Un mar de oquedades oscuras se abren a los vecinos de San José. Con sus medios puntos, desde arriba, se dibujan como un palomar siniestro, salpicado de claros verdes. Es el mismo paisaje que se ilumina cada mañana y acompaña durante todo el día a las viviendas que rodean al cementerio de San José. Pero la escena está a punto de desaparecer. Decenas de cuarteladas caerán bajo la piqueta en las próximas semanas. El Ayuntamiento aprobó ayer la licencia de obras para la mayor demolición a la que se enfrenta el antiguo camposanto gaditano para poner punto y final a su existencia y abrir la puerta al futuro parque.
Llega 20 años después del fin de los enterramientos en el cementerio del siglo XIX. Un periodo «de máximo respeto» con los restos de los gaditanos, como calificó ayer la alcaldesa Teófila Martínez tras la Junta de Gobierno Local. El equipo municipal dio luz verde a la petición de Cemabasa para ejecutar unas obras que está previsto que duren unos cinco meses. La petición de la licencia de obras servirá para agilizar el proceso, mientras se adjudican los trabajos.
Dos empresas se disputan los trabajos, Excavaciones Olloquiegui y Derribos del Sur, por un presupuesto que rondará los 120.000 euros pero que se definirá una vez que el consejo de Cemabasa (gestionada entre Cádiz y Chiclana) se decante por la mejor oferta. Los trabajos se centrarán en el derribo de lo que hasta ahora supone el mayor derribo desde que el cementerio cerró. En concreto, serán 50 cuarteladas de nichos ya vacíos además de parte de las dependencias del cementerio (las oficinas, los aseos y los cuartos adyacentes ).
Tras el fin de los trabajos de demolición tan solo quedarán en pie el muro perimetral, las dos oficinas más cercanas a la puerta principal y la capilla (que se conservará en el futuro parque del Descanso). También quedará en pie medio centenar de panteones, de propiedad particular, que aún esperan a que sus dueños se hagan cargo del traslado a Cementerio Mancomunado de Chiclana.
El derribo implicará la reactivación de un proceso de desmantelamiento del cementerio que lleva años de retrasos. Un lapso de tiempo en el que se ha garantizado que todos los cuerpos que descansaban en nichos ya están trasladados. La obra abrirá una nueva etapa que tendrá que centrarse bajo la tierra y que se antoja igualmente larga y compleja. El Ayuntamiento en Pleno tendrá que decretar el cierre oficial del camposanto y dejar pasar unos meses para posibles peticiones de exhumación.
Bajo las cuarteladas visibles se esconden centenares de ellas bajo tierra que albergan más cadáveres. Los archivos del cementerio contemplan la localización y nombre de todos esos finados (muchos de ellos víctimas de epidemias como la que aceleró la apertura del cementerio en 1802). Aunque no hay una cifra oficial de cuántos restos puede haber bajo tierra, los archivos los cuentan por miles (teniendo en cuenta la posibilidad de que en un nicho pueda haber varios cadáveres).
Entre estos restos bajo tierra se encuentran víctimas de la Guerra Civil y la posterior represión franquista o los casos por esclarecer de bebés robados. Para todos estos casos, Martínez aseguró ayer el mayor respeto posible, aunque recordó que hasta la fecha «tan solo se había recibido una petición de exhumación» para víctimas de la Memoria Histórica.