La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (Apdha) ha realizado un trabajo de investigación sobre la realidad de las mujeres que trabajan en el servicio doméstico cuya conclusión ha sido la «precariedad» y la negación de derechos que tiene esta actividad.
El citado estudio recoge testimonios personales de más de 50 mujeres, la mayoría internas, y hace un trabajo de análisis del sector. Así, según explica la asociación en nota de prensa, en España hay en torno a 700.000 personas empleadas de hogar y poco más de 300.000 afiliadas a la Seguridad Social. De estas, casi un 60 % son extranjeras, y de ellas casi el 86 % son ciudadanas que no provienen de la Unión Europea, siendo los países de origen mayoritarios Bolivia, Paraguay, Ecuador, Colombia, Marruecos y Ucrania.
A esto hay que sumarle el elemento del género, ya que casi el 97 % de estas trabajadoras son mujeres; una realidad que se traslada «casi calcado» a la provincia de Cádiz. La edad medida está entre los 33 y los 50 años, casadas con hijos (por lo general con la familia agrupada después de unos años), con un perfil muy amplio de estudios, ya que hay analfabetas y universitarias y generalmente se encuentran en una situación económica «precaria».
En cuanto a su experiencia laboral, la mayoría no había trabajado antes de empleada de hogar, habiendo realizado muchas de ellas cursos de cuidado de mayores ya en España. Además, solo el 40% de las entrevistadas han tenido contrato y alta en la Seguridad Social y su salario varía entre los 450 y los 1.000 euros, dependiendo de las tareas y horas de trabajo.
Según asegura la Apdha, algunas de las entrevistadas han sido maltratadas, «incluso físicamente», lo que tiene en la mayoría de los casos «un impacto negativo en la vida conyugal».
Detrás de estos datos hay un colectivo «muy heterogéneo» en las tareas que realiza, en un tipo de trabajo «con escaso valor social» y en un sector «precario e informal» que se vuelve para estas mujeres «en un aumento de su sensación de indefensión, inseguridad e invisibilidad y es un caldo de cultivo de actitudes racistas». Poniéndole voz a las mujeres que han entrevistado, señalan que sienten que se aprovechan de ellas por ser inmigrantes y su condición de féminas.