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CÁDIZ - JEREZ | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 mayo 2013

Opinión

NADANDO CON CHOCOS

Dice un proverbio indio que ninguna máquina será nunca capaz de hacer una flor, cosa que todavía está por ver. Allí se van a vender ordenadores portátiles a partir de verano por 7,71 euros, una noticia que plantea si los que se compran en Cádiz son cien veces mejores o sólo cien veces más caros. A la espera de conseguir fabricar la flor, las nuevas tecnologías se están dedicando a hacer monerías que satisfagan a un ingente mercado de cientos de millones de capullos.

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La última la firma Google, que se ha sacado de la manga Latitude, un programa que permite a los mortales saber dónde están otros mortales en cada momento. El descubrimiento es comparable a la energía nuclear, por el ingenio y también por el peligro. El invento de partir los átomos hubiera sido estupendo si el humano fuese estupendo, cosa demostrablemente falsa sin ayuda de ninguna fórmula.

Lo de la guasa del Latitude es otra bomba de relojería. Ayer por la mañana hizo saltar por los aires las trolas de los niños a sus padres, las cervecitas con los amigos -o amigas, no te enfades, Bibiana- en la peña enmascaradas de reuniones de trabajo, los ensayos de carnaval que se alargan con tres hielos, las visitas a las zapaterías de los funcionarios, las mentiras a los jefes, el escaqueo, las sorpresas, los asaltos febriles de los amantes en hoteles de ciudades extrañas elegidas al azar.

Dinamita. La compañía acaba de terminar con el término perderse. Para latitudes sociales como la de Cádiz, el invento puede suponer un cataclismo parecido a la pérdida de la industria, como el soterramiento, pero al revés. Tendrá que replantearse su concepción del mundo. A partir de ahora, todos sabrán dónde están todos. También lo sabrán Google y su base de datos, y hacer una flor no está precisamente dentro de sus objetivos.

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