De la segunda República a la Movida, de Ortega y Gasset a Pedro Almodóvar, todo lo relevante ocurrido en la España de la segunda mitad del siglo XX ha tenido alguna conexión o correlato en la gran sala del Café Gijón, en sus tertulias y veladores. Unas historias trascendentes o nimias, trágicas o cómicas en las que ha buceado Marcos Ordóñez (Barcelona 1957), crítico teatral, guionista y narrador. Ordóñez ha escrito un entretenidísimo «documental» sobre el Café Gijón que supone repasar el núcleo de nuestra historia reciente.
En las casi 300 páginas de Ronda del Gijón . Una época de la historia de España (Aguilar), Ordóñez ha dado voz a una veintena de personajes cuyas vidas estuvieron vinculadas en algún momento a este epicentro del acontecer hispano. Ana María Matute, Eugenio Suárez, Manuel Alcántara, Rafael Azcona, Raúl del Pozo, Maruja Torres, Juby Bustamante, Manuel Vicent, Álvaro de Luna, Rosana Torres o Pepe Bárcena, son algunos de quienes se prestaron al juego de la memoria propuesto por Ordóñez.
Les hace hablar en primera persona, sirviéndose de los mejores recursos que Truman Capote puso a disposición del nuevo periodismo. «Me interesaban las historias por encima de que el personaje fuera más o menos famoso. El reto es que se retrataran y retrataran su entorno de forma directa, sin comillas ni preguntas» dice Ordóñez.
Sobre los veladores del Gijón escribieron sus artículos González Ruano, Umbral, Alcántara, Vicent, Raúl de Pozo y tantos otros; pergeñó Fernando Fernán Gómez películas memorables como El extraño viaje; trabaron Ignacio Aldecoa sus cuentos o Alfonso Paso sus comedias; se fraguó la amistad de Tip y Coll; reinaron la belleza de Ava Gardner o la extravagancia de Maruja Mallo; se cerraron contratos de teatro y cine o se crearon asociaciones como Jueces para la Democracia.
Escenario heterogéneo
«En el Gijón se bebió, se deliró, se conspiró, se escribió, se discutió y se amó» resume Ordóñez. Ocurrió todo en un espacio que ha sido mucho más que un café, que sigue abierto, pero que quizá ha visto rebajado su perfil legendario. «Ha sido un ateneo canalla, un espacio de libertad; oficina y despacho para muchos, casa para algunos, refugio para otros, escaparate y escenario para quienes querían ver y dejarse ver, catedral de sablazo en los años más duros y grises, y un barco varado en medio de la capital» enumera Ordóñez.
«Lo que define al Gijón es la mezcla. Nunca se le pidió el carné a nadie. No se preguntaba por la edad ni el origen. Convivieron en él Gijón falangistas y rojos, mangantes y genios, grandes talentos y enormes pelmazos. Ninguna ideología se impuso a otra y había espacio para todos: para los detractores y los admiradores de César González Ruano, por ejemplo». Entre los admiradores Manuel Alcántara, que cita a Ruano como «maestro y ejemplo» sin obviar que era un ser «espléndido, raro, sensible y vibrante».
«He trabajado como el director de un documental, tratando de que le libro mantuviera el mismo tono de tertulia que se vivía en el café» explica Ordóñez, que regresa a la arena editorial tras su exitoso recorrido por la vida de Ava Gardner y sus andanzas españolas.
Uno de los testigos clave de estos años de esplendor del Gijón fue Alfonso González Pintor, cerillero y guardián de la memoria del Gijón , con cuya peripecia vital se cierra el libro que Ordóñez se planteó titular «el cerillero». A Alfonso se le apreció siempre más por lo mucho que calló que por lo poco que dijo. Gran confidente y excepcional fiador -que se lo pregunten a Vicent o Pérez Reverte- vio desfilar ante sus ojos medio siglo de historias y a sus actores principales. Una placa recuerda hoy en el que fuera su rincón que «Aquí vendió tabaco y vio pasar la vida Alfonso, cerillero y anarquista».
Profesor de narración audiovisual en la universidad Pompeu i Fabra de Barcelona además de crítico, guionista y documentalista, admite Ordóñez que escribir sigue siendo más barato que filmar. El sigue así alternando ficciones con «documentales escritos» y tiene en su currículo títulos como Tarzán en Acapulco, Comedia con fantasmas, Detrás del hielo o Beberse la vida.