Lejos de creencias populares, la «gran bola» del EVA 11 no puede abrirse para dispara misiles, sino que contiene la antena del radar.
Lejos de creencias populares, la «gran bola» del EVA 11 no puede abrirse para dispara misiles, sino que contiene la antena del radar. - ANTONIO VÁZQUEZ
FUERZAS ARMADAS

El Gran Hermano de La Janda

Dentro del Parque Natural de Los Alcornocales y en uno de los puntos más altos de Cádiz se encuentra el Escuadrón de Vigilancia Aérea nº 11

Alcalá de los GazulesActualizado:

Burros, vacas, corzos... por la sinuosa carretera que llega hasta el Pico del Montero y que se tarda en recorrer algo más de una hora desde Alcalá de los Gazules, la pericia y paciencia del conductor y los frenos de su coche, cuya velocidad no supera los 20 kilómetros por hora, se ponen a prueba.

Al final del camino un imponente búnker con forma de balón de fútbol gigante se alza en la cima de la montaña, a algo más de 900 metros de altitud. Es el Escuadrón de Vigilancia Aérea nº 11 (EVA 11) del Ejército del Aire.

«Llevo siete años viviendo en el pueblo y aún no he convencido a todos sus habitantes de que la cúpula no se abre para disparar misiles», señala en tono distendido el comandante Diego Casado, jefe del EVA 11. Este extremeño llegó a Cádiz en 2010 para ponerse al frente de una unidad tan importante en la Defensa nacional como desconocida para buena parte de los gaditanos.

El EVA 11 se construyó para cubrir un área mayor al suroeste de la Península y el norte de Marruecos

El EVA 11, como los otros 12 Escuadrones de Vigilancia Aérea situados en diversos puntos de la geografía española, forma parte del Sistema de Mando y Control del Mando Aéreo de Combate (MACOM) del Ejército del Aire. Y su cometido principal es obtener, procesar y transmitir datos radar para su posterior explotación en los Centros de Mando y Control de la Península, localizados en Zaragoza y Madrid.

Este escuadrón gaditano es el más moderno de los que actualmente operan en España y se activó en mayo de 2000, aunque no estuvo terminado hasta finales de 2002, con la recepción del radar definitivo.

El motivo de su creación es fácilmente imaginable, ampliar la cobertura de los EVAs 3 y 9, situados en Constantina (Sevilla) y Motril (Granada), cubriendo completamente la parte suroeste de la Península y el norte de Marruecos, hasta llegar a Canarias. «Controlamos cualquier aeronave que despegue de la cordillera del Atlas hacia arriba», señalan en el acuartelamiento.

Por emplear un símil fácilmente comprensible, los EVAs son los ojos que ven todo el espacio aéreo del territorio nacional y mandan la información que obtienen a los Centros de Mando que, siguiendo con el paralelismo, serían los cerebros de este cuerpo que vigila, asegura y controla el espacio aéreo.

El sistema es relativamente sencillo. El radar «interroga» mandando una señal a todos los aviones que sobrevuelan su radio de acción, tanto civiles como militares, para obtener lo que se denomina situación aérea, es decir, la altura y los datos del vuelo. Estos datos son transmitidos a los Centros de Mando que, cuando no se obtiene respuesta de un determinado avión, intentan contactar con éste por radio. En el caso de que esta comunicación tampoco fuese posible, se ordena un 'scramble' o envío de un avión en alerta hacia el lugar del vuelo sospechoso. Siempre hay dos aviones del Ejército del Aire pertenecientes al Ala 12, en Torrejón de Ardoz, al 15, enZaragoza, al 11, en Morón de la Frontera, al 14, en Albacete o al 46 en Las Palmas, preparados para salir en cualquier momento si fuese necesario.

En resumen, como explican en el EVA 11, «un sistema de mando y control y unas aeronaves de reacción rápida del Mando Aéreo de combate que, de forma permanente 24 horas al día, siete días a la semana, llevan a cabo la vigilancia, el control y la defensa del espacio aéreo».

Difícil acceso

Unos 70 militares componen el Escuadrón de Vigilancia Aérea nº 11, distribuidos en dos escuadrillas, la de mantenimiento y la de apoyo y personal, a cargo del teniente Rodríguez y del capitán Marín, respectivamente. Esta primera escuadrilla se encarga de las tareas intrínsecas del mantenimiento de los equipos radar y de radio, mientras que la escuadrilla de apoyo es la responsable de la logística y la seguridad del asentamiento.

El gran factor diferenciador de este enclave estratégico es la dificultad del acceso y la particular climatología de la zona, una de las más lluviosas de España. El terreno sobre el que se asienta es arcilloso, por lo que la carretera para llegar al acuartelamiento, que mantiene el Ejército del Aire, sufre continuos corrimientos y derrumbes.

La dificultad de acceso al acuartelamiento condiciona la vida de los militares allí destinados

Lo complicado de llegar al Escuadrón condiciona y mucho la vida de los militares allí destinados. Excepto el comandante, que reside en Alcalá de los Gazules, el resto vive en Jerez, Chiclana, San Fernando o El Puerto y cada día hay dos rutas para que no se vean obligados a realizar el trayecto hasta el Pico en su propio coche, la primera de ellas parte de Jerez y la otra desde Alcalá. «Si entramos a las 8.00 horas tenemos que levantarnos a las 5.00 horas para realizar el trayecto y no regresamos a casa hasta las 17.00 horas», explica el capitán enfermero Mínguez, jefe de Sanidad del EVA 11, que cuenta con un botiquín convenientemente equipado para una unidad de difícil acceso como ésta, con soporte vital avanzado, así como con una moderna ambulancia para poder enfrentarse a cualquier problema sanitario e incluso un helipuerto para el traslado urgente por vía aérea.

Asimismo, las subidas y bajadas diarias por la complicada carretera hacen que estos hombres y mujeres tengan mayores problemas de espalda. Por ello, gran porcentaje de la unidad está a turnos, con guardias de 24 horas y días de descanso. No obstante, ya que el radar funciona ininterrumpidamente, en todo momento hay personal en la instalación y los miembros del EVA 11 deben estar permanentemente localizables.

Respaldo a aviación civil

El Escuadrón dispone de uno de los radares de defensa aérea más avanzado del mundo. Se trata del 3D ‘Lanza’, diseñado y fabricado por Indra, que tiene un alcance de 470 kilómetros. Dos ingenieros de esta empresa forman parte de la plantilla del EVA 11, al que proporcionan asesoramiento técnico y laboral. «Todos los equipos son modulables y transportables a dónde se quiera», asegura uno de estos ingenieros, Ismael Cano, frente a la pantalla del radar en la que se puede observar el tráfico aéreo en 400 kilómetros a la redonda. «También respaldamos a los radares de aviación civil que, si tienen problemas, pueden recibir nuestros datos y seguir controlando el tráfico aéreo», explica el brigada Aperador, supervisor del radar.

El EVA 11 también dispone de equipos de comunicaciones con las aeronaves en vuelo. «Los datos, la mensajería, toda la información de entrada y de salida se controla desde aquí», describe el brigada Villaverde, supervisor de Telecomunicaciones, desde la sala en la que mantienen los equipos de radio y cifran toda la mensajería. Asimismo, esta unidad tiene un sistema intercambiador de información en distintas plataformas con el que también cuentan en el Ejército de Tierra y enArmada, de tal forma que si, por ejemplo, un piloto de un caza Eurofighter necesita ver información de un determinado lugar, puede disponer la que le manden al respecto, tanto desde una fragata como desde el EVA.

Este Escuadrón cuenta con autonomía energética y alimentaria suficiente para, al menos, 20 días

Debajo de la característica cúpula con forma de enorme balón de fútbol que corona el Escuadrón se encuentra la antena que gira de forma constante y que, es completamente modulable por si es necesario su transporte. Fabricada por la empresa Marconi, está diseñada para que si hay un fallo, no sólo lo detecte y lo comunique, sino que además pueda seguir trabajando sin interrupción. Consta de dos antenas. La primaria emite una señal que rebota en el avión y retorna al radar, mientras que la secundaria «interroga» al avión para que le facilite su altura y el código de respuesta.

Y es que esta unidad colabora de forma habitual tanto con la Guardia Civil como con la Armada, cuerpo con el que realiza ejercicios de adiestramiento conjunto.

Debido a la importancia estratégica de este acuartelamiento, su seguridad es fundamental, por lo que dispone de medidas de autoprotección perimétrica. En caso de necesidad, el EVA11 cuenta con autonomía energética (generadores eléctricos y baterías) y alimentaria suficiente para, al menos, 20 días, contando incluso con sistema de depuración y potabilización de agua.

Asimismo, la unidad dispone de un dispositivo contraincendios propio, con una red de hidrantes y un camión forestal con 3.000 litros de capacidad. Está integrado en los Planes de Emergencia del Infoca de la Junta de Andalucía, para extinguir posibles incendios que se produjesen en el Parque Natural de Los Alcornocales. Y cuenta con la certificación AENOR que garantiza la conservación y protección del medio ambiente en el que se sitúa.

A la salida del Escuadrón pasamos por delante de una figura de la Virgen de Loreto, la patrona del Ejército del Aire. «Estamos seguros de que nos cuida, así es como se explica que en diez años no haya habido un sólo accidente en la carretera que llega hasta aquí», asienten los vigilantes del cielo de Cádiz.