Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
CÁDIZ - JEREZ | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Opinión

ENMIENDAS AL PARADIGMA

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Demos por hecho que Bolonia no va a suponer la «mercantilización» de la Universidad. Supongamos también que la Universidad pública seguirá siéndolo, como se asegura desde las instancias políticas correspondientes. Y que además llegan a cumplirse todas las expectativas de movilidad, convalidaciones y otros aspectos organizativos previstos. ¿Quiere ello decir que estaremos gozando de un modelo universitario acorde con las necesidades del presente y del futuro? Lógicamente, la respuesta depende de lo que entendamos por «necesidades», cuestión que el debate sobre Bolonia toca sólo superficialmente.
Para quienes aún consideramos crucial (en todos los sentidos: intelectual, social, científico, político...) el liderazgo innovador de la institución universitaria, hay cuestiones fundamentales que ni siquiera han sido planteadas, lo cual no tendría importancia si no estuviéramos hablando de lo que supuestamente estamos hablando: de una Universidad con auténtica voluntad de excelencia. ¿Cuáles son esas cuestiones? Por obvia cuestión de espacio las restrinjo a dos, y aún así, las expongo telegráficamente.
En primer lugar, el «encaje» de la institución en el contexto europeo: ¿Qué grado y qué tipo de compromiso va a asumir un modelo universitario que se pretende excelente, incluyendo, supongo, tanto una irrenunciable dimensión crítica sobre la realidad social y política, como también la insoslayable apuesta por un mercado laboral moralmente (y no sólo eficientemente) avanzado? En segundo lugar, ¿qué tiene que decir Bolonia acerca de la necesaria (ahora acuciante) transformación profunda del conocimiento y de los saberes, un reto pendiente no ya sólo para las universidades, sino para la sociedad planetaria del siglo XXI en su conjunto, pero que aquéllas podrían, en fin, propiciar y liderar?
No lo sabemos. Y no lo sabemos porque el discurso institucional con el que tanto rectores como políticos intentan defender estos días la bondad del proceso Bolonia es un discurso protocolario, gris, tibio, incapaz de ilusionar. Transparenta una realidad universitaria que no sé si coincidirá con la vida real de las Universidades actuales, ojalá que no, pues en él sólo se habla de diplomas, niveles, ciclos, convalidaciones, créditos, financiación..., es decir, de cuestiones meramente administrativas.
Los graves y complejos problemas que nos acechan requieren nuevos planteamientos y nuevas maneras de considerar el conocimiento, formas novedosas y creativas de entender la interrelación entre las distintas ciencias y disciplinas, más allá de una hiperespecialización anacrónica y limitante. Y son necesarios también nuevos compromisos de las instituciones (entre ellas la Universidad) frente a los poderes fácticos que frenan un progreso efectivamente democrático.
Existe, pues, una duda razonable: la Universidad concebida en Bolonia, ¿continuará siendo la de los saberes y disciplinas dispersos, sin apenas conexión; la que parece estar más por la preservación del statu quo intelectual, social, económico y político que en trascenderlo con nuevas visiones, nuevos caminos, nuevas actitudes?

Vocento
SarenetRSS