Viernes, 8 de junio de 2007
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CULTURA

MEMORIA DE LA FRONTERA
Ramón Puyol: el olvido de un centenario
Ramón Puyol: el olvido de un centenario
'Descanso en el frente', un ejemplo de la etapa más comprometida de Puyol.
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Carmen Bustamante clausura su exposición en el Museo de Cádiz, justo cuando Guillermo Pérez Villalta abre su taller en las paredes de la galería sevillana de Rafael Ortiz. Ambos pintores dan cuenta de la salud de la plástica gaditana en dos vertientes y generaciones distintas. Quizá a ambos les beneficie desde luego la relativa normalidad democrática de nuestros días, algo que sin duda tuvo que echar de menos Ramón Puyol (Algeciras, 1907-1981). Su centenario se cumplió el pasado 25 de febrero pero a escala estatal y provincial nadie lo recordó. En su ciudad natal, al menos le han reservado un pequeño homenaje durante la inauguración de la Feria Real, que este año se le dedica.

Puyol fue mucho Puyol y necesitaría algún gesto oficial que contribuyera a mantener su memoria. En 1923, cuando contaba 16 años de edad, se estableció en Madrid, donde frecuentó luego a artistas y escritores de la talla de Luis Buñuel, Rafael Alberti, Juan Ramón Jiménez o Federico García Lorca. Becado en Roma, en 1926, conocerá luego París y Londres. A los pocos días de proclamarse la Segunda República, Puyol se suma al manifiesto dirigido a la opinión pública y a los poderes oficiales, que en el periódico La Tierra reclama, con Josep Renau y muchos otros «un sentido amplio y renovador a la vida artística nacional, recabando los derechos que como clase nos corresponde, para garantizar el libre ejercicio de nuestra actividad».

Escenógrafo de Rafael Alberti, Ramón Puyol prepara la escenografía de La chinche, de Vladimir Maiakovski, para su estreno en Moscú y en Madrid. También ilustró portadas o libros de John Dos Passos o de Ramón Franco, Ramón Gómez de la Serna (Efigies, 1929), Victor Serge (Los hombres en la cárcel, 1930), Benjamín Jarnés (Locura y muerte de nadie, 1929) o José Díaz Fernández (La venus mecánica, 1929). En prensa, publicará en periódicos como Nuestra palabra, La gaceta literaria, Nueva España, Mundo obrero, El mono azul o, ya en plena guerra civil, en Altavoz del frente, donde asumió la responsabilidad de la sección de Artes Plásticas: «Lo más expresivo que se está haciendo sobre la gloriosa muerte y recuperación de España», le saludó Victorio Macho en 1937. Ese mismo año, según reseña José Riquelme, llevará al Pabellón Español de la Exposición Internacional de París, sus litografías «plenas de imaginación y creatividad, con una clara intención satírica y burlona».

Era una serie de propaganda republicana que reunió los títulos de El pesimista, El optimista, El derrotista, El acaparador, El izquierdista, El estratega, El turista, El bulista, El espía y El rumor. Al tiempo, añade los cuadros Descanso en el frente y En el frente, sobre el tema de la Guerra Civil: «El arte por el arte ya no tiene razón de existir, ni ha existido nunca. Para que el arte tenga razón de ser, tiene que estar al servicio de una causa», me diría años después.

«Fue, en suma, uno de aquellos intelectuales que metidos hasta el cuello en la tormenta española, no vacilaron en tomarse al duro pie de la letra aquello que exigía Lenin de el artista debe ser una pequeña tuerca», analizó Juan Manuel Bonet. Siete años de cárcel, condenado a muerte en dos ocasiones, con dos simulacros respectivos de fusilamiento, alivió su cadena perpetua a cambio de restaurar los frescos de Maella y de Tiepolo de San Lorenzo de El Escorial y El Palacio de Oriente.

De esa etapa, destacan una serie de acuarelas sobre el mundo carcelario que le tocaba vivir.

Tras la contienda, ya no más caricaturas hiperbólicas, con el lema del «No pasarán». Tendría que volver a un realismo alimenticio que se iría centrando en el retrato y en el paisaje como pretextos habituales, con la acuarela y el óleo como principales soportes.

Es -dirá Bonet¯obra de derrotado: «Censura y autocensura, forzosa renuncia al proyecto político-cultural vivido hasta 1939. Obra que se asienta, obviamente, sobre presupuestos estéticos tradicionales». En 1968, volvió a Algeciras. Allí le aguardaba la muerte. Ahora, el olvido le acecha en cualquier parte.

 
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