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La banda que dejó la firma del terror en Cádiz

«Desprecio absoluto por la vida», así definieron los agentes las maneras de la Banda del Ojos. Las dejaron bien marcadas a cuchilladas y golpes en el cuerpo de El Pelón, el joven chiclanero al que mataron

La banda que dejó la firma del terror en Cádiz
M. ALMAGRO - Actualizado: Guardado en: Cádiz Provincia

«Una banda liderada por un psicópata con un desprecio absoluto por la vida». Así definieron los investigadores al grupo de Ismael López, alias 'El Ojos', una organización integrada por españoles pero con formas exportadas de Europa del Este. Su violencia quedó marcada en sangre, fracturas y moratones en el cuerpo de 'El Pelón', un supuesto narco de Chiclana, con el que acabaron en agosto de 2014. El cadáver de este joven, cosido a puñaladas, lo arrojaron en un camino entre tierra y matojos después de haber estado durante horas torturándolo. Querían que les contara dónde había guardado los 400.000 euros que presuntamente se había agenciado éste de otro asunto de drogas.

Fue ese verano cuando incluyeron Cádiz en el mapa de sus objetivos. A los pocos meses caerían en la 'operación Periplo', una gran actuación de la Guardia Civil y la Policía Nacional que puso fin a los sanguinarios golpes de los hombres del ‘terror de Vallecas’. Ahora, esperan encerrados y divididos en cárceles de toda España el momento de rendir cuentas ante el tribunal de la Audiencia Provincial. El fiscal pide para ellos penas que van desde los 75 a los 55 años de prisión por hasta una decena de delitos. Entre ellos, asesinato.

Armas de todo tipo, caretas, alambres para estrangular... se les encontró.
Armas de todo tipo, caretas, alambres para estrangular... se les encontró.- LA VOZ

Vida de discotecas, drogas y sangre

El currículum delictivo del líder de la banda, Ismael López Gómez, se remonta a cuando tenía unos 20 años. Primero, estuvo envuelto en reyertas, palizas, robos... juegos peligrosos con el alcohol, la cocaína y el éxtasis. De carácter violento, se movía en la noche de Vallecas desafiando lo prohibido hasta que se le acusó de apuñalar al portero de una discoteca. Había mirado a su chica. A las pocas semanas le detuvieron por atracar un estanco. Le dejaron en libertad con cargos y, tres días después, empuñó un cuchillo para clavárselo a otro joven. Otra vez en una discoteca. Le condenaron por homicidio a doce años de prisión. Y fue allí, en el rosario de cárceles en las que estuvo, donde se sospecha que formó al menos parte su banda. Como preso conflictivo fue trasladado cada vez que la liaba a diferentes centros penitenciarios donde pudo conocer un amplio catálogo de expertos en distintas artes.

Se especializaron en buscar «buenos objetivos» que tuvieran un suculento botín pero no les complicara las cosas

Ya en la calle, su grupo se especializó en buscar «buenos objetivos». Gente que tuviera en sus manos importantes botines pero que ir a por ellos no fuera especialmente complicado. Llegar, actuar y marcharse. Eran itinerantes. Se movían allí donde mereciera la pena. Ocurrió así en Extremadura, donde torturaron a un empresario de Navalmoral de la Mata aunque éste les salió mal. Si lo terminaron en Cádiz, donde mataron «como a un perro» –así se expresaron según la calificación del fiscal– a David Muñoz, alias 'El Pelón', un vecino del Marquesado relacionado con el narcotráfico. Se dice que todo se pudo deber a un encargo por el que cobraban una jugosa comisión, pero este extremo no se terminó de confirmar del todo.

Centro de operaciones: El Puerto

Para ello trasladaron a la provincia toda su infraestructura. El primero en llegar fue el propio líder. Lo hizo en mayo. El Ojos buscó una casa en El Puerto. En la barriada de Sudamérica montó su centro de operaciones junto a su lugarteniente ‘Facu’, condenado por tenencia de armas. Una vez cerca de su objetivo, se puso manos a la obra para reclutar a gente local que le proporcionara información de base; aquellos detalles «del sitio» que pueden facilitar las cosas.

Así dieron con Lolo, El Pelirrojo, mecánico de un taller en Jerez que terminó sucumbiendo a sus encantos. Ya con el equipo completo –seis de ellos bajaron desde Madrid– fueron directos a por El Pelón. 34 años, con hijos y dedicado supuestamente al comercio de las piñas, aunque las pesquisas lo relacionaron rápidamente con otros asuntos más oscuros. Y justo eso fue lo que le pudo llevar a la muerte, el andar jugando con vuelcos y chantajes, donde no se andan con muchas delicadezas para ajustar cuentas.

Noche de las detenciones. Se actuó de manera simultánea.
Noche de las detenciones. Se actuó de manera simultánea.

Lo buscaron y lo encontraron. Entonces comenzaron los golpes y las puñaladas de heridas no muy profundas para evitar que se desangrara antes de tiempo. Hasta que les llevó hasta el botín. Bueno, parte del botín. Unos 60.000 euros que estaban metidos en una bolsa de plástico y enterrados debajo de un columpio en una casa de Sanlúcar. Después de ocho horas de tortura, el martirio para David ‘El Pelón’ acabó. Le asestaron hasta catorce puñaladas y lo degollaron con un cable. Su cuerpo se encontró tan desfigurado que solo lo pudieron reconocer por sus tatuajes. Su propio cadáver era la firma de una banda profesional y extremadamente violenta que querían dejar suficientemente claro lo que eran capaces de hacer.

MÁS INFORMACIÓN: El Ojos, acusado de torturar, secuestrar y matar a un presunto narco de Chiclana, se enfrenta a 75 años de prisión

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