Sábado, 18 de agosto de 2007
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ESPAÑA

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Miguel Sanz desoye a Rajoy y se ratifica en que UPN debe tener grupo propio en las Cortes
El reelegido presidente navarro admite que sus 'guiños' a los socialistas responden a la «necesidad» de quien gobierna en minoría
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El presidente de Navarra, Miguel Sanz, ignoró los llamamientos a la cautela de Mariano Rajoy y se ratificó en la conveniencia de que su partido, Unión del Pueblo Navarro (UPN), cuente con grupo parlamentario diferenciado del Partido Popular en el Congreso y el Senado para que la voz de Navarra en el Parlamento no esté monopolizada por Nafarroa Bai. El jefe del Ejecutivo foral indicó que con esta iniciativa no pretende «abortar» el pacto entre su formación y los populares.

Sanz no siguió los dictados del líder de oposición en el sentido de que «no toca» ahora hablar de si UPN se desgaja del PP en las Cortes y forma su grupo parlamentario. Sostuvo que su propuesta no debería sorprender «a nadie» porque UPN «desde hace meses, incluso años», ha trasladado al partido opositor su deseo de «tener mayor protagonismo» en los debates nacionales que se sustancian en el Congreso de los Diputados y el Senado, y no quedar difuminados dentro del grupo popular.

El presidente navarro negó que esta iniciativa vaya a poner en peligro el acuerdo con el PP pues no busca «cuestionar o ahondar en las diferencias» que mantienen con el partido que lidera Mariano Rajoy. Con ese pacto, subrayó, «nos ha ido bien» y no se trata ahora de «satanizar las coyunturas» cuando los populares no gobiernan en España. Se trata, explicó en declaraciones a la cadena Ser, de que «la unidad constitucional y la voz de Navarra no sólo puede estar en los grandes debates» parlamentarios representada por Nafarroa Bai.

Malestar popular

La idea de Sanz ha causado malestar en la dirección del Partido Popular, pese a que por el momento se ha impuesto la consigna de la discreción. Sólo el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, se atrevió a decir que la idea «no es conveniente». Dentro de UPN también se han alzado voces críticas con la propuesta, como la del diputado Jaime Ignacio del Burgo, quien declaró que «sin los populares UPN sería una gota en el océano».

La reacción de su líder de filas no se hizo esperar. El jefe del Ejecutivo navarro mostró su extrañeza por la postura de su compañero ya que fue Del Burgo el que solicitó a UPN que sus diputados se sumasen a los de Coalición Canaria para que los nacionalistas insulares formasen grupo parlamentario. Se refería a que en el año 2000, el PP cedió los tres parlamentarios que entonces tenía UPN en el Congreso a Coalición Canaria para que constituyese su grupo en la Cámara Baja. Una cesión que ahora se ha sabido que desagradó a sectores del partido regionalista navarro. «Fíjese lo que nos agradaba entonces formar parte del grupo canario», comentó Miguel Sanz con acidez.

En busca de aliados

El líder foralista admitió también que «los guiños» que ha dirigido en los últimos días a los socialistas están, entre otras razones, motivados por «la necesidad» de conseguir estabilidad para su Gobierno en la comunidad. UPN y su socio Coalición de Demócratas Navarros suman 22 de los 50 escaños de la Cámara autonómica y deberán recurrir a los votos del PSN, ante la imposibilidad de dirigirse a Nafarroa Bai o a IU, para sacar adelante sus futuros proyectos.

Sanz negó, no obstante, sentirse «un presidente hipotecado», aunque pueda dar «esa sensación» fuera de Navarra. Señaló que «la cultura del pacto» ha sido moneda corriente entre UPN y PSN y confió en que así será también en esta legislatura pese a las serias desavenencias registradas en la última.

Rechazó asimismo que haya modificado sus posiciones en materia de lucha antiterrorista para agradar al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Sostuvo que «siempre» ha defendido que «el liderazgo» en la política antiterrorista corresponde al jefe del Ejecutivo de España, pero que también debía existir «unidad» entre los dos partidos mayoritarios, PP y PSOE.

El presidente navarro garantizó que «siempre» estará con «el Gobierno de España, esté quien esté al frente», para acabar con el terrorismo y atribuyó las discrepancias pasadas a que el diálogo con ETA que impulsó Rodríguez Zapatero formaba parte de «un mal proceso».

 
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