TRIBUNALES

El parricida de Arcos mostró signos de trastorno a la Policía Local días antes del crimen

Los agentes manifiestan al instructor que buscaron a Isidro a petición de la familia y lo encontraron en la calle diciendo «que veía al demonio»

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El acusado de haber matado de a su bebé de ocho meses la madrugada del 1 de junio pasado tuvo un encontronazo con dos agentes de la Policía Local un par de días antes del trágico y escalofriante suceso. Así lo han manifestado los municipales al juez que instruye el caso. Al parecer Isidro Sánchez, de 44 años, tuvo un fuerte enfado con su familia. Se marchó de la casa y despertó la preocupación de éstos que notaron que «no se encontraba bien». Así que llamaron a los municipales.

Tras patrullar por varias calles de la localidad, los agentes dieron finalmente con él en la zona de Arcos Viejo, por la barriada de la Paz. Según su versión, al aproximarse y hablarle percibieron que estaba trastornado. «Decía que veía al demonio, que le quitaran del móvil la localización porque lo iban a encontrar...», relatan fuentes consultadas.

Ante esta situación, los policías decidieron llevarlo al centro de salud para que lo viera el médico de guardia pero, al examinarlo, el facultativo sin embargo no encontró que su relato fuera inconexo o incongruente.

Pero además de este episodio, se produjo otro significativo según se desarrollaron después los hechos. El pequeño se encontraba bajo el cuidado del acusado que recibía además la ayuda de su familia. Isidro había tenido varias peleas con Sara, la madre del bebé, que ya recibía atención de los servicios municipales. Sin embargo hicieron las paces y volvieron a estar juntos. Según mantiene la familia paterna quisieron quedarse entonces con el pequeño pero desde los Servicios Sociales les informaron que la custodia tenía que dársela un juez. Este testimonio se contradice con el que mantienen las asistentes del servicio que aseguran que sí desaconsejaron que el niño volviera con la pareja.

Como se recordará, el juez ordenó para Isidro Sánchez prisión sin fianza después de que éste le confesara que había matado a su hijo de ocho meses y agredido a su mujer. Los trágicos hechos ocurrieron durante la madrugada del 1 de junio en la calle Adolfo Suárez de la localidad arcense. En el número 5 tenía lugar una fuerte discusión. El niño fallecía, supuestamente a manos de su padre cuando éste le tapó la boca para evitar que siguiera llorando y alertara a los vecinos y a la Guardia Civil.

El día de los fatídicos hechos, tras su arresto, el presunto parricida comentó que lo había matado por «accidente». Sin embargo esta versión no fue la que mantuvo ante la Guardia Civil ni ante la segunda letrada que le asistió –renunció al primer abogado de oficio que le tocó porque «tenían el mismo nombre»–. Tampoco ante el juez. El acusado continuó admitiendo los hechos pero sorprendió a todos con una rocambolesca versión. Con el mismo discurso incongruente declaró que aquella madrugada se despertó, apagó el móvil y lo reinició. Así, mientras esperaba que se activara de nuevo el sistema le fueron apareciendo en la pantalla unos mensajes. «Los otros» le ordenaron que matara al niño, declaró.