Sábado, 7 de abril de 2007
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CÁDIZ

CÁDIZ
Regidor Perpetuo de la devoción de todo un pueblo
El barrio de Santa María estalló de júbilo con la salida de su cofradía pese a la inestabilidad del tiempo
La lluvia volvió a aparecer en la Semana Santa gaditana, tras la tregua del Miércoles Santo, y lo hizo en uno de esos momentos muy esperados por los cofrades como es la salida procesional del Nazareno desde su iglesia conventual de Santa María.

Poco antes de que el Señor asomara por el cancel, las primeras gotas hacían acto de presencia, aunque dentro del convento no conocían esa importante contrariedad. Por ello, las puertas se abrieron y las secciones de penitentes comenzaron a salir. Tras momentos de duda se vuelven hacia el interior y se decide esperar, mientras en el exterior grupos incontrolados comenzaban a gritar para presionar a la junta de gobierno, que decidía esperar hasta las nueve y media de la noche. Diez minutos después de esa hora se toma la decisión de hacer la estación de penitencia, al menos hasta la Catedral. El cortejo vuelve a salir. Delante del paso marchaba la presidencia con la mayoría de la corporación municipal, con la alcaldesa Teófila Martínez al frente. Llamaba la atención el hecho de que el hijo del hermano mayor, Santiago Posada, portase una insignia.

A las 21.50 horas, el paso sale con los acordes de las marchas Regidor Perpetuo y Nazareno y Gitano, interpretadas por la banda roteña del Maestro Enrique Galán que después se retiró a para acompañar a la Virgen de los Dolores. Cuarenta minutos después, la Virgen de los Dolores ya está en la calle para alegría de sus vecinos. El cortejo se dirigía hacia la Catedral donde el descontrol se hizo patente con grandes cortes en las filas de penitentes, para posteriormente continuar camino de la carrera oficial.

Acto matinal

Por la mañana, Santa María era un hervidero. El pequeño templo del barrio encaraba su día más grande. Su gente no paraba de entrar y salir de la iglesia. Los balcones de las calles más cercanas estaban engalanados. La actividad era constante. En el interior estaban los dos pasos en un espacio acotado pero a la vista de todos. Es Jueves Santo por la mañana y el Nazareno tomará el mando de la ciudad. Como cada año, recibirá el bastón que le reconoce como Regidor Perpetuo de Cádiz y desfilará por las calles gaditanas llevando orgulloso ese título.

Junto a los cientos de fieles anónimos que llenan Santa María, diversas son las personalidades que esperan la llegada de la alcaldesa, Teófila Martínez, quien cederá el bastón de mando al Nazareno. Se encuentran entre otros el ex alcalde Carlos Díaz, el decano del Colegio Provincial de Abogados, José Manuel Jareño, Alfonso Caravaca y Rafael Corbacho, presidente del Consejo de Hermandades. Teófila llegaba poco antes de lo previsto acompañada por varios de sus concejales. Saludaba a todos los presentes y contemplaba los dos pasos perfectamente preparados.

El hermano mayor de la cofradía, Santiago Posada, presentaba el simbólico momento que se iba a desarrollar y agradecía a la alcaldesa su presencia y el hecho de que acompañara al Nazareno por las calles de Cádiz. Además apuntaba que la estación de penitencia se realizaría este año por el mantenimiento de los puestos de trabajo y por la paz.

Teófila Martínez fue breve y le pidió al Señor de Santa María que nos cuide, ayude y perdone. Posteriormente subió para colocar el bastón en el monte de claveles rojos por el que camina el Nazareno. Besó sus manos y el pequeño templo se llenó de aplausos.

En la misma mañana se reconoció a la familia Vasallo y se hizo entrega a la hermandad del Nazareno de un obsequio de la cofradía del Prendiemiento de Tarragona.

Arrancó entonces el tiempo para la devoción. La cantaora Pepi la de Ignacio subió para cantar una saeta. El emocionante final fue apreciado por la gente con los olés y los aplausos. A partir de ahí fue un no parar. Se produjo la respuesta espontánea de diversas fieles que llevaban esperando todo un año y quisieron cantarle al Nazareno y a la Virgen de los Dolores. Cada cual más emotiva, más cargada de sentimiento. El caso es que en Santa María no cabía tanta devoción. Todo el murmullo se volvía silencio cuando se escuchaba una saeta.

Las lágrimas se percibían en los rostros de algunos de los presentes. En otros casos se intuía el llanto. Los ramos de flores no paraban de llegar y se colocaban delante de los dos pasos. La alcaldesa cogía en brazos a un niño vestido de maniguetero y con él atendía a una nueva saeta. Era el preludio de que la noche venía cargada de emociones.

 
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