No puede vaticinarse que será la historia de un cierre anunciado, pero en un guiño de un salto de siglo, la historia tabaquera de Cádiz ha quedado prácticamente reducida a cenizas, con sólo 315 empleados con una cincuentena de años de media a sus espaldas y perdidos en una factoría de quince hectáreas. Un tercio de la plantilla que en la década pasada se afana, sin refuerzos en 30 años, por mantener encendido en Zona Franca el testigo de una tradición que con la mudanza desde la calle Plocia inició una lenta decadencia. Hoja a hoja se ha ido esfumando el olor dulzón del tabaco, ya sólo levemente perceptible en los días de Levante, y los temores de que termine extinguiéndose son evidentes entre una plantilla que con la última Faria vio irse muchas esperanzas de que la actividad se reavivara tras la alianza sellada con los franceses de Seita en 1999.
Freno administrativo
En este letargo, agudizado por la Ley antitabaco y las constantes subidas impositivas para rebajar el consumo, es cuando entra en liza la multinacional inglesa Imperial Tobacco con una Oferta Pública de Adquisición (OPA) de 16.000 millones de euros y unas conversaciones que ya apuntan, según periódicos nacionales, a que las centrales de las divisiones de cigarros (puros) y logística -tercera pata de la actividad de ambas- se quedaría en Madrid, mientras que la de cigarrillos -la producción de Cádiz- se establecería en la casa inglesa de Bristol.
Actividad y negocio
Éstas son algunas de las pretensiones de una armada que cuenta con 14.500 trabajadores, la mitad que Altadis, e ingresó el año pasado más de 17.000 millones de euros, un 36% más que la hispanofrancesa. Esto quiere decir que Imperial obtiene por persona casi 1,2 millones de euros frente a los 450.000 euros de Altadis, casi el triple.
No es la única divergencia entre ambas compañías. La fabricante de marcas como Davidoff, West o John Player Special mejoró su facturación el año pasado un 4%, mientras que la heredera de la histórica Tabacalera Española -productora de Fortuna, Nobel o Ducados- redujo sus ingresos un 1,7% arrastrada por la caída en las ventas de cigarrillos. Esta merma, unida a los procesos de cierre de factorías como la de Sevilla y la campaña antitabaco, desplomaron los beneficios netos hasta los 450 millones de euros (un 21,5% menos), camino contrario al seguido por Imperial Tobacco, que volvió a subir hasta los 1.200 millones.
Sin embargo, de la fusión de ambos -para Imperial sería la decimocuarta adquisición, y la más importante, en sólo diez años- saldría un nuevo gigante del tabaco capaz de batirse con Philip Morris (Marlboro y Chesterfield, entre otros), o British American Tobacco (Lucky Strike o Pall Mall) y Japan Tobacco (Winston o Camel). Entre ambas, la presencia en Europa occidental saldría muy fortalecida, ya que son sus grandes feudos (para Altadis, España y Francia, sobremanera, y para Imperial, Reino Unido y Alemania), y, además, arrollarían en nuevos mercados como el marroquí y podrían expandirse, potenciando la estrategia de internacionalización emprendida por ambas, por el continente suramericano y el asiático. El problema es que esta red podría dar lugar a duplicidades de actividad que obligarían a reordenar la nueva compañía e, indefectiblemente, a regular producciones y plantillas.
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