Miércoles, 30 de mayo de 2007
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El mensaje de la ciudadanía
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Si se examinan con algún cuidado los resultados de cualquier elección, se advierte siempre la mano sabia de la sociedad civil, que llena de matices los resultados aritméticos y desmiente la idea de que el electorado es inorgánico y amorfo. Por supuesto, también ha ocurrido tal cosa este 27-M, y con particular sutileza. Veamos algunos elementos concretos del mensaje que la ciudadanía acaba de emitir. En primer lugar, y puesto que ha habido quienes se han empeñado en sacar a la campaña electoral cuestiones de Estado, especialmente la política antiterrorista y el mal llamado proceso de paz, que no estaban en el temario local, habrá que considerar la respuesta ciudadana a esta cuestión. Y en Euskadi, el PSE-PSOE ha obtenido uno de los mejores resultados de su historia reciente: el primer lugar en Guipúzcoa y en Álava, así como en San Sebastián y en Vitoria. No parece que la sociedad vasca haya, pues, detestado los esfuerzos socialistas por auspiciar un final dialogado de la violencia ni la política antiterrorista practicada por el Gobierno Zapatero.

Paralelamente, en Navarra, la estrepitosa consigna del España se rompe y el tremolar reciente y exaltado de banderas españolas en las calles de Pamplona no han merecido la respuesta que esperaban los sembradores de tal alarma. El pueblo navarro, insensible a tales extremosidades, que sólo han servido para llenar de votos al PP madrileño, ha privado con lacónica frialdad a UPN de la mayoría absoluta, con lo que está abierta la vía a otras fórmulas de gobierno menos propensas a la dramatización de la realidad. En Cataluña, la ciudadanía está irritada, y lo manifiesta. Lo hizo en el referéndum sobre el Estatuto de Autonomía con una clamorosa abstención de 50,59%. Lo volvió a hacer poco más tarde al adelantarse las elecciones autonómicas, que se celebraron el 1 de noviembre del 2006 y sólo lograron una participación del 56,7%... Y lo ha hecho ahora, en las municipales, con una participación que no ha llegado al 54%, ni al 50% en la ciudad de Barcelona. Por añadidura, se han registrado 90.000 votos nulos, el doble que en el 2003. Esta baja participación no ha sido inocua: el PSC ha perdido 180.000 votos, una cantidad que explica por sí sola -al margen del buen resultado del PP en Madrid- la derrota socialista frente al PP en el cómputo global de sufragios. CiU, que estuvo relativamente al margen de los principales escándalos estatutarios, ha sido el único partido que ha mejorado sus posiciones porcentuales, pese a lo cual su poder municipal ha perecido arrastrado por el tripartito: la ciudad más importante con alcalde convergente es actualmente Sant Cugat del Vallès.

Pero aún hay más signos de descontento en Cataluña: al surgimiento de Ciutadans, que ya fue el fruto de la contestación que generaba la deriva nacionalista del PSC-PSOE de la mano de Maragall, hay que añadir el de las Candidaturas d'Unitat Popular, más independentistas y radicales que Esquerra Republicana, que ya han conseguido 20 concejales. Y, lo que es más grave, también ha aparecido una sedicente Plataforma per Catalunya, de claros tintes xenófobos, que se implanta allá donde la inmigración es más notoria y que ha conseguido 17 concejales. En Madrid, la ciudadanía ha castigado con dureza al PSOE por un doble error imperdonable: primero, el desembarco a última hora del paracaidista Miguel Sebastián, ex asesor y amigo de Zapatero, totalmente desconocido en la política; después, el intento de Sebastián de utilizar la vida privada de su adversario para desacreditarle. A todas luces, en Madrid se ha producido un fenómeno que trasciende de la pura significación partidaria de los políticos: se ha premiado el trabajo bien hecho y a quienes han demostrado solvencia en los últimos cuatro años

 
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