VÍDEO: Detención de Antón en su casa de Zahora. - LA VOZ
REPORTAJE

La caída de Antón, el legendario y fanfarrón narco de Barbate

Su chulería le llevó una temporada a pasear con un cachorro de león por su pueblo pero también escribió su final. Ahora, ha vuelto a ser condenado a seis años de cárcel

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Una de las últimas veces que detuvieron a Antón, el narco que movía más hachís de Barbate en la década de los 90, fueron a por él en un Land Cruiser. El coche era uno de los catorce vehículos de alta gama que le habían incautado en una operación anterior. Entraron en su chalet de Zahora, lo engrilletaron y cuando terminó el registro lo montaron en el todoterreno. «Me salió bueno este coche, ¿eh?», dijo con su personal fanfarronería a los agentes que le llevaban para el calabozo. «Lo llego a saber que os hace falta y compro uno 'pa' mí y otro 'pa' vosotros», se reía. Sin más. Sin pensárselo mucho.

Ese es Antón, un individuo capaz de hacer ese tipo de comentarios en momentos en los que cualquier otro temblaría o se callaría. Ahora, a sus 44 años, tras muchas idas y venidas de líos de todo tipo, vive a la sombra en Puerto II después de que lo cogieran por enésima vez en 2015 con su hijo, cuando éste aún era menor de edad, intentando colar 240 kilos por Conil. Así es su vida y de momento no cambiará. Si un recurso pendiente no lo impide, continuará entre rejas otros cuantos años más después de que le haya caído encima una nueva condena de cárcel por lo mismo, por seguir empeñado en navegar sin descanso por el delito.

La historia de Antonio Vázquez Gutiérrez es el relato de un marinero de profesión cuya vida laboral solo se parece a la de un pescador de verdad en que él también utilizaba un barco pero para cosas bien distintas. «La primera vez que lo paré se identificó con el 'folio' –la cartilla marinera–. Tenía unos 17 años», cuenta uno de los agentes de los tantos con los que se ha cruzado durante su azarosa vida. Ya entonces se manejaba con los portes de droga y comenzaba a tomar el relevo de su padre, el Antón 'viejo', un antiguo contrabandista de tabaco al que veneraba y que fue quien le mostró a él y a sus dos hermanos cómo podían manejar ese peligroso camino.

«En su época más activa podía llegar a meter hasta tres alijos, unos dos mil kilos de hachís, que entonces era mucho»

Pero Antón quiso mucho más. Su ambición y sobre todo sus ganas de ostentar, de presumir por el pueblo de todo lo que tenía, le hizo ser insaciable. «En una noche podía hacer tres alijos, unos 2.000 kilos». Eran otros tiempos donde los medios policiales eran más limitados y arcaicos, no había tantas redes de narcos y por fardo se llegaba a pagar mucho más. Además las embarcaciones también eran muy distintas a las potentes neumáticas que ‘vuelan’ ahora y tenían menor capacidad de carga. Sin embargo este barbateño contaba con la ventaja de que había también menos gente que se ofrecía a recorrer cargado de hachís los apenas catorce kilómetros que separan la costa gaditana de Marruecos. Hizo sus contactos con los proveedores y montó una plantilla de gente fiel que le 'trabajaba' sacada de su entorno y gente de confianza. Siguió moviéndose por la barriada de San José aunque ya tuvo dinero de sobra para comprarse también una parcela en Zahora donde se hizo una casa con todo tipo de lujos.

Fue esta su época más gloriosa y la que también le llevó al final. Antón y los suyos se hicieron famosos en Barbate por no escatimar en nada. Coches de alta gama, motos, quads, compras y comilonas sin miramientos... y una exótica afición por la que le dio y que mucha gente recuerda todavía. Paseaba feliz por el pueblo con un cachorro de león. «Se lo trajeron de Ceuta... lo llevaba como el que lleva un yorkshire». Hasta que evidentemente se lo quitó el Seprona. «Entonces estaba ya forrado y se volvía a montar en la ‘goma’ porque era lo que le gustaba, presumir de todo lo que hacía y tenía». Pero tanto exhibicionismo desmedido le pasó factura. Por un lado, la Guardia Civil acabó con su 'empresa', y por otro, a sus contactos marroquíes no les gustó ni lo más mínimo que fuera tan descarado.

Idas y venidas a la cárcel

El clan de Antón fue desmantelado en el año 2000 en la llamada 'Operación Espejo', en la que se aprehendieron 1.500 kilos de hachís, y fueron detenidas una veintena de personas e incautados numerosos bienes. La Audiencia le condenó a tres años y medio de prisión pero no los agotó ya que se le concedió la libertad por superar el máximo tiempo de condena sin sentencia firme. Después de este episodio fue de nuevo apresado por conducir sin carné y ebrio, pero al no tener antecedentes por este tipo delitos no fue a la cárcel. Su historial no quedó aquí.

Se llegó a fugar a Marruecos y desde allí concedió varias entrevistas pavoneándose de sus hazañas

En el año 2004, hacía caso omiso a una orden judicial que le obligaba a presentarse en un centro penitenciario tras perder uno de los recursos que tenía pendientes y se ordenó su busca y captura. A los seis meses volvía a aparecer. Y lo hizo como a él le gusta. Pavoneándose. Aparecía para toda España en una entrevista que desde su escondite en el norte de Marruecos concedía a un programa de televisión. Antón alardeó de su condición de fugado y presumió de ser un motor para la economía de Barbate, aunque la imagen que daba fue muy dañina para un pueblo trabajador. Incluso no dudó en burlarse de una supuesta recompensa que se ofrecía para quien diera alguna pista de su paradero, 3.000 euros eran «muy poco», dijo. Se le detuvo y pasó diez años en prisión. De nuevo su chulería le salió cara.

Dejó el chabolo y volvió a las andadas. Sin embargo ya no era lo mismo. El mercado del hachís había cambiado mucho y ya no encontró su hueco. Los que confiaban en él dejaron de hacerlo y alguno de ellos había ingresado en prisión. Compró una casa en Zahora y en el terreno hizo varios bungalows. Dijo que vivía de alquilarlos. Sin embargo cayó en 2014 por pertenecer presuntamente a una trama de distribución de cocaína en Barbate y Conil. Cocaína. Antón empezó a probar con esta sustancia, algo que, según los que le conocen, no hubiera visto nada bien su padre. «Ellos jamás habían tocado ni la coca ni la heroína».

En 2015, cuando se le detuvo por última vez y por lo que ha sido condenado a seis años de prisión.
En 2015, cuando se le detuvo por última vez y por lo que ha sido condenado a seis años de prisión.

Fue puesto en libertad con cargos y de nuevo lo intentó con lo de siempre. En noviembre de 2015 fue apresado por última vez junto a su hijo cuando navegaban hacia la costa de Roche con 240 kilos de hachís en una modesta lancha, una mercancía irrisoria para lo que había manejado siempre. Esa imagen, de Antón apresado por una 'carguita', al margen de un gran operativo y despliegue policial, fue una muestra más de la decadencia que él mismo se había ganado a pulso por su burlona fanfarronería.