Vaya empeño que tenían todos ayer en Ponferrada con el tema de los maletines. Aficionados, entrenador, prensa... todos conincidían en que la intensidad con la que el Cádiz jugó el partido no era normal. Les olía a chamusquina. Pues qué quieren que les diga. A estas alturas de la Liga, cada año, las primas por ganar son tan habituales que aburre repetirlo. Sinceramente no tengo la más remota idea de si los jugadores del Cádiz mangaron ayer o no. Si lo hicieron, pues para ellos. Si no, pues vale.
Es absurdo sorprenderse, y más aún escandalizarse, por este asunto. Personalmente ya lo dejé aquí por escrito tras el partido ante el Xerez. Entonces los jugadores se pasearon, como volvieron a pasearse hace siete días frente al Lorca, y mucho me temía entonces que sólo volveríamos a verlos entregarse a tope cuando hubiera algún incentivo de por medio. Más me reafirmé en mi teoría cuando escuché las palabras de Paz sobre meter la pierna o no.
Así que si, como parece, ayer los jugadores del Cádiz se dejaron la piel y algo más en El Toralín, a mí no me estrañaría nada que se hayan vuelto con algo más de pasta en el autobús de la que llevaban a la ida. Y no me parece mal el hecho en sí. Lo que me toca las narices es lo otro. El verlos pasearse y no estar a la altura de la camiseta que visten.