Es lo que tiene. Cuando se espera durante demasiado tiempo se plantean dos soluciones, o uno endurece su lucha para que se agilice el asunto o se convierte en un santo Job. Lo han sido, y mucho, los vecinos del barrio de Santa María, sufridores del retraso de la habilitación del nuevo centro de salud. Y ya puestos a aguardar por algo, poco importa un día más. Años han tardado las administraciones en remodelar el edificio de La Merced, 3. Cuando parecía que todo estaba listo, inauguración institucional de por medio y anuncio de plena actividad para este lunes, los pacientes se quedaron a medias.
Es lo más significativo del estreno del ambulatorio, ubicado en una antigua casa-palacio. Llamó más la atención la belleza del inmueble, la amplitud de sus instalaciones y la promesa de las nuevas prestaciones. Eso sí, algunos enfermos se llevaron un chasco al comprobar que esta jornada inaugural se iba a quedar reducida a las consultas de urgencias, tanto la de enfermería como la médica.
Otros ni siquiera se habían enterado de que el ambulatorio abría sus puertas al fin, después de meses con la obra ejecutada y los muebles apilados en una nave de Zona Franca -las últimas previsiones hablaban de que se abría el marzo pasado-. En la puerta del antiguo edificio, situado en plena plaza de La Merced y cuyos muros servirán para acoger a la futura Casa del Periodista, un cartel avisa de la nueva ubicación. Manuela, una vecina del barrio, sí sabía que su médico ya la atendería ahí y fue de las primeras en sacar la cita para hoy.
Mientras tanto, una decena de informáticos procedían a la instalación de los nuevos equipos para llevar a cabo la migración de expedientes. Lo delataban las cajas de ordenadores que salpicaban tanto la planta inferior como las consultas del primer piso.
Ningún facultativo de los siete designados para cubrir la atención primaria ocupaban aún sus asientos. «Cuando esté a pleno rendimiento, este centro de salud podrá equiparse a cualquier otro, dispondremos de una equipación de las primeras calidades», resumía el director, Santiago Lupiani. Él fue el encargado de supervisar los preparativos tras los cuales se aspira a que el ambulatorio «no parezca un centro de salud al uso». A él también le llegaron las primeras alabanzas para el edificio, una casa típica gaditana en cuyo patio domina un pozo. Justo enfrente se sitúa el área de administración en el que tres profesionales se encargan de la cita previa entre otras atenciones. En uno de los flancos se ubica la oficina del trabajador social, dedicado, entre otras tareas, a administrar metadona a los drogodependientes. En el día de ayer era la sala con más concurrencia.
El triple de espacio
Los usuarios de La Merced se benefician de un centro con cerca del triple de espacio del que se disponía anteriormente, lo que ha supuesto ampliar la cartera de servicios con una unidad de Odontologúia, Educación Maternal y la consulta de matrona. La mayoría de los vecinos están encantados con el estreno de la sala de cirugía menor ambulatoria, ya que hasta ahora tenían que desplazarse hasta el centro del Olivillo para recibir sus curas. «Atendemos a unos 10.000 pacientes, aunque seguramente se incrementará porque muchos ancianos iban antes al Mentidero con tal de no tener que subir la cuesta», cuenta Lupiani.
Julio Sánchez, de la asociación de vecinos Las Tres Torres del barrio de Santa María, recogió el sentir de sus vecinos: «Por ahora se valora muy positivamente, habrá que ver cómo funciona después. Lo más interesante es que se va a contratar seguridad privada para gran parte de la jornada, es un paso importante», comentó. Lo dicho, hoy prueba de fuego, que a hasta Job se le puede agotar la virtud de esperar.