EL JEME
La verdad es que esto de los significados de los apellidos procura enormes sorpresas, si se busca garzón en el diccionario RAE, el primer y el segundo significado que se obtienen es «mozo varón», el tercero alude al «ayudante por quien el capitán comunicaba las órdenes» y el cuarto a «hombre que comete sodomía». Por eso nadie debiera extrañarse de que este joven varón judicial fuese a una cacería a que su jefe le comunicase las órdenes para después ejecutarlas en el cuarto sentido respecto al enemigo político.
Sin embargo, en este cuarteto formado por el juez, el político, la fiscal y el poli, por cierto el mismo poli que se trajo a Roldán de Laos, el comportamiento más reprobable es el del juez, porque de los políticos ya sabemos lo que se puede esperar y al fin y al cabo ha dimitido, pero al juez se le debe exigir que cuide sus relaciones y amistades, porque la imparcialidad que le resulta exigible no es otra cosa que la ausencia de circunstancias externas que empañen la apariencia de neutralidad. La mayoría de los jueces observan escrupulosamente esta exigencia, absteniéndose en aquellos casos en los que pueda ponerse fundadamente en duda su imparcialidad, pero algunos no lo hacen y señaladamente Garzón se ha pasado esta exigencia ética y profesional por el forro de sus intereses políticos. Por eso resulta tan decepcionante que todas las Asociaciones Judiciales, que debieran haber sido las primeras en mostrar su más radical rechazo a este indigno comportamiento, hayan, en cambio, optado por un silencio corporativista que les resta credibilidad y le causa un daño inmenso a la, cada vez más, maltrecha confianza de los ciudadanos en la justicia.





