Al caer el sol, llegan las primeras tiriteras. Las manos, cubiertas de unos guantes roídos, buscan unos bolsillos rotos mientras las piernas se frotan una contra otra para entrar en calor. Es el momento de decidir si abandonar ese cajero, medio resguardado del tiempo, que ha costado tantos meses conseguir o intentar entrar en uno de los dos albergues que abren sus puertas cada noche para acoger a personas en busca de un techo. La ola de frío siberiano que estas dos últimas semanas ha provocado que el termómetro se desplomara hasta marcar cero grados, algo no visto en esta ciudad desde hace décadas, hace más difícil la decisión. Finalmente, en torno a las ocho de la tarde y con la humedad latente, Juan, un indigente como otros muchos que vagan por la ciudad, emprende su camino hacia la calle Benjumeda. Allí le han dicho que durante estas dos semanas, la casa de Caballeros Hospitalarios ha aumentado el número de plazas. Él ha acudido por su propio pie, otros son invitados por los visitadores de este colectivo que cada noche recorre las calles de Cádiz ofreciendo mantas, sacos de dormir y asilo. «Tenemos 15 camas para que pasen la noche aquí pero con la ola de frío admitimos más gente», aunque duerman en el sofá o en colchones en el suelo, «al menos tienen un techo», relata uno de los visitadores de esta organización. En esta semana, hasta seis personas más han dormido bajo el asilo de Caballeros Hospitalarios y han podido resguardarse del mal tiempo, «sobre todo porque le damos un caldo para entrar en calor cuando llegan».
Al albergue municipal también han acudido más gente de lo habitual. Las 20 camas que ofrecen por un periodo de tres días se han quedado cortas para atender la demanda. Desde este centro, aseguraron que se ha acogido a todo el que ha venido aunque no se les ha podido ofrecer camas a todos. Aumentaron su capacidad la semana pasada pero volvieron a la rutina con la subida de las temperaturas de esta semana.
La mayoría de los indigentes que acudieron a estos dos centros provienen del Casco Antiguo. Desde la asociación Calor en la Noche, su presidente, Manuel Maní, reconoció que en sus salidas nocturnas, en la que ofrecen abrigo y alimentos, han visto menos personas en la calle, «pero sólo en el centro, parece que a los que andan por Puerta Tierra les cuesta ir». Maní esperó que esta semana vuelvan a subir las temperaturas «para no tener que lamentar ninguna pérdida por el frío».