Diego de los Santos Rubichi, gitano de bien y nobleza cantaora, estuvo presente en el Astoria. Y no sólo porque se le mencionara continuamente y se le dedicaran todos los cantes; Diego estaba anunciado en el cartel del segundo Viernes flamenco. Es por ello, que no me pareció lo más oportuno cerrar con un fin de fiesta. Ni porque estuviera en el contrato o en el guión preestablecido, lo justifica. No era el día para festejar nada con pataítas de todo a cien y burlerías. Que conste en acta.
Centrándonos en el terreno puramente artístico, la noche tuvo un nombre propio: David Lagos. Hay que ponerse en pie tanto por el magnífico recital ofrecido como por homenajear a la piedra angular del cante jerezano, Don Antonio Chacón, condenado míseramente en su ciudad natal al ostracismo y el anonimato más cruel por aquellos que juzgan a los artistas por el color de la piel. Ni siquiera se le ha repuesto el busto, ya van dos años, que tenía en la Plaza de San Agustín. Por todo ello, el reconocimiento que realizó David no sólo me pareció hermoso sino un acto de verdadera justicia histórica.
Escoltado por su hermano Alfredo comenzó interpretando la vidalita y la milonga con un engarce original con la malagueña A qué tanto me consientes, aquella que sirvió a Don Antonio para homenajear a la Trini, y rematándola con el abandolao. Luego sacó un gran partido a la siguiriya escogiendo dos piezas extraordinarias: el Reniego que Tomás Pavón tomó de Antonio Cagancho y el A las dos de la noche de Curro Durce (versión Chacón) con un ligero matiz personal para el cierre. Alegrías con cambio al mirabrás, fandangos evocando a Paco Toronjo por Huelva y el grande de El Gloria y bulerías con algún guiño a La Plazuela fue su bagaje artístico. El mismo que basado en el conocimiento, el buen empleo de las facultades, la variedad de repertorio y el uso de letras nuevas y propias, han hecho entrar a David Lagos por la puerta grande en Jerez, aunque a algunos les pese en el alma. Lo siento por ellos.
Macarena de Jerez hacía algún tiempo que no participaba oficialmente en Jerez. Mostró una gran pundonor en un recital que transcurrió entre los tientos y tangos, soleá de Alcalá, Andonda y Juaniquí, malagueñas del Mellizo y bulerías con cuplé, la acompaño Manuel Jerito. Por su parte, la responsabilidad del baile estuvo bien cubierta por Patricia Ibáñez, quien tanto en la siguiriya como en la bulería se mostró elegante, con recursos y buena colocación obteniendo una más que lucida intervención.
Eva de Rubichi, junto a su marido Domingo, hicieron de tripas corazón para poder sacar adelante un recital más que meritorio. Las lágrimas se meten en la garganta y el recuerdo atenaza los dedos pero ambos tuvieron todo el coraje y la dignidad para tributar el mejor homenaje a Diego Rubichi en su fatal sustitución. Ante este derroche de profesionalidad, raza y honestidad no cabe sino el más cabal de los abrazos a Eva y Domingo. Ellos con el alma encogida y la cabeza por encima de las nubes dieron una lección de entrega que seguro hizo muy feliz a Rubichi que ya debe estar en el tablao de la gloria y cuya ausencia bien debió un cierre de espectáculo más decoroso y acorde con el hermoso recuerdo que ha dejado entre nosotros.