A Nicolás Maldonado y a Rocío González-De Lara no les quedó otra opción. «Con 40 años, más de 15 de experiencia y con esta crisis no podíamos hacer otra cosa. O apostábamos por nosotros o nos teníamos que ir a buscar trabajo fuera como otros compañeros lo han hecho ya». Él, arquitecto y ella, licenciada en Bellas Artes con un máster de comunicación, decidieron dar un paso al frente y ser sus propios jefes al mando de Ibery Cool. La decisión casi les cogió de sorpresa mientras hacían un curso de la Cámara de Comercio de generación de proyectos. «Vimos que nuestros conocimientos podían asociarse para ofrecer al mercado una nueva empresa de gestión de los espacios, desde la preparación del propio local hasta la elaboración de toda la imagen de empresa». Al principio llegó la incertidumbre: «Nosotros estamos casados y tenemos tres hijos y suponía un gran paso ser autónomos» pero después de meses y meses buscando trabajo el paso se dio solo. Nicolás Maldonado ya se había cansado de llamar a las puertas cerradas. «Soy arquitecto y ante el parón de la construcción no hay nada qué hacer. Lo vi claro cuando envié mi currículum para una oferta en Madrid que se ajustaba perfectamente a mi perfil pero había otros 190 solicitantes que podían tener mi misma formación o mejor». A partir de este punto de inflexión llegó todo un proceso de búsqueda de información, documentación y asesoramiento para darse de alta como autónomos y comenzar a trabajar.
De esta decisión no se arrepienten: «Ser tu propio jefe te ofrece muchas ventajas, sobre todo poder organizar tu propio horario e implicarte por entero en el proyecto», cuenta Rocío González-De Lara. «Además, existen muchos cursos de administración, gestión o presentación de proyectos enfocados directamente a los autónomos, como los que organiza la Cámara de Comercio de Cádiz que te sirven de gran ayuda para formarte, además del beneficio de poder hacer contactos con posibles clientes», señala Rocío González-De Lara.
En el otro lado de la balanza aún pesan factores determinantes: «Las numerosas obligaciones que tenemos frente a las pocas ventajas como por ejemplo que no me he cogido una baja de maternidad ni nos podemos poner enfermos porque nuestro trabajo depende exclusivamente de nosotros, no tenemos ningún compañero que pueda sacarlo adelante», añade Rocío González-De Lara.
Pese a los tiempos difíciles, este matrimonio autónomo no pierde la esperanza y se muestra optimista frente al futuro. «Hay mucho miedo a invertir en imagen pero nosotros ofrecemos la posibilidad de ajustarnos al presupuesto de los clientes, desde hacer unas tarjetas de visitas a preparar por entero un local. Sabemos que no podemos ni queremos vivir de subvenciones sino estar satisfechos y orgullosos de nuestro trabajo, por eso nos dedicamos al cliente pequeño y al grande por igual», añade Nicolás Maldonado. Ellos decidieron dar el paso y formar parte del pequeño grupo de emprendedores, una experiencia que a pesar de ser difícil recomiendan a desempleados que estén cansados de enviar currículum y no obtener ningún tipo de respuesta.