En la foto, el almirante Cervera. En el vídeo, cambio de nombre de su calle en barcelona por el de Pepe Rubianes.
HISTORIA

La gesta de Cervera, el «facha» gaditano que se enfrentó a la armada de Estados Unidos

El almirante cumplió las órdenes de enfrentarse a los barcos americanos pese a saber que era una misión suicida

CÁDIZActualizado:

Barcelona ha retirado la calle que llevaba el nombre de «un facha». Ése fue el resumen de la trayectoria del almirante Pascual Topete y Cervera que realizó en la jornada del domingo la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau (Barcelona en Comù), cuando el que fuera defensor del Arsenal de La Carraca perdía su calle en favor del cómico Pepe Rubianes, en un acto que contó con la presencia de un numeroso público entre el que había personajes de la cultura como José Corbacho o Joan Manuel Serrat.

Casa natal de Cervera en Medina.
Casa natal de Cervera en Medina.

El «facha» de Colau (que falleció en 1909, muchos antes de que el fascismo asomara las orejas en Italia) nació en Medina Sidonia en 1839 y es de los pocos militares españoles que ha tenido una embarcación con su nombre (concretamente, un crucero ligero, que se dio de baja en 1965). Pascual Topete y Cervera es considerado un héroe en la calamitosa guerra de Cuba y entre sus condecoraciones contaba con la Gran Cruz del Mérito Naval y la distinción de la Legión de Honor de la República francesa. Por encima de consideraciones subjetivas, de Cervera destacan sus exégetas su escrupuloso sentimiento del deber que lo llevó a ser protagonista de un descalabro en Santiago de Cuba que él mismo preveía.

Quizá Ada Colau no reparó en que en la defensa de la posesión de la Isla de Cuba (motivada en buena parte por los intereses de los esclavistas, muchos de ellos de la oligarquía catalana) no era compartida por el propio Cervera que, en una carta enviada antes de la contienda, ya reconocía que no merecía la pena perder la vida de jóvenes para un territorio «que ya no nos pertenece»

Joven guardiamarina y político cumplidor

La relación de Cervera con la Marina se inicia cuando el asidonense contaba con 13 años, momento en el que ingresa en el Colegio Naval. Hijo de un combatiente contra las tropas napoleónicas, a los 21 años recibió el despacho de alférez de navío.

Relatar todo su currículo hasta la Guerra de Cuba -que lo hizo célebre- sería demasiado extenso. Pero para dar idea de su sentimiento del deber se pueden relatar sucesos como el acontecido en Filipinas en los años 60 del siglo XIX, donde combatió a los piratas malayos y donde realizó labores de hidrografía. En las distintas campañas, donde estuvo a punto de perder la vida, sirvió bajo las órdenes del almirante Méndez Núñez (que da nombre a una fragata de la Armada Española).

Cervera, en 1890.
Cervera, en 1890.

En 1865 regresó a España, de la que partiría en 1876 para asumir la Gobernación del Archipiélago de Joló (suroeste de Filipinas), donde la malaria estuvo a punto de acabar con su vida. En 1880 fue nombrado Comandante Militar de Cartagena y en 1891, ayudante de Cámara de la reina Regente María Cristina.

El 14 de diciembre de 1892 acepta la propuesta de Sagasta de convertirse en ministro de Marina. El militar gaditano acepta pero pone una condición: que no se rebaje el presupuesto para la Armada. Fue esa circunstancia, precisamente, la que le llevó a dimitir en marzo de 1893. El Arsenal de la Carraca, donde ejerció el mando de Comandante, fue el paso previo para su destino en Cuba.

Héroe forzoso en Cuba

Cervera dista mucho de la figura del militar que ansia entrar en batalla a toda costa sin calibrar los riesgos de la contienda. Al igual que a principios de siglo le sucedió a Gravina en Trafalgar, sabía que en caso de batalla sería el protagonista de una infeliz derrota. «Seré paciente y cumpliré con mi obligación, pero con la amargura de saber que mi sacrificio es en vano…», dejó escrito en 1896 a su primo Juan Spottorno, auditor de la Armada en el Departamento Marítimo de Cartagena. Un año después, ya era consciente de que sería la «pobre víctima a quien culpar de las faltas cometidas por otros».

La tensa situación con EE UU tuvo un punto de inflexión cuando en febrero del 98 estalló el buque norteamericano Maine. Dos meses más tarde, Cervera insistía en la necesidad urgente de alistar una escuadra de guerra, lo que fue contestado con evasivas por parte del Gobierno.

Ese mismo mes partió hacia Santiago de Cuba, puerto que podía proteger los barcos con gran facilidad, para defender las colonias, tras pasar en las Antillas por decenas de calamidades y no contar con los esperados refuerzos desde España.

Batalla de Santiago de Cuba
Batalla de Santiago de Cuba

Cervera sabía, relatan los exégetas, que el enfrentarse a la moderna y acorazada marina norteamericana era suicida, habida cuenta de que los barcos de la Marina eran viejos y apenas contaban con blindaje. Del 19 de mayo al 3 de julio la escuadra permanece en Santiago a la esperas de órdenes de Madrid.

En este tiempo, ordenó el rescate de la tripulación de un barco americano que resultó hundido. El buen trato que dispensó a los hombres le granjeó el respeto y agradecimiento posterior del propio senado estadounidense. Día 2 de julio, 24 horas antes de una batalla perdida de antemano, Cervera manda al obispo de Santiago numerosos documentos para que no se manche su nombre en Madrid en caso de derrota.

«Salga vuestra Excelencia (del puerto) inmediatamente». Las órdenes de Madrid hacia Cervera (que proponía hundir los barcos y defender desde tierra las posesiones) y a su escuadra les exigían salir del puerto de Santiago de Cuba pese a que esperándoles estaban los buques norteamericanos Indiana, New York, Oregon, Texas, Iowa, Brooklyn, Gloucester y Vixen. A la superioridad artillera y de blindaje de los americanos se unía el hecho de que los barcos españoles debían salir uno a uno del puerto.

El descalabro fue monumental. Se perdieron los buques Infanta María Teresa, el Vizcaya, Cristóbal Colón, Almirante Oquendo y las embarcaciones Furor y Plutón, de menor calado. Fallecieron 323 marinos y 151 resultaron heridos. Por la parte americana hubo un muerto y dos heridos pese a la buena puntería de los artilleros españoles. Ningún de sus barcos sufrió daños de consideración.

EE UU sí reconoce lo que Colau niega

Llama la atención que los enemigos de Cervera no pudieron dejar de reconocer su valentía tras el combate, algo que ha quedado en entredicho en Barcelona en esta semana. El Comandante del 'Iowa', capitán de navío Evans, le dijo a Cervera cuando llevaron al militar, tras la batalla, a su buque: «Caballero, sois un héroe. Habéis realizado el acto más sublime que se recoge en la historia de la Marina».

Cervera era tratado como una celebridad durante su cautiverio en EE UU. En agosto de ese año, se le ofreció la libertad a cambio de su compromiso de no volver a combatir contra los estadounidenses en esa guerra. El gaditano lo rechazó sabedor de que constituía una traición según la legislación española. Once días después, el gobierno de Estados Unidos les dejó libres a él y a todos los supervivientes de la Guerra.

En Madrid hubo ascensos tras el desastre de la campaña. A Cervera y a sus oficiales, por cumplir las órdenes recibidas, les abrieron una investigación. Cuentan las crónicas que cuando llegó a Madrid el ministro de Marina, Ramón Auñón, se compadeció de él diciéndole que había perdido mucho en la batalla de Santiago. «Todo menos el honor», le respondió el «facha» que ha perdido su calle en Barcelona.