Fotograma del documental ‘La gran ola’, en el que se indican las consecuencias de un maremoto en Cádiz.
Fotograma del documental ‘La gran ola’, en el que se indican las consecuencias de un maremoto en Cádiz. - LA VOZ
JORNADAS

Cádiz, en la pausa entre tsunamis

El Instituto Español para la Reducción de Desastres repasa los sucesos del maremoto de 1755 y denuncia que no hay plan ante otra ola gigante

CÁDIZActualizado:

Primero de noviembre de 1755. Cádiz se despierta con la tranquilidad que ofrecen los días festivos de otoño. Pero pronto la situación cambió dramáticamente y para siempre. Un violento terremoto se siente en la ciudad, con tanta violencia que la cruz que coronaba el campanario de la iglesia de Santo Domingo cayó a plomo contra el suelo. Y, sin embargo, los problemas no acababan sino de empezar. Minutos después llegaba la ola gigantesca que, además de llevarse por delante a unos cien gaditanos, moldearía buena parte de la identidad de la ciudad.

«Y, sin embargo, en muchos aspectos, la gente no sabe exactamente qué sucedió, qué consecuencias tuvo y que, además, se repetirá en un futuro con toda seguridad», explica José Antonio Aparicio, miembro del Instituto Español para la Reducción de los Desastres (IERD), entidad que desde 2015 organiza anualmente unas jornadas informativas sobre la relación de Cádiz con los maremotos. Una relación de punto y seguido porque como insiste Aparicio «es cuestión de ciencia, volverá a producirse un tsunami en las costas de Cádiz... y no estamos en absoluto preparados».

Este mensaje y, sobre todo, una lección de historia, se dará en las rutas que ha organizado el IERD para el martes y el viernes de la próxima semana. La primera se centrará en el entorno del Castillo de San Sebastián. «Les recordaremos que la ola penetró con gran fuerza entre los dos castillos, una zona en la que se situaba el antiguo Canal de la Caleta, donde no hay una defensa natural de roca», detalla Aparicio, «lo que inundó las zonas más bajas del entorno, en especial el área del Corralón y de Valcárcel, que quedó rodeado por las aguas».

Otra de las zonas bajas afectadas de la ciudad fue el entorno de la plaza de San Juan de Dios, de ahí la idea de organizar una segunda ruta, nueva este año, por los aledaños del Ayuntamiento. Aparicio, al hilo de esta visita, explica que se da la paradoja de que en caso de tsunami habría «calles que quedarían anegadas, que serían las que están a más baja cota, y calles completamente secas, en el entorno de las zonas más altas de Cádiz». Las zonas que se anegarían serían las próximas a La Viña y el entorno de Extramuros situado a menos altura. Zonas como la calle Sacramento, Bahía Blanca y, en general, la Avenida hasta el Pirulí quedarían secas.

José Antonio Aparicio, en el entorno de La Caleta.
José Antonio Aparicio, en el entorno de La Caleta.-Francis Jiménez

Mitos y olvidos del maremoto

Las visitas se completan con un conjunto de ponencias que tendrán lugar el jueves 2 de noviembre en el Aulario de La Bomba donde se analizarán tanto los hechos del maremoto del XVIII como los efectos del cambio climático en las mareas y los planes para la ciudad en caso de maremoto. Precisamente, lo poco que realmente se conoce del maremoto de 1755 es lo que más sorprende a los organizadores en las jornadas de años anteriores. «La gente se sorprende de que por las calles en las que se pasea diariamente murieron gaditanos a consecuencias del temblor, de que se atendiera a heridos en el hospital de San Juan de Dios... la gente se queda con que la Virgen de La Palma paró las aguas y poco más».

«Las crónicas dieron más importancia a la Virgen del Rosario, que fue nombrada patrona, que a La Palma a la hora de proteger Cádiz»
Aparicio, sin querer entrar en temas de fe, explica de forma lógica lo que sucedió ese día. «La misa no se celebraba en la iglesia, que ardió años antes, sino en la capilla trasera; cuando llegó la ola fueron a por el estandarte de la Virgen y entre que lo prepararon y salieron en procesión transcurrió un cuarto de hora aproximadamente... el tiempo que necesitó el mar para volver a su cauce».

El milagro, sin embargo, no gozó de la misma popularidad que tuvo uno similar atribuido a la Virgen del Rosario, a la que se sacó tras la llegada de la primera ola y se condujo hasta el baluarte que se situaba donde ahora está el Callejón de los Negros para que detuviera el desastre. «En reconocimiento, el Ayuntamiento decidió en Pleno reconocerla como patrona de la ciudad», detalla Aparicio.

En esa jornada, los gaditanos hicieron lo contrario de lo que hay que hacer en una situación similar, ya que «los que estaban en la calle corrieron a refugiarse en los templos, mientras que quienes estaban en las iglesias querían escapar fuera». Para colmo de males, un grupo de gaditanos escapó de la ciudad camino a San Fernando «y todos, menos dos, perecieron ahogados por la gran ola», detalla Aparicio. En ese tipo de circunstancias, cuanto más alejado se esté de las fachadas de los edificios, mucho mejor.

Un terror que volverá

Aparicio, a la hora de hablar del maremoto, recuerda las conclusiones que se sacaron tras la proyección de la película ‘La gran ola’, de Fernando Arroyo: el tsunami se volverá a repetir tarde o temprano. «En las jornadas que hemos realizado en años anteriores nos sorprendimos al constatar que muchos gaditanos pensaban que el maremoto de 1755 fue un hecho puntual, cuando es un episodio que se dio en el pasado y que, irremediablemente se dará en el futuro».

Respecto al pasado, Aparicio reconoce que no se pueden establecer dataciones completamente exactas, pero que la existencia de ‘paleotsunamis’ permite saber fechas aproximadas. «Sabemos, por ejemplo, que hubo uno muy fuerte en el siglo III en Bolonia porque han aparecido gran cantidad de conchas tierra adentro sobre la antigua calzada, también hay restos de un maremoto del 218 a. C. en el interior de El Puerto», detalla el investigador. No hay que remontarse tanto. En 1983 se produjo un aviso de tsunami por una ola gigante detectada cerca de Marruecos. Las fuertes olas golpearon con fuerza la costa noroeste de la provincia y se produjo una alerta con evacuación en la costa.

«Una alerta que ahora no podría producirse porque no hay ningún protocolo en caso de tsunamis», denuncia Aparicio, que detalla que en los años 90 «se establecieron los pasos a seguir en caso de terremoto, incendio, erupción volcánica... y se excluyó lo maremotos». En el IERD se quejan de que para la administración la posibilidad de un maremoto es un tema tabú. «No se ha hecho absolutamente nada con la población y si hay sistema de detección (desde 2015) es por las presiones de la ONU; en cualquier caso, ¿de qué sirve detectarlo si nadie sabe cómo actuar y cómo informar a la población?»