Chusa 'bajaba al moro' porque eligió esa forma de ganarse la vida. Regularmente cogía un tren desde Madrid hasta Algeciras y en la ciudad fronteriza embarcaba hacia Marruecos. Cada viaje se producía cuando agotaba existencia y se quedaba sin hachís que vender en la capital. Ese personaje que interpretaba Verónica Forqué en la película de Fernando Colomo está teniendo en estos momentos legiones de imitadores. No es un trabajo de moda sino que muchos se ven empujados a jugársela con tal de sacar dinero rápido. Unos 1.000 euros de media están pagando las bandas por cada pase que se hace con hachís que llega a buen puerto. Muy poco dinero para terminar detenido y con antecedentes; demasiada liquidez si las facturas se acumulan en exceso.
Hay consenso en el análisis que hacen desde el estamento judicial y policial: los intentos de introducir droga en pequeñas cantidades a través de las líneas de ferrys que cruzan el Estrecho se han disparado y la crisis está siendo determinante.
La Guardia Civil ha detenido en Ceuta entre enero y abril de este año a 420 pasajeros que estaban a punto de embarcar con destino a Algeciras. Todos ellos pretendían zarpar con la droga adosada al cuerpo, ingerida en bellotas u oculta en dobles fondos de vehículos. En estas actuaciones, los agentes requisaron un total de siete toneladas de hachís. En el mismo periodo del año pasado, las detenciones se quedaron en 350 y 4,5 toneladas de droga requisada
Al otro lado del Estrecho, donde se supone que llegan los 'muleros' que han logrado burlar los filtros en Ceuta, las detenciones de enero a abril superan el centenar. Y de cara a la Operación Paso del Estrecho (OPE) que arranca el próximo 22 de junio, los cuerpos policiales redoblarán la vigilancia ante el aluvión de embarques que se producen en el periodo estival y las dificultades de poner 'chequear' a los cientos de miles de pasajeros que cruzan la frontera.
Este aumento del tráfico al por menor a través de esta vía marítima está teniendo su repercusión en la actividad judicial. Recientemente el fiscal delegado antidroga en el Campo de Gibraltar, Emilio Miró, cifraba en un 20% el incremento de los juicios que se celebran contra estos pequeños traficantes, muchos de los cuales caen en su estreno en el negocio y reconocen que la necesidad les ha llevado a cruzar los límites de la ley.
Son sus testimonios los que están sirviendo para desvelar la realidad social que hay detrás de estos peones de las organizaciones criminales. «Los reclutan para ejercer el papel de más riesgo. Son los que se exponen más a una detención. Muchos declaran que no se dedican a ello, que son gente sin recursos y con necesidades que tratan de cobrar un dinero».
Recientes investigaciones de la Unidad Contra las Redes de Inmigración y Falsificación (UCRIF) de la Policía Nacional en Algeciras han confirmado que las bandas también están captando a marroquíes para que pasen droga a cambio de regularizarle su estancia en España con papeles, en muchos casos, falsificados. No solo se juegan un arresto sino también la salud, ya que algunos llegan a ingerir más de un kilo en bellotas. A más cantidad, más sube el 'salario'. Detrás de estas detenciones, los agentes se topan en muchos casos con dramas humanos como las dos madres que fueron apresadas este mes por llevar hachís en los carritos de sus bebés. Una de ellas viajaba con otro hijo menor de edad al que le adosaron varias placas de droga.