Los mensajes políticos preconcebidos, incluso anunciados en el caso del PSOE, restaron contenido a la sesión plenaria mensual del Ayuntamiento de Cádiz. Cada uno de los dos grupos políticos mayoritarios tenía un guión preparado, unos objetivos predeterminados en el que debía acabar cada debate, fuera cual fuera el contenido, el motivo de discusión o la propuesta. En el caso de los socialistas, la consigna, incluso hecha pública por su portavoz Marta Meléndez, era terminar cada intervención con una denuncia sobre «la falta de transparencia y la censura de la alcaldesa que veta» asuntos como las relaciones económicas entre el Cádiz y el Ayuntamiento.
La negativa municipal a aceptar una propuesta con ese contenido, que se quedó en ruego, motivó que Marta Meléndez convirtiera la queja en estribillo, en cada final de párrafo. La técnica llegó al paroxismo cuando, tras debatir 45 minutos sobre la conveniencia de recuperar una banda municipal en Cádiz, la socialista remató con «menos propaganda y más banda». Había que rematar así cada intercambio. Incluso en el llamativo debate musical. ¿Cádiz debe tener banda o no? ¿Qué repertorio precisaría? La duda, al parecer existencial, reaparece desde los años 80. Ayer regresó. La socialista Aurelia Morales la propuso como «símbolo de identidad similar a un club de fútbol» y por «la unidad indivisible que forman música y ciudadanía en Cádiz».
Los populares utilizaron otra técnica para hacer lo mismo: insistir. Su propósito era achacar cada mal de la ciudad a la herencia del Gobierno de Zapatero (mencionado seis veces por Teófila Martínez), el de Chaves y, sobre todo, el de Griñán.
Cada intervención de un edil del PP tenía que tener forma de ariete contra la gestión autonómica. De hecho, las seis propuestas del PP empezaban por la frase «instar a la Junta a...». El PP recordó constantemente los retrasos en la Ciudad de la Justicia (donde «se celebrará el juicio final» según anunció José Blas Fernández), en la construcción del nuevo hospital y el albergue juvenil, en pisos de protección oficial o la estación de autobuses, los incumplimientos en rehabilitación de infravivienda, de concierto de plazas escolares para niños menores de tres años, de centros de mayores, el hundimiento de planes de atención a los parados y de integración social en barrios, el abandono del Olivillo, de Tiempo Libre, de ayudas a familias sin ingresos...
El arsenal de argumentos era amplio y diverso por lo que a los ediles del PP les resultó sencillo usarlo de forma constante, como una ametralladora contra cada palabra del PSOE.