Llegada al puerto de Conil de los almadraberos tras colocar parte del copo a cinco kilómetros de la costa - ANTONIO VÁZQUEZ
PESCA

El Estrecho se llena de atunes

La campaña se abre con una cuota fija de 1.292 toneladas y de nuevo los responsables del sector en Cádiz negocian con otras pesquerías la ampliación del cupo

CÁDIZActualizado:

La liturgia milenaria de cada primavera. Las cuatro almadrabas gaditanas (Barbate, Tarifa, Zahara y Conil) ultiman los preparativos para estrenar a finales de abril una nueva campaña de pesca de atún. Llevan un mes colocando en alta mar las artes para la captura de los ejemplares. El responsable de la almadraba de Barbate, Pedro Muñoz, conocido como Petaca Chico, aguarda con ilusión la llegada de los atunes a su paso por el Estrecho camino del Mediterráneo. Reconoce que se espera una buena campaña gracias a la recuperación de la especie. Las medidas de restricción implantadas en los últimos diez años por la Comisión Internacional para la Conservación del Atún del Atlántico (ICCAT) han permitido una reproducción masiva. De hecho, algunos pescadores de Conil advierten de que se podría cruzar el Estrecho de orilla a orilla tocando atunes.

Pese a todo, los gestores que velan por el mantenimiento de la especie tampoco han abierto del todo la mano a su pesca en esta nueva edición. La última reunión de la ICCAT, organismo compuesto por una comisión de expertos y científicos de medio centenar de países, se celebró en Marrakech el pasado noviembre y, pese a constatar que la especie ha evolucionado de manera satisfactoria, se optó por ampliar la cuota general de pesca solo en 4.000 toneladas, pasando de 28.000 a 32.000. No obstante, esta misma progresión se mantendrá hasta 2020, año en el que se alcanzarán las 36.000 toneladas de pesca.

La asignación no convenció a los almadraberos que, desgraciadamente, son quienes han pagado durante la última década los platos rotos de una pesca que se fue de las manos por la 'mala praxis' de las grandes atuneras del Mediterráneo.

Las almadrabas lograron en esa reunión de Marrakech un cupo de 1.292 toneladas para esta nueva campaña, es decir, 200 más que en 2017, sin embargo, la asignación no ha cubierto las expectativas del sector gaditano tras diez años de bajadas y restricciones. El cupo está aún lejos de las 1.585 toneladas que tenían asignadas en 2006, cuando se implantaron los primeros recortes.   

Esta situación obliga al sector de Cádiz a buscar más cuota en otras pesquerías. Los empresarios acuden al País Vasco, Cantabria y Murcia, entre otras zonas, a comprar más cuota de pesca y engordar con ello el cupo asignado. Pedro Muñoz sabe que la compra de cuota en otras pesquerías españolas es la única salida que existe de momento para poder aumentar la producción en Cádiz.     

Las almadrabas ya han superado la primera fase de la instalación del copo. Se trata de un laberinto formado por anclas y cables en el fondo marino, a unos cinco kilómetros de la costa, que será la trampa natural por donde pasarán cientos de atunes en su migración del Atlántico al Mediterráneo. LA VOZ acompañó el pasado jueves en el puerto de Conil a la flota de esta almadraba. Unos 60 hombres, incluidos cuatro buzos, partieron a las siete de la mañana mar adentro a instalar el resto de las artes. El trabajo que abordan ahora consiste en la colocación de las redes. Está previsto que el calamento acabe la próxima semana y, a partir de entonces, «a esperar la primera ‘levantá’». Nadie se atreve a poner fecha, pero algunos señalan que será durante la ultima semana de abril.

El responsable de las almadrabas de Zahara, Conil y Tarifa, Diego Crespo, augura una buena campaña de capturas, ya que las restricciones han permitido la reproducción de la especie. De hecho, las cuatro almadrabas gaditanas cerraron la temporada de 2017 con la captura de 5.323 atunes. Entre el 26 de abril, fecha de la primera ‘levantá’, y los primeros días de julio, el sector cubrió el cupo de 1.097 toneladas asignado por la ICCAT. De ellas, la Organización de Productores Pesqueros de Almadraba (OPP) -que integra a las de Conil, Tarifa y Zahara- pescó algo más de 793 toneladas, un 72% del total. El resto, lo capturó la empresa Pesquerías de Almadraba, que explota la de Barbate, y que lidera el empresario Pedro Muñoz. Ambas familias, los Crespo y los Muñoz, acudieron a otras pesquerías a comprar cuota. Una práctica que, según han confirmado, también repiten este año.

La OPP genera 400 empleos directos, entre los 300 marineros y 100 trabajadores más de labores auxiliares. Marta Crespo, gerente de organización, eleva la cifra a 1.000 si se suman trabajos indirectos como el transporte o el suministro de materiales.

Industria gastronómica

La pesca del atún rojo ha generado a su alrededor una importante industria gastronómica donde Japón es el principal comprador de la producción que sale de las almadrabas gaditanas. Hasta hace unos años, los barcos asiáticos atracaban por estas fechas en la lonja de Barbate para hacerse con las primeras capturas. Sin embargo, el desarrollo que ha experimentado la cocina española ha servido para conquistar terreno a los japoneses y repartir las capturas en el mercado europeo. No obstante, Japón se mantiene como el principal cliente de las almadrabas.

El sector se enfrenta ahora a la amenaza de fraude. El pasado año se detectó como llegaba a algunos mercados españoles un falso atún rojo. La picaresca ha llevado a vender gato por liebre aplicando fórmulas mágicas para sonrojar las piezas de atún normal y pasarlas como atún salvaje. Diego Crespo reclama más vigilancia para evitar este tipo de fraudes y aclara que todo lo que sale de las almadrabas lleva su etiqueta donde se detalla que es auténtico atún rojo.

El pasado año saltaron las alarmas al detectarse que algunas piezas de atún de aleta amarilla, por ejemplo, se vendían como atún salvaje al llevar impregnado jugo de remolacha. El tinte le hacía resaltar el color rojo. Sin embargo, el atún verdadero no suelta ese líquido y, al tocarlo, lo que hace es dejarte las manos impregnadas de grasa, con la típica textura aceitosa. Eso sí, al comerlo no pasaría nada.

Más de 60 hombres y seis barcos colocan el copo a unos cinco kilómetros de la costa de Conil

El aumento de la cuota de pesca del atún rojo es una de las reivindicaciones históricas de los almadraberos. La recuperación de la especie del atún rojo en aguas del Atlántico no fue suficiente en 2017 para abrir la mano y aumentar la cuota en 2018. La Comisión Internacional para la Conservación del Atún del Atlántico, la ICCAT, resolvió que el total admisible de capturas para 2018 fuera de 28.000 toneladas en lugar de las 32.000 que reclamaba el sector. No obstante, el organismo encargado de velar por la especie confirmó que a partir de este año la cuota general se irá elevando de manera progresiva en 4.000 toneladas hasta el año 2020, en que quedará fijada en 36.000. La medida de la ICCAT cayó como un jarro de agua fría entre los almadraberos, que confiaban en un incremento mayor de las capturas tras casi diez años de restricciones.

El atún rojo sufrió en las décadas de 1990 y 2000 una sobrexplotación que llevó a la ICCAT a establecer en 2008 drásticas limitaciones en el número de barcos con derecho a pesca, en las cantidades admitidas y en los periodos de captura. Estas limitaciones habían establecido un límite máximo de capturas anuales de 23.000 toneladas, pero ante la recuperación de la especie, se daba por hecho que la ICCAT iba a flexibilizar sus criterios en su última reunión.

La pesca masiva que protagonizaron durante varios años las grandes compañías atuneras, especialmente las navieras italianas y francesas, puso en peligro la especie y obligó a tomar medidas de contención en 2006. La ICCAT, una comisión integrada por expertos y científicos de medio centenar de países, decidió poner coto a la pesca indiscriminada del atún rojo en el Atlántico y en el Mediterráneo. Las primeras consecuencias de la medida se advirtieron en 2008. La cuota general pasó de 32.000 toneladas a 22.000. A partir de entonces, este registro fue bajando hasta las 12.900 toneladas de 2012, lo que puso al borde de la desaparición al sector almadrabero de la provincia. Ese año, las almadrabas gaditanas solo pudieron pescar 657 toneladas.

El sector reclama más control para evitar el fraude con piezas de falso atún tintadas con remolacha

Precisamente en 2014 fue cuando la ICCAT, en la reunión celebrada en la ciudad italiana de Génova, abrió la mano y decidió iniciar el proceso para ampliar la cuota de forma progresiva. Lo arrancó tímidamente. Así, en 2015, la cuota general fue de 16.150 toneladas, mientras que el cupo de las almadrabas fue de 774 toneladas. La Comisión pretendía con estas severas medidas proteger a la especie pero, también, garantizar su recuperación. El plan de recuperación del atún rojo se marcó como objetivo tener un 60% de probabilidades de conseguir en 2022 el «rendimiento máximo sostenible de la especie», lo que implica pescar 50.000 toneladas sin afectar a la población.

Las limitaciones de pesca han perjudicado seriamente a las almadrabas gaditanas, que han visto descender su cuota anual a mínimos históricos. Si en 2007, el cupo asignado fue de 1.417 toneladas, en 2011, el año más duro del recorte, solo se permitió la pesca de 630 toneladas de atún rojo en la costa gaditana. Los almadraberos protestaron ante una situación injusta, ya que ellos no tenían nada que ver con la sobrexplotación que había tenido la especie, sobre todo, en el Mediterráneo.