Odyssey nunca contó con licencia para explorar estos pecios, ya que la que había sido aceptada a instancias del Gobierno británico por los ministerios españoles de Exteriores y Cultura y con no pocas precauciones por la Junta de Andalucía, correspondía a otro supuesto hallazgo, el del HMS Sussex, en aguas próximas a Gibraltar. Habría existido un evidente abuso en la buena fe de ambos ejecutivos porque, a la luz del sorprendente rescate, todo parece indicar que se trataba de un señuelo para distraer a la opinión pública. Podría tratarse del galeón Merchant Royal, un barco inglés que naufragó cerca de las islas. Aunque tal vez fuera, en realidad, "El Dorado de los Mares", bajo bandera española, y esa podría ser una de las bazas de Madrid a la hora de reclamar la preciada carga. La empresa estadounidense baraja otra tesis: según las leyes de salvamento marítimo, les correspondería el 90 por ciento del rescate, a pesar de que un tribunal le diera la razón a otros demandantes. Habrá que precisar en cualquier caso, dónde fue localizado el pecio: ¿en aguas del mediterráneo a dos pasos de Málaga, o en el Atlántico, cerca del Algarve portugués?. Las declaraciones formuladas por Odyssey Marine ante las autoridades gibraltareñas los días 10 de abril y 16 de mayo se basan en esa segunda hipótesis y en que se trata de 500.000 monedas. Los satélites, sin embargo, conducen a la primera de ambas localizaciones, lo que daría mayor peso a la reclamación española, sobre todo si se tratase del Mar de Alborán, cuyas aguas corresponden plenamente a la jurisdicción de nuestro país. Otro respaldo legal estriba en la resolución número 19 de Icomos, un organismo dependiente de la UNESCO, que ha criticado abiertamente la actuación seguida por Odyssey.
A pesar de que en España se le califique contundentemente como una empresa pirata, Odyssey Marine Exploration -creada en 1994 por John C. Morris y Greg Stemm goza de considerable prestigio en Estados Unidos. Y, desde luego, dispone de medios de los que carece la administración española, prácticamente desnuda ante este tipo de saqueos.
Se calcula que, durante sus campañas en el Estrecho y en aguas próximas a dicha zona marítima, sus sistemas de rastreo y localización habrían dado con 418 pecios, entre los que figurarían 23 barcos con posible carga a bordo. Tanto su principal navío, el que lleva el nombre de la empresa, como el Ocean Alert habrían extraido el tesoro entre los meses de febrero y abril. Hubo dos embarques desde Gibraltar, el del 10 de abril, que según Stemm consistía en grupos de monedas de plata y pequeños artefactos misceláneos, que viajaron a bordo de un G5 y el del Boeing 747 de la North American Airlines que voló desde Gibraltar hasta el aeropuerto John Fitzgerald Kennedy de Nueva York, y desde allí a Tampa, en Florida, donde reside la compañía. Según el cargo, esta vez volvían a tratarse de artefactos misceláneos y 552 envases de monedas de plata, sin que se mencione el oro.
A favor de España juega el primer convenio de la historia sobre Protección del Patrimonio Arqueológico Subacuático, aprobado por la UNESCO en noviembre de 2001, y que considera que los llamados Navíos de Estado, aquellos fletados por un Gobierno concreto, siguen siendo territorio de ese país aún estando en el fondo del mar. Hay, sin embargo, un precedente, el de la fragata Juno y La Galga de Andalucía, que naufragaron frente a las costas de Virginia, con un cargamento de plata valorado en 500 millones de dólares. España logró el respaldo de las autoridades de EE.UU y obligaron a los cazatesoros de Sea Hunt a entregar su carga. Por ahí va la estrategia de James A. Goold, cuyo bufete tiene sede en Washington. Se trataría de «reivindicar el principio legal de que el legado cultural español que se encuentra bajo las aguas jurisdiccionales no puede ser recuperado sin la autorización del Estado español». Suerte..





