Juan Márquez. durante el juicio este viernes | ANTONIO VÁZQUEZ
TRIBUNALES

«Lo de aquella noche fue una auténtica carnicería»

El juicio contra Juan Márquez, acusado de matar a sus dos hijos a puñaladas se centrará en si hubo o no ensañamiento

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El padre acusado de haber matado a sus dos hijos en octubre de 2014 en Ubrique cosidos a puñaladas, ha mantenido este viernes la mirada fija. Apenas ha levantado la cabeza y sólo la ha girado un momento al principio de la vista para evitar que las cámaras grabaran su rostro. Cabizbajo ha negado a menudo cuando las partes hacían sus alegatos y contaban las supuestas atrocidades que hizo aquella madrugada. Cómo le dio 26 puñaladas a Laura, rematándola en el rellano de la escalera cuando intentaba pedir auxilio a un vecino, y como de otras 14 acabó supuestamente con la vida de su hijo menor, Juan Pablo. Tenían 19 y 17 años.

Si el presunto asesino terminó con la vida de sus hijos se verá a lo largo del juicio que ha comenzado este viernes en Jerez y que se celebrará hasta el próximo viernes cuando el jurado popular emita su veredicto. Y escuchadas las alegaciones de cada una de las partes, parece que la vista se centrará en dilucidar si este petaquero de profesión tuvo como firme propósito matar a los niños y si además lo hizo con ensañamiento, es decir, si les quiso causar voluntariamente un dolor añadido. Justamente es este matiz el que separa a las acusaciones de la Fiscalía, que considera que no se puede precisar cuándo se produjeron las muertes de los chicos y si sufrieron antes de perder la vida. Sí entiende el Ministerio Público que hubo alevosía. «Nadie puede esperar que su padre lo mate mientras duerme. No hubo posibilidad de defensa y utilizó un cuchillo para hacerlo», afirmó.

El juicio comenzaba pasadas las doce y media después de que se conformara el jurado popular. Juan Márquez había llegado más de dos horas antes desde la prisión de Puerto II donde se encuentra desde su ingreso en prisión. El primero en tomar la palabra fue el fiscal quien describió los hechos. Según explicó, el acusado llevaba meses desatendiendo a sus hijos y dedicaba todos sus recursos, un salario mensual de un empleo estable, a mantener las necesidades que tenía su nueva pareja con la que había comenzado una relación tras fallecer la madre de los niños.