Jueves, 22 de marzo de 2007
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OPINIÓN

TRIBUNA
Cornelio Balbo en la memoria
Cornelio Balbo en la memoria
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En estos tiempos tan habituados a los fuegos de artificio y a los malabarismos hueros, donde la mayor memez puede tornarse, en virtud de la chistera mediática, en argumento de debate sesudo, de vez en vez afloran noticias de cierta enjundia que, sin embargo, perecen en su efímero fulgor. Viene esto a cuento por un reciente bautizo en la sonriente ciudad de Cádiz: el del I E S Cornelio Balbo. Recibida el agua bautismal en la pila del órgano competente, el Consejo Escolar del centro, se abandona así el insulso Náutico, esdrújulo de tránsito entre el proyecto primigenio (recuerdan, por mor del Club Náutico) y la realidad arquitectónica que ahora se alza junto al paisaje portuario. Se pasa así de un nombre de evocación groseramente zapatera al esplendor de la Gades de finales de la república romana, la Gades que espejeaba sobre las aguas limosas del Tíber por mucho más que el folclore localista de las puellae Gaditanae. Añádase además el acierto de un nombre dual, que abraza conjuntamente la memoria del tío (Balbo el Mayor) y el sobrino (Balbo el Menor).

Si de justificar el nombre se trata, méritos sobrados de uno y otro pueden esgrimirse. Singular sin duda, y compartido por ambos, fue haber abierto brecha en caminos intransitados hasta entonces por gente de provincia, pues si el tío fue pionero al obtener para la familia en 72 a. C. la ciudadanía romana y la dignidad de un consulado en el año 40, no le fue a la zaga el sobrino. En el año 19 a. C. desfiló (¿el primer provincial que lo hacía!) coronado con el laurel triunfal por las calles de Roma camino del Capitolio, en premio por la derrota infligida a los garamantes, pueblo de hombres requemados (al decir del poeta Lucano) que araban desnudos las tierras saharianas. Destacado fue también el papel de ambos en la brega política de aquellos años turbulentos. La historia ha dejado testimonio de la huella de Balbo el Mayor en la vida y la ascensión al poder de Julio César, así como del caudal de simpatía procesariana que tío y sobrino allegaron en Gades. Mas si hemos de fijarnos en los mimbres civiles, mucho más acordes, pensarán algunos, con el fin educativo del centro, he aquí que hallamos en las actividades de la política municipal de Balbo el Menor dos razones que habrían de bastar para justificar la rotulación del instituto. Cuenta Estrabón que nuestro paisano, siendo quattorviro de la ciudad en 43 a. C., trazó una ampliación urbanística denominada Neapolis y ensanchó las instalaciones portuarias. Capricho de la historia, evidencia premonitoria. Dos milenios después habría de erigirse el susodicho centro educativo en un espacio tan portuario, que el balanceo de los contenedores y el silbido de las grúas presiden la docencia cotidiana. Pero las inquietudes del edil no se limitaron a estas expansiones urbanísticas y otras de índole inmobiliaria, pues el joven Balbo también quiso tentar suerte con las Musas. A la llamada particular de Melpómene, musa de la tragedia, correspondió al parecer con una obra de tono autobiográfico y tintes patrióticos, representada en los ludi teatrales celebrados en Gades en ese mismo año 43. Se cuenta que Balbo lloró emocionado al ver escenificados sus arduos esfuerzos por ganarse a L. Cornelio Léntulo para la causa cesariana, que tal era la trama de la obra. Y no era su patrocinio de las artes escénicas de estrechez localista, ya que no vaciló en gastarse un fortunón, tan sobradamente rico como era, en la construcción en el año 13 de un teatro de piedra en la Roma imperial de Augusto.

Pero regresemos al siglo presente, pues urge concluir. Era de justicia. Tiempo ha una calle y una estatua rinden homenaje en Cádiz a la familia Balbo. Faltaba, para igualarse con su paisano Columela, un instituto. Y si éste mira al mar de Poniente, el nuevo I E S Cornelio Balbo ya mira, por encima de las aguas de la Bahía, hacia Levante, hacia el corazón mismo del Lacio. Allende las fronteras.

 
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