La psicóloga Silvia Congost.
La psicóloga Silvia Congost. - LA VOZ
ENCUENTROS DE LA CASA PEMÁN

«Sufrir por amor está, por desgracia, extendido y normalizado en nuestra sociedad»

Silvia Congost, psicóloga experta en autoestima, será la protagonista el próximo lunes de una nueva edición de los Encuentros de la Casa Pemán

CÁDIZActualizado:

La Casa Pemán acogerá este lunes, a las 20.30 horas, una nueva edición del ciclo de ‘Encuentros’ que organiza LAVOZ y patrocina la Fundación Cajasol. En esta ocasión, el tema que se trata afecta a todos sin excepción: el amor. La experta en autoestima y dependencia emocional Silvia Congost pronunciará la charla ‘Si duele, no es amor. Aprende a identificar y a liberarte de los amores tóxicos’. La psicóloga adelanta que uno de los ejes del encuentro será concienciar a los asistentes de la necesidad de saber decir hasta dónde están dispuestos a llegar en sus relaciones.

–¿Sobre qué versará su charla del próximo lunes?

–Hablaré sobre la idea de sufrir por amor, que está tan extendida y normalizada en nuestra sociedad. Es como si el sufrimiento fuera algo que el amor lleva implícito cuando, en realidad, se trata de una idea completamente errónea. Voy a hablar de cómo es una relación sana y cómo identificar los demás tipos de relaciones que son tóxicas y nos hacen sufrir y cómo deshacernos de ellas.

–¿Qué se entiende por relación tóxica?

–Es aquella relación que tenemos con una persona que no encaja con lo que nosotros buscamos en el otro, que mira hacia una dirección diferente, que tiene valores distintos a los nuestros, con lo cuál, acabamos pasándolo mal porque, inevitablemente intentamos cambiarla, para así lograr estar bien a su lado.

–La gente las nota en los demás pero, ¿identifica este tipo de relaciones en primera persona?

–Cuando alguien lee un libro o escucha una conferencia o se encuentra con una entrevista como ésta, es fácil que algo en su interior despierte y que tome conciencia de que tal vez lo que se describe es su propia vivencia. Sin duda es más fácil verlo en los demás, pero tomar conciencia de nuestra situación, si ésta es tóxica, es vital para que podamos apostar por algo mejor.

–Habla mucho, en su libro, de que tenemos un concepto equivocado del amor desde pequeños, ¿a qué se refiere?

–A que no nos educan para entenderlo de una forma sana y racional. A través de los cuentos, las películas o las canciones nos dicen cosas como que las historias de amor siempre acaban bien, que tal vez lo pasarás mal pero que si aguantas y resistes todo, al final seguro que lo consigues, etcétera. Y nunca nos enseñan a pensar dónde deberíamos poner los límites en una relación o qué es lo que debería ser innegociable para nosotros para no permitir cosas inadmisibles en nombre del amor.

–Abundando en ese aspecto, ¿hasta qué punto el cine, la literatura y las redes sociales están reforzando ese concepto de ‘amor doloroso’?

–Lo han reforzado siempre y lo siguen haciendo. Y se sigue transmitiendo de padres a hijos. Nuestros padres son el primero modelo de relación tóxica que tenemos de referencia, de los que más aprendemos a tolerarlo todo. ¡Debería haber en la escuela una asignatura obligatoria de ‘Educación emocional’ en cada curso!

–¿Por qué hay quien salta de una relación tóxica a otra?

–Esto es algo que pasa con mucha frecuencia y sucede porque hay gente que tiene miedo a quedarse sola . Al no enfrentarse a la soledad, para así poder darse cuenta de que también estaría bien, no se permite el tiempo necesario para la reflexión y el aprendizaje de qué es lo que ha fallado, dónde tendría que haber actuado diferente o qué es lo que tiene que modificar en la siguiente relación. Al no aprender qué ha fallado, realmente, es fácil que vuelva a tropezar con lo mismo porque desde la inconsciencia le sigue atrayendo el mismo perfil de persona. Al fin y al cabo, son oportunidades que nos da la vida para aprender, y hasta que no aprendemos, tenemos que estar repitiendo relación y no podemos pasar al siguiente nivel.

–En su libro trata el problema de la dominación, ¿cuándo se produce?

–Intentar manipular al otro siempre nos llevará a una relación tóxica, y si la relación es tóxica, sin duda no hay amor. El que intenta controlar, dominar o manipular siempre es porque no acepta al otro como es, y si no hay aceptación es que no estamos con la persona adecuada para nosotros. Y el que se somete, sin duda es porque tiene poca autoestima y con ello, miedo a no encontrar a nadie con o cual, será capaz de aceptarlo todo a cambio de seguir en la relación.

–¿Es optimista respecto a las nuevas generaciones o nota que siguen cayendo en los mismos errores que sus padres?

–Hoy en día se percibe un cierto retroceso en los jóvenes, que afirman que cuanto más control hay es porque más se ama. Sin duda, una barbaridad. La clave, en la mayoría de casos, está en la educación que reciben de sus padres, pero la educación que no se dice, esa que se demuestra con la conducta, con cómo se comportan en el día a día en su relación de pareja. De ellos aprenderán todo lo que después van a repetir. Por ello, es importante que a las conferencias como la del próximo lunes, vengan jóvenes pero también los padres.

–¿Qué consejo se le puede dar a quien cree que su relación es del tipo tóxico?

–Le diría que si quiere estar bien y recuperar su vitalidad y su vida, debe alejarse de quien tiene al lado. Puede ser que tenga dependencia emocional y la idea de cortar la relación le genere auténtico pánico, pero también estoy convencida de que en determinados momentos de lucidez, ven clarísimo que estarían mejor sin él o ella. Por ello, ya no hay amor y no tiene sentido seguir allí. La recompensa es sin duda, de un valor incalculable.

–¿Es posible reconducir esas relaciones?

–Si los dos sienten que quieren reconducirla y las cosas que han pasado hasta el momento no chocan con sus valores principales (como faltas de respeto, infidelidades prolongadas en el tiempo, malos tratos, etc), se puede plantear hacer terapia de pareja, que al fin y al cabo ayudará a reconducir la relación si hay posibilidades o a cortarla definitivamente si ya está emocionalmente acabada.