Tiger Woods va a terminar el año con un torneo de Grans Slam en su haber, el PGA de Estados Unidos que se está disputando en el campo de Southern Hills en Oklahoma, en el medio oeste americano. El número uno del mundo terminó la ronda del sábado con una consistente tarjeta de 69 golpes, que le colocaron como líder en solitario del torneo con un parcial de -7.
Por detrás, apenas había una oposición sólida al jugador americano que, salvo debacle de última hora, todo apunta a que sumara su cuatro torneo del PGA de EE. UU. (1999, 2000, 2006), segundo consecutivo. Al cierre de esta edición, Tiger no había comenzado como más le gusta, sino que al segundo hoyo de su recorrido ya había cometido un bogey dejándose un golpe en el camino y permitiendo que el también americano Woody Austin se colocara a dos golpes. Y por detrás, el siempre peligroso Ernie Els con -3.
Y ahí se acababa la historia de este torneo, puesto que el resto de favoritos se han ido quedando por el camino. Las dificultades del campo han dejado sólo a seis jugadores por debajo del par del campo y poca emoción en la ronda final. Volvemos a los viejos tiempos, cuando Tiger Woods era dueño y señor del golf, y toda la emoción residía en ver cuántos golpes de ventaja sacaba al segundo clasificado, y si iba a batir otro récord de resultados. La dictadura del más grande en la actualidad.