Nuevo éxito del cartel ofrecido ayer en Villaluenga del Rosario con motivo de una corrida benéfica en beneficio de Afanas-'El Puerto de Santa María. Todo hacía presagiar un lleno completo en los tendidos, pero a eso de la media tarde el tiempo empezó empeorar, y niebla, agua, viento y frío fueron los prolegómenos de lo que luego acontecería en el coqueto y singular coso de la localidad serrana. Esto hizo que las entradas no se agotaran en un tarde de cartel mediático, con mucha prensa del corazón.
Los toros de los hermanos Tornay, bien presentados, algo terciados y con el denominador común de la nobleza y la falta de fuerza, permitieron a los toreros estar a la altura. El primer toro de la tarde, noble y con la virtud de humillar, al final desarrolló algo de peligro por el pitón izquierdo. Pero si hay algún toro que destacar, ese es el cuarto, bien presentado, con fijeza y humillando, sin lugar a dudas el mejor de la tarde. El sexto fue un toro con peligro que puso en más de una vez en apuros a su matador, desarrollando sentidos, algo que al torero le pudo costar caro.
En cuanto a los matadores, hay que destacar de manera especial el gran carisma que el torero granadino El Fandi posee para conectar con un público entregado en todas las fases de su faena. Recibió a su primero con una buena serie de verónicas que sorprendieron a propios y extraños; jugó bien los brazos llevando muy toreado a su astado, que a pesar de la falta de fuerza seguía el engaño.
Variado con el capote, hizo chicuelinas para rematar con vistosas revoleras. Después con las banderillas el espectáculo estuvo más que servido, eficaz, con fuerza y clavando en lo alto para terminar poniendo el último par al violín, y llevando al delirio bajo la lluvia intensa que caía en ese momento.
Con la muleta, el toro siempre la cara alta, basó su toreo en la mano derecha. Con una buena estocada fulminó al primero de sus toros y dos orejas para El Fandi. En el segundo de su lote, último del festejo, se encontró con un toro que desarrollaba sentido por el pitón derecho. No se amilanó. El Fandi, que incluso pudo buscarse algún que otro susto, estuvo certero con la espada y la gente supo agradecerle el esfuerzo con los máximos trofeos.
Javier Conde es uno de los toreros que más veces había hecho el paseíllo en Villaluenga, y volvía después de que el pasado año dejase un toro vivo en esta plaza. En esta ocasión, el malagueño se encontró con un primer toro de buena condición pero sin fuerza, al que no supo acoplarse por el pitón izquierdo. Javier dejó algunos destellos de sus peculiaridades, pero mató mal, de tres pinchazos y estocada que le sirvieron sólo para ser ovacionado.
En el segundo de su lote, Conde se encontró a un animal de buena presencia enrazado y bravo, aunque algo falto de fuerza. Era el toro perfecto para una desapacible tarde. Conde se inspiró, se quitó las zapatillas y empezó con su peculiar formar de interpretar el toreo. Destacaron buenas tandas tanto por el pitón izquierdo como por el derecho, que llegaron pronto al público. La gente disfrutó con el de Málaga, que mató de pinchazo, estocada y descabello, y a pesar de todo obtuvo dos orejas.
Rivera Ordóñez llegaba a Villaluenga por primera vez con ilusión y ganas, algo que se palpó pronto en la actitud del torero, a quien le tocó en suerte el peor lote de la tarde. Su primer toro, sin fijeza y saliendo suelto de la suerte, poco colaboró con el diestro. Buen recibimiento con el capote y muy entregado con la muleta, mató de pinchazo y media desprendida y descabello. Ovación en el primero de su lote. En el segundo, volvió Rivera a demostrar que no venía a pasar el tiempo, pero de nuevo se topó con un toro noble pero manso y falto de fuerza. Se enfadó con el animal Rivera, que lo intentó a toda costa incluso pudiéndose buscar una voltereta. Mató de pinchazo, estocada y descabello. Una oreja.
En definitiva, lástima que el tiempo no acompañase, porque a buen seguro la plaza hubiese puesto de nuevo el cartel de «no hay billetes», pero entre la niebla, la lluvia e incluso el viento, más que estar toreando en Villauenga parecía que nos habíamos trasladados al propio Londres para ver un espectáculo donde los toreros estuvieron a la altura y también el público, que a pesar de la climatología se mantuvo en sus localidades hasta casi el final. Para que digan que no hay afición.