DÍA MUNDIAL CONTRA EL CÁNCER

Cáncer: el tsunami que no se nombra

Carlos Canto, que superó un cáncer de piel, narra con crudeza y esperanza el proceso. Además llama a participar en los actos por el Día Mundial contra este mal porque «sólo con la unión de todos se puede vencer»

CÁDIZActualizado:

Esa palabra no se dice. Se buscan retruécanos imposibles y largas elipsis para evitarla. Y, sin embargo, se abusa de ella constantemente fuera de contexto. El paro es el cáncer de la economía. El entorno es el cáncer del Real Madrid. A Carlos le han detectado una cosa mala. «Hasta hace unos años el cáncer se vinculaba con la muerte algo que da miedo y vergüenza, así que no se hablaba de eso». A Carlos le detectaron una de esas cosas malas: un cáncer de piel. Fue en 2003, el punto de partida de una lucha que aún hoy no ha terminado.

Carlos Canto.
Carlos Canto.

«Yo sabía que tenía algo, pero no quería ir al médico por miedo. Finalmente fui y ya desde el primer momento el dermatólogo me dijo que tenía muy mal aspecto. A los pocos días me quitaron el lunar y al mes estaba entrando en quirófano».

La sensación de este gaditano, que ahora tiene 54 años, era «como a todos los que nos diagnostican un cáncer, mucha angustia y ansiedad ante las continuas pruebas, ante la incertidumbre de los resultados o ante la efectividad de los tratamientos». Al principio lo llevó mejor «porque veía que se actuaba con la cirugía», pero reconoce que la segunda parte, la de la quimio, le destrozó. «A mí no se me cayó el pelo, se me cayó la mente, y quien más lo sufrió fue mi familia y muy en especial Rosi, mi mujer», rememora Canto.

Con el brutal tratamiento y la insistencia de los médicos («que piensas que no hacen todo lo que pueden, pero que sí lo hacen») logró superar su cáncer. Pero la batalla continúa. Ahora, desde su vinculación con la Asociación Española contra el Cáncer. De hecho, es miembro de su Comité Nacional de Participación de Pacientes, integrado por ocho pacientes y dos familiares.

Además, es voluntario en Cádiz, donde participa acudiendo al Puerta del Mar para ayudar tanto a los pacientes como a los familiares, «que necesitan alguien a quien contar lo que no pueden decirle a nadie; el cáncer hace mucho daño, pero las conspiraciones de silencio en torno al enfermo, también».

Carlos acudió a la AECC cuando le diagnosticaron un cáncer «que pensaba que sólo le pasaba a los demás, nunca a mí» y ahora «le devuelvo esa mano a la sociedad que me tendió cuando lo necesité».

Su mensaje para los afectados es contundente: «El cáncer llega como un tsunami, pero es débil al amor, al coraje y a las ganas de seguir viviendo». También lo es para los no afectados, a los que recuerda que el cáncer es una enfermedad de todos «que hay que arreglar desde la investigación, los despachos, la calle y la colaboración ciudadana».