Algunos de los agentes gaditanos que piden la equiparación.
Algunos de los agentes gaditanos que piden la equiparación. - F. JIMÉNEZ
REPORTAJE

Policía Nacional y Guardia Civil, la larga lucha que les une

Cientos de agentes claman desde Cádiz para que se equiparen sus sueldos a los de las fuerzas autonómicas. Un mosso o un ertzaintza llega a cobrar unos 600 euros más que ellos

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Cuando se unen las voluntades algo, por lo menos algo, puede cambiar. Existe al menos la posibilidad de que las piezas se muevan si se empuja con fuerza. Al revés, cuando uno se rinde, deja los brazos caer o se enfrasca en el lamento perpetuo, lo inmóvil, lo estático, lo rígido, seguirá así: igual. Si estas voluntades nacen de un punto común y no se desvían el resultado puede llegar. Si se separan, es más complicado lograr lo que las hizo una. Y de ese pensamiento común, de las ganas de creer que se puede lograr luchando, nació Jusapol, el colectivo del que forman parte ya más de 30.000 policías y guardias civiles de toda España (unos 1.500 en la provincia de Cádiz).

Todos ellos persiguen una misma y única reivindicación: la equiparación de sus salarios a la de otros cuerpos autonómicos como los Mossos, la Ertzaintza o la Policía Foral que llegan a cobrar de media 600 euros más al mes que ellos que son los dos bastiones de la seguridad de todo un país. Dicen que no son un sindicato, que tampoco se mueven por intereses políticos ni económicos y que lo que buscan es que se les escuche «por justicia». Hablan de que esta reivindicación no es nueva, que lleva muchos años, pero que por eso mismo, porque no es nueva sino porque se ha soportado demasiado tiempo sobre la mesa, se ha enquistado en el hastío, la indignación o la propia desmotivación lo que ha provocado que este movimiento sea «necesario, urgente».

Manifestación frente a Subdelegación, en Cádiz.
Manifestación frente a Subdelegación, en Cádiz.-F. JIMÉNEZ

Y esas voluntades tienen rostro. El movimiento por la equiparación ha roto ciertos temores que había por dar la cara y coger pancartas y megáfonos en un colectivo cuyas individualidades han estado mucho tiempo calladas por miedo a represalias profesionales. Los sindicatos eran y en parte siguen siendo la única vía segura de poder dar un paso al frente. En este reportaje hay seis de esos rostros. Miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que han querido formar parte de esta suma desde Cádiz.Desde la provincia que cuidan y protegen.

«Más que una asociación, Jusapol es una idea que estaba en la cabeza de todos nosotros desde hace mucho tiempo», cuenta David Gómez, policía nacional. «Había que estar unidos y salir». Y la mecha la encendieron en Palencia. Fue allí la primavera pasada donde reventó. El ímpetu y también el empujón de las redes sociales le fue dando forma. «Nació a partir de una conversación que se ha tenido en todas las comisarías. Podría haber pasado en cualquier ciudad de España porque la situación es la misma», explica el subinspector Juan Jesús Muñoz.

«Sí, es un pensamiento común. Eso. Algo común de todos», apostilla Juan Manuel Camacho, policía nacional. A su lado, asiente Antonio Moreno, otro de estos nombres propios. Ambos están a punto de jubilarse pero confían y quieren el cambio. Por ellos y por los que vienen detrás. «La gente no entendía esta discriminación y por eso nos hemos echado a la calle». Habla Isidoro Sánchez, guardia civil de Sanlúcar destinado en un pueblo de Huelva. Mientras da su opinión José Serrano, policía, también participa:«Lo individual se ha hecho colectivo».

«No pedimos que se le baje el sueldo a nadie. Queremos cobrar lo que es nuestro, por el trabajo que hacemos y la dedicación que ofrecemos siempre»

Pero, ¿dónde quedan entonces los sindicatos? «No queremos quitarles su sitio. Ellos ya hacen su trabajo. Venimos a sumar, a darle más fuerza» a la única reivindicación que defienden: la equiparación. «De hecho en nuestro colectivo se acogen a miembros que estás afiliados a sindicatos sin distinción. Tampoco hay diferencias de escalas porque además si se consigue la subida será para los salarios de todos», explica Gómez.

El sentimiento que arrojan cuando hablan es claro. Por un lado, se nota que aman lo que hacen y asumen el sacrificio que a veces conlleva. Pero por otro, trasciende cierta decepción que no ha impedido que sigan trabajando con normalidad. «A pesar de que nos sintamos muy agraviados, un policía o guardia civil va a estar siempre donde se le necesite. Eso no lo duda nadie y se aprovechan de ello».

Por eso, no quieren que su reclamación siga cayendo en saco roto. Desde la última manifestación, que se celebró en 2008, su sueldo ha descendido un 5% y pese al incremento del 12% del IPC, solo han obtenido un 2% de esa subida. Según denuncian, en estos diez últimos años, no solo no se les ha mejorado el sueldo sino que han sufrido la congelación de su salario, la supresión de pagas y los recortes en asuntos propios. «Pero, aún así, no hemos dejado de seguir cumpliendo con nuestro deber», recalca el guardia civil Isidoro Sánchez.

Un mosso, ertzaintza o policía foral cobra de media 600 euros más al mes que un policía o guardia civil

La principal reivindicación es la equiparación de sueldos a los de las policías autonómicas y mayoría de las locales. «Hacemos el mismo trabajo, con el mismo horario y las mismas condiciones pero además tenemos más competencias que ellos y un territorio mayor porque abarcamos todo el país y no solo una comunidad o un municipio», cuenta David Gómez.

Imagen de la concentración de este sábado en la Puerta del Sol.
Imagen de la concentración de este sábado en la Puerta del Sol.-EFE

Los números no mienten. Están ahí y son públicos. Mientras que un mosso de e’squadra o un ertzaintza cobra ya nada más salir de la academia unos dos mil euros, el policía o guardia civil se queda en unos 1.400. Pero este reclamo encierra más detalles que son los que realmente engordan o adelgazan la nómina, como que la paga extra sea doble o que los servicios extraordinarios se remuneren del mismo modo. Mientras un mosso por ejemplo puede cobrar 200 euros por un servicio especial, un policía nacional recibe, o mucho menos dinero o, la mayoría de las veces, días libres a cambio. Lo mismo ocurre con la asistencia a juicios por trabajo. A un ertzaintza se le dan 105 euros y cinco horas libres y al policía cuatro horas libres si es que se las puede coger.

Otro de los asuntos más peliagudos es el de las jubilaciones. «Esto es lo más indignante», aseguran. «Nosotros perdemos unos 500 euros si nos jubilamos, ellos se van con el 100%».

«Ahora es el momento»

Para lograr que se les escuche han hecho mucho ruido en las redes sociales. De hecho #EquiparacionYa ha sido uno de los hashtag más usados en Twitter en las últimas semanas. Además, ya han logrado recabar las 500.000 firmas necesarias para que su iniciativa llegue al Congreso de los Diputados y los políticos empiezan a contemplarlo ya como baza para sus propuestas.

«Es el momento», dicen esperanzados los agentes. Además tienen la sensación que la opinión pública está más ahora de su lado después de todo lo acontecido en Cataluña. Al igual que muchos políticos y opinadores. «Está claro que allí todo esto se ha hecho más visible y real. Cuando ha surgido el problema de quien han tirado es de nosotros, ¿no?». Se refieren a la 'operación Copérnico', el mayor despliegue policial efectuado por un Gobierno español en época democrática. Miles de agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional han sido los que han tomado las riendas de una situación que se descontrolaba por minutos. «Hemos tenido que ir a un territorio que supuestamente es de su competencia y cobramos menos que ellos», lamentan. «Hemos hecho lo que otros no querían hacer:cumplir con nuestro deber y estar donde se nos ha pedido que estuviéramos».

«Lo ocurrido en Cataluña con los Mossos ha puesto de manifiesto lo que ocurre. Hemos hecho su trabajo recibiendo ellos mucho más»

Pero Cataluña no es el único desafío al que se han enfrentado últimamente. El nivel de alerta antiterrorista también les exige el máximo a diario. No se pueden despistar ni un momento. «Esa es una lucha que nunca cede y para la que hay que estar siempre preparado». Y justo eso, el estar preparado es lo que creen que también se está perdiendo. El hecho de que un agente no cobre lo suficiente lastra también su carrera profesional. «Con el sueldo que tenemos no podemos irnos a preparar un ascenso porque al final casi te cuesta el dinero a ti», explica el subinspector Muñoz. Por ejemplo dejar Cádiz para irte a Madrid o Barcelona teniendo aquí una hipoteca, hijos que mantener, y afrontar allí un alquiler (seguramente muy alto) más gastos, es para pensárselo.

Antonio y Juan Manuel, los más veteranos asienten. Ellos, con 63 y 61 años, están a punto de jubilarse. 40 y 39 años de servicio avalan todo lo que cuentan. «Yo tuve que trabajar además de policía de guarda, también en una fábrica y lo que encontraba.Tenía que sacar a mis tres hijos adelante». Lo hacía a escondidas, aprovechando las horas de noche o los días libre ya que por la dedicación plena no se les permitía ni se les permite. Y en uno de sus servicios sufrió un atentado de ETA. Fue el año 78 cuando la banda había asesinado a dos agentes en San Sebastián. «Pusimos un control en la autopista y nos dispararon desde lejos. A mí me dio en una pierna pero aquí sigo... al pie del cañón».

«Dejé mi trabajo de soldador para ser policía y perdí dinero»

Camacho le mira cómplice. «Hemos pasado mucho...». «Yo dejé mi trabajo de soldador para ser policía y perdí dinero». «También aunque ya era agente he puesto persianas y lo que he podido para poder pagarle la carrera a mis hijos». Ahora, a punto de jubilarse, ambos perderán un buen pellizco de su sueldo.

Los más jóvenes cuentan que la vocación ha podido siempre más que la rendición y que sus salarios no les han dejado volar como hubieran querido.

Este sábado todos ellos estuvieron en Madrid en la gran manifestación de la equiparación. Cientos de compañeros de Cádiz les acompañaron. Fletaron autobuses y muchos compartieron coches bajo una misma voluntad. «No pedimos otra cosa que no sea nuestra. Es lo justo, lo que nos pertenece».

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