Ni uno solo de los municipios de la provincia gaditana, ni siquiera Torrealháquime o Villaluenga del Rosario, se salvaron el pasado año de registrar algún accidente laboral. Éstas dos, junto a Algar y Benaocaz, fueron las únicas localidades donde los casos de siniestralidad en los puestos de trabajo se pudieron contar con los dedos de la mano, una realidad muy diferente a la de Puerto Real y Chiclana, los puntos con mayor incidencia de este creciente fenómeno laboral que ha concitado la preocupación no sólo de las autoridades administrativas y sindicales, sino también de las judiciales.
Estas dos localidades de la Bahía son las que tienen mayor número de accidentes proporcionalmente a su población, aunque más que ellas y muy por encima de la media de la provincia despunta el Campo de Gibraltar, donde Los Barrios y San Roque marcan unas diferencias abismales con el resto del territorio, según datos facilitados por el Centro de Prevención de Riesgos Laborales de la delegación de Empleo de Cádiz. En la primera de ellas, los casi 21.000 barreños soportaron 1.450 desgracias a lo largo de los últimos meses, lo que la coloca con el peor ratio provincial, un 7%, o lo que es lo mismo, un percance por cada catorce vecinos.
Volviendo a la Bahía, en el caso puertorrealeño, los 1.115 siniestros que se contabilizaron en 2006 supone una tasa del 2,9% sobre los 38.000 habitantes que tenía empadronados en enero. La alta industrialización de esta villa es, indudablemente, el motivo de este negro liderazgo y también de los 17 casos graves, aunque ningún fallecido, que se produjeron el mismo año.
El efecto del ladrillo
El otro epicentro de actividad en la Bahía, Chiclana, en este caso por el sector servicios y la construcción, también ostenta un infausto liderazgo en la siniestralidad laboral. Sus más de 72.000 habitantes lamentaron ese mismo año 1.926 accidentes, lo que supone un índice del 2,6%. Por detrás, Jerez (con un 2,5% y 4.950 casos), El Bosque, que se cuela entre las grandes estadísticas con un 2,5% -asociado en gran parte a la construcción-, y Cádiz (con un 2,2% y 2.900) son otros puntos cuya población padece un elevado impacto de esta lacra del mercado de trabajo que en la provincia se tradujo, hasta el pasado diciembre, en 23.325 percances. Una cifra ligeramente por encima del ejercicio anterior y el tercer aumento anual consecutivo, aunque podría diluirse como una fría estadística más si no fuera porque significa que cada día 64 trabajadores tuvieron que darse de baja en la provincia al sufrir alguna incidencia en su empresa o actividad.
De este total, los que provocaron el fallecimiento del empleado fueron 19, el mismo número que en 2005, mientras que entre los graves sí hubo un repunte, con 289 siniestros (un 1,2% del total). En este apartado tuvo un trágico protagonismo la capital gaditana, donde se levantó una de cada cuatro actas de muerte. Ninguna otra localidad tuvo una incidencia mortal tan fuerte, ya que las siguientes fueron Jerez y Los Barrios, con dos defunciones cada una, y en el resto hubo una o ninguna.
Graves consecuencias
Otros enclaves donde también se tomó nota de la gravedad de los casos producidos fueron Benalup, Arcos y Vejer, donde la proporción de los accidentes de peor consideración fue especialmente superior al resto de municipios gaditanos.
La preocupación por este fenómeno asociado directamente a la precariedad ha suscitado contundentes posturas desde los sindicatos y la Administración, pero también en el orden judicial desde la propia Fiscalía, que ha propuesto promulgar una nueva ley integral y específica contra la siniestralidad laboral para unificar la normativa y procesos y mejorar la lucha contra el alto índice de accidentes en el trabajo que «escandaliza a la sociedad», según la fiscal jefe provincial, Ángeles Ayuso.
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