gobierno destacó que tomar decisiones difíciles, e incluso impopulares, es la «obligación» que asumieron con los electores y que, en contra de lo que les reprochan los manifestantes, el duro ajuste presupuestario, que mantendrán a capa y espada, «no es una cuestión ideológica sino una cuestión de necesidad nacional» ante «la difícil situación» económica del país y las exigencias para obtener ayuda europea.
De hecho, cada vez que fue interrogada por el nuevo récord marcado por la prima de riesgo de la deuda española, que ayer sobrepasó los 600 puntos de penalización sobre el bono alemán a diez años, su respuesta fue la misma: el Ejecutivo de Rajoy ya ha hecho todo lo que exigieron Europa y los mercados -un durísimo plan de ajuste del déficit público- y ahora es la UE la que debe responder y mover ficha para reducir la presión sobre la deuda y evitar que se desboque el tipo de interés de los préstamos.
Desveló que justo con ese objetivo se reunirán Mariano Rajoy y el presidente italiano, Mario Monti, el 2 de agosto. El de presionar a sus socios comunitarios para que cumplan con urgencia los compromisos que asumieron en la pasada cumbre. Rajoy también pretende que el Banco Central Europeo haga una compra masiva de deuda para dar confianza y que el rescate de la banca sea garantizado por las entidades beneficiarias y no como ahora por el Estado. Ambas acciones deberían rebajar las dudas sobre la capacidad de España para hacer frente a su deuda externa y, por lo tanto, reducir la prima de riesgo y el altísimo precio que paga por financiarse.
«Pensar en el país»
El Gobierno no solo mantendrá su política de recortes sino que está dispuesto a hacerlo, si no tiene más remedio, con el único apoyo de su partido y con el continuo reproche de una oposición frontal liderada ya abiertamente por el PSOE. El PP profundizaría en la soledad parlamentaria, pero siempre con la tranquilidad que da tener garantizada la estabilidad que da la mayoría absoluta.
Lo que sí dejó claro Sáenz de Santamaría es que, entonces, no pararán de denunciar lo que creen una irresponsabilidad de los socialistas, que hasta hace poco más de siete meses fueron Gobierno y a cuya gestión, además, responsabilizan del actual riesgo de quiebra que vive el país. Según la vicepresidenta, la beligerante intervención de Alfredo Pérez Rubalcaba el jueves en el Congreso durante el debate de los recortes demuestra que «el PSOE se ha desentendido completamente de los problemas de España» para pensar solo en cómo recuperarse del batacazo político que sufrieron en las últimas elecciones.
«Nosotros estamos haciendo lo que consideramos que es necesario para sacar a España de la crisis y nos gustaría que quien ha tenido esa responsabilidad con anterioridad, y ha dejado la situación como está, nos acompañara en este camino», reprochó. La número dos del Ejecutivo demandó el «ejercicio de responsabilidad» no solo al PSOE sino «a todos». Dijo que no es momento de estrategias partidistas y sí de «pensar en el país», porque «de ello depende el futuro de nuestros hijos».