María del Carmen Cortina entró ayer en los juzgados ilusionada y nerviosa, pero salió con una sensación de «profunda tristeza». Esperaba un mayor arropo de la administración de Justicia. No solo que escucharan su historia, sino también algo de comprensión hacia su causa: la búsqueda de una hija a la que dieron por muerta poco después de nacer, en 1972, pero cuya muerte ella no acaba de creer. Sospecha, en cambio, que se la robaron en la clínica privada donde dio a luz y que la vendieron a otra familia. «Mi corazón siempre me ha dicho que mi niña estaba viva», aseguraba ayer al terminar de hablar con la jueza.
Como su caso han ido apareciendo cientos en la provincia durante los últimos dos años, y al menos cuarenta han acabado en denuncia ante los juzgados para buscar ayuda, para que sea la Justicia la que aclare sus sospechas. Sin embargo, la mayoría de las denuncias ha acabado archivada por los jueces, que consideran que el delito de secuestro que se podría aplicar está prescrito. De ahí que el caso de Carmen sea excepcional, de los pocos en los que se ha llamado a declarar a las madres para empezar a investigar, en lugar de darle carpetazo: entre Jerez y Cádiz solo han sido llamadas a declarar cinco familias. Sin embargo, Carmen salió ayer del juzgado de Instrucción Número 4, que aceptó su denuncia, con sensación de frialdad, cierta indiferencia e incredulidad hacia su historia. No en vano, el mismo juzgado archivó hace una semana la causa de otra madre, a la que también llamó a declarar. «Por falta de pruebas» fue la razón.
Carmen, gaditana del barrio de la Viña, que vive desde hace décadas en Mataró (Barcelona) no podía ocultar ayer su decepción. La toma de declaración le pareció corta, de apenas unos 15 minutos, para desgranar los detalles que le hacen pensar que algo raro ocurrió. Por ejemplo, que el parte de defunción diga que la niña murió a las siete horas de nacer, cuando a ella se lo comunicaron a las dos horas, o que no le dejaran ver el cuerpo de la pequeña. Su objetivo es que se llame a declarar a los médicos que la atendieron en el parto, pero sobre todo, que se exhume el cadáver de su hija del cementerio de San José. «Sé que si está viva no la encontraría, pero quiero saber la verdad, aunque tenga que pagar la exhumación yo, pero no quiero morirme con esta pena. Espero seguir hasta donde pueda y si se archiva la causa, la recurriré. Si la jueza es madre, me comprenderá», afirmó ayer Carmen.