Según sus promotores, esta directiva permite que cada trabajador pueda negociar individualmente con el empresario la duración de su jornada de laboral. De lo cual se deduce un claro «divide y vencerás», una clara intención de minar la negociación colectiva que es la que realmente puede hacer fuerte al trabajador a la hora de exigir sus derechos.
Es desalentador comprobar la pérdida continua de poder adquisitivo y el empeoramiento paulatino de las condiciones de contratación y de trabajo. Todo ello justificado por amables eufemismos inventados por la moderna economía global, y que no son otros que: flexibilidad, productividad, competitividad y deslocalización.
La UE, con esta directiva, pretende poner nuestros derechos laborales a la altura de los derechos tercermundistas de los países emergentes, en lugar de equiparar los suyos a los nuestros. Con esta normativa, si el Parlamento Europeo la aprobara, la UE daría un paso atrás en justicia social y, por tanto, en credibilidad ante sus ciudadanos y ante el mundo.
Pedro Serrano Martínez. Cádiz





