El equipo trabaja sobretodo con huellas dactilares.
El equipo trabaja sobretodo con huellas dactilares. - A. VÁZQUEZ
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Tras la huella del crimen en Cádiz

Así funciona el laboratorio de Criminalística de la Comandancia gaditana donde cada año se resuelven decenas de casos a partir de las huellas y restos que cotejan

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Los rastros no olvidan. Por eso en la escena del crimen todo cuenta. Absolutamente todo. Hasta lo que parece no tener importancia puede ser fundamental. Un cigarro, un pelo, un cristal roto, un tetrabrik, una pisada, o una silla movida de sitio pueden esconder la verdad. Sólo hay que buscarla y recomponerla. Llenarse de interrogantes y encontrar las respuestas. Las evidencias lo son, no entienden de conjeturas sino de ciencia y resultados porque, a diferencia del hombre, las pruebas no mienten. Son capaces de desenmascarar en un momento a un asesino o a un ladrón por el simple hecho de demostrar que estuvieron allí o que empuñaron el arma que ha quedado manchada. Un segundo les condenó pero para demostrarlo hay que rebobinar exactamente a ese momento, no vale el antes o el después, hay que reproducirlo todo. Como si ese segundo nunca hubiera pasado.

«Cualquier acción de un individuo no puede ocurrir sin dejar rastros». El criminalista francés Edmon Locard, considerado uno de los padres de la ciencia forense, lo dejó escrito en el principio que llamó ‘de intercambio’. Sobre esta máxima trabajan a diario cientos de expertos de las fuerzas de seguridad del Estado que cada día cotejan huellas, siguen las pistas y analizan cada indicio que les ayuda a resolver cientos de casos.

A. Vázquez

Cuatro de estos agentes de bata blanca, dos hombres y dos mujeres, trabajan en los laboratorios de Criminalística de la Comandancia de la Guardia Civil de Cádiz. A su unidad llegan a diario pruebas a las que tienen que poner nombre y apellidos y verificar si realmente pueden servir como cargo en un juicio. Esta información es crucial, no sólo para identificar al presunto delincuente, sino también para determinar su grado de implicación en los hechos. Y lo tienen que hacer con mucho cuidado. Además de encontrar al culpable, existe una presión añadida. No hay margen para los errores. Un fallo en la identificación podría llevar a un inocente a la cárcel.

«Siempre hay algo que vale»

«En una inspección siempre hay algo que vale. Siempre existe un contacto, una transferencia». Ana es una de las agentes que trabaja en esta unidad. Lleva ya muchos años tomando pruebas y cotejando los resultados para dar con el ansiado «positivo». Cuenta que este trabajo es exigente, laborioso, exacto, puntilloso, complicado pero, extremadamente gratificante. «Cuando gracias a tu labor se resuelve un caso y se puede hacer justicia es nuestro mejor premio».

El trabajo que desarrolla este grupo de la Policía Judicial de la Guardia Civil se basa en la investigación de los delitos que se pueden catalogar como «graves», como son homicidios, asesinatos, identificación de víctimas múltiples, o robos de gran consideración. Entonces se desplazan hasta el lugar de los hechos para recabar ellos mismos las pruebas que van a analizar. Pero también, están en contacto permanente con el resto de grupos cuando requieren de sus análisis y cotejos para esclarecer algún caso.

«En este laboratorio trabajamos principalmente con huellas dactilares», cuenta José Antonio, otro de los agentes que forma parte del equipo. El resto de pruebas, como por ejemplo las de balística, o de ADN, son analizadas en Madrid o en Sevilla. Aún así sí se encargan de recoger estos indicios y prepararlos para su envío además de velar porque se respete la cadena de custodia, algo también esencial en el proceso judicial para que no se invaliden como prueba.

A. Vázquez

Nada que ver con 'CSI'

«Este servicio lo engloba todo». A través de un protocolo de actuación completamente medido y auditado, los agentes reciben u obtienen las huellas. Una vez consiguen el dibujo exacto, meten su foto en el SAID (Sistema Automático de Identificación Dactilar) donde se almacenan y comparan impresiones dactilares y palmares (de la palma de la mano) de personas que han sido en algún momento detenidas y reseñadas o de otras huellas anónimas recogidas en lugares donde se ha cometido un delito. Esto último puede servir para, una vez sea identificado el delincuente, imputarle si así fuera otros hechos anteriores de los que se pudo librar en su momento.

«Esto no es como sale en 'CSI' que metes la huella y en dos segundos el ordenador ya te da un nombre, una foto y todo...», bromean en el laboratorio. Aquí, donde pasan tantas horas y horas cotejando y ‘perdiendo’ los ojos en buscar puntos y crestas de huellas, saben de sobra que las series de televisión se manejan con la espectacularidad del show que poco o nada tiene que ver con la minuciosidad y complejidad que se requiere para encontrar un positivo entre miles de candidatos.

A. Vázquez

«Es difícil pero no imposible». Ana acaba de encontrar uno. Lo cuenta con satisfacción. Ha conseguido ponerle nombre a la huella que le trajeron los compañeros de un robo con fuerza en Alcalá de los Gazules. Una vez complete el informe pericial, lo comunicará y se le podrá detener como presunto autor de ese delito.

José Antonio explica el proceso paso a paso. «Nadie es igual. Todo el mundo tiene un dibujo dactilar diferente» y añade: «a los detenidos se le cogen las huellas de todos los dedos, también de la zona palmar.Es importantísimo...», va señalando el dibujo. De esa foto dactilar sacan los puntos característicos (mínimo doce), es decir, aquellas señas diferentes en la forma de sus crestas y surcos que puedan diferenciarles. Una vez definidos, se acude al SAID donde se comparten datos con todas las fuerzas de seguridad y se busca al candidato.

A. Vázquez

Pero su trabajo va más allá. Los agentes de Criminalística también están presentes en autopsias. En ellas recogen pelos, uñas o cualquier muestra que pueda servir para identificar y dar con el autor de un crimen. «Marcamos quién ha sido, cómo y por qué. Nos interesa saberlo todo».

El terror de un parricidio

Los análisis de la Unidad de Criminalística de la Guardia Civil o de la Policía Científica de Policía Nacional tienen una gran validez judicial. En muchas ocasiones son determinantes para demostrar la culpabilidad del procesado. Así ocurrió por ejemplo recientemente en el caso del parricida de Ubrique, condenado a 45 años de cárcel por matar a sus hijos tras asestarles más de cuarenta puñaladas. Ana y José Antonio estuvieron en el escenario de ese violento crimen. «De todos los que hemos estado, este caso ha sido el más sangriento de todos». Llegaron sólo unas horas después de que los chicos fueran asesinados. Juan Pablo, de 17 años y su hermana Laura, de 19, yacían destrozados, tendidos sobre los charcos de su propia sangre que inundaba el pasillo y el rellano de aquella casa. «Es mejor no pensarlo. Llegas, te pones el mono, la mascarilla y a trabajar. Cuanto más consigas mejor será para ellos. Eso es lo único que tienes que pensar».

La profesionalidad en estos momentos es fundamental. Lo importante es recoger evidencias que persigan al asesino. No hay tiempo para lamentos. Y así lo hicieron. Las huellas encontradas sirvieron para demostrar que los hermanos no se mataron entre ellos como el acusado llegó a decir, que Laura dejó su rastro en el timbre cuando intentó llamar al vecino para pedir auxilio, que en la ropa del padre se encontraron restos de sus hijos y que en las uñas de los niños indicios de que habían luchado antes de morir. También recogieron las señales de que el filicida había salido huyendo del lugar, cerrado la puerta y que en su fuga había dejado en un posamanos restos de ADN. Suyo y de su hija, otra prueba más que le incriminó. Estuvo, lo hizo y ahora lo pagará. «Para eso estamos. Para perseguir el delito y encontrar a sus culpables. En eso consiste este trabajo».