NADANDO CON CHOCOS
Lo de la guasa del Latitude es otra bomba de relojería. Ayer por la mañana hizo saltar por los aires las trolas de los niños a sus padres, las cervecitas con los amigos -o amigas, no te enfades, Bibiana- en la peña enmascaradas de reuniones de trabajo, los ensayos de carnaval que se alargan con tres hielos, las visitas a las zapaterías de los funcionarios, las mentiras a los jefes, el escaqueo, las sorpresas, los asaltos febriles de los amantes en hoteles de ciudades extrañas elegidas al azar.
Dinamita. La compañía acaba de terminar con el término perderse. Para latitudes sociales como la de Cádiz, el invento puede suponer un cataclismo parecido a la pérdida de la industria, como el soterramiento, pero al revés. Tendrá que replantearse su concepción del mundo. A partir de ahora, todos sabrán dónde están todos. También lo sabrán Google y su base de datos, y hacer una flor no está precisamente dentro de sus objetivos.





