Miércoles, 21 de febrero de 2007
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Menoscuarto publica 'Carta a don Juan', los cuentos completos de Carmen Laforet
La edición, que llegará a las librerías el 26 de febrero, incluye los relatos juveniles de la autora de 'Nada', varios textos inéditos y los 'olvidados' por la propia escritora catalana
Menoscuarto publica 'Carta a don Juan', los cuentos completos de Carmen Laforet
La escritora Carmen Laforet, firmando una dedicatoria. / LA VOZ
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Carmen Laforet (Barcelona, 1921-Madrid, 2004) fue una mujer adelantada a su tiempo, a la que le hacían daño las estrechas costuras de la sociedad que le tocó vivir. Eso se refleja en su literatura pero también influyó en su ausencia de ella, en los largos silencios, en sus dudas y en su definitivo apartamiento. Su voluntad de independencia jugó en contra de su reconocimiento, a pesar de su fulgurante entrada en el mundo de las letras con la novela Nada -ganadora del primer premio Nadal en 1944- y de novelas como La mujer nueva, que relata una crisis existencial y religiosa en la que hay mucho de autobiográfico y que consiguió el Nacional de Literatura.

Ahora la editorial Menoscuarto salda una de las muchas deudas con la escritora y publica todos sus cuentos. La llegada de Carta a don Juan a las librerías, el lunes 26 de febrero, coincidirá con el tercer aniversario de su muerte, ocurrida en Madrid el 28 de febrero del 2004, cuando la escritora contaba 82 años de edad.

Se trata, por varios motivos, de una edición muy significativa. «Definitiva», según el calificativo de Agustín Cerezales Laforet, uno de los hijos de la autora de La isla y los demonios, también escritor y que ha seguido minuciosamente el rastro de cuentos que estaban perdidos o que nunca fueron publicados. «Están todos los cuentos. Al menos, todos los que hemos encontrado. Puede que haya alguno más, pero no escribió muchos cuentos», afirma.

En ese «todos» se han incluido los cuentos de juventud. Son relatos llenos de frescura que delatan a una escritora en ciernes, tal y como salieron de su pluma, pues ella apenas corregía sus textos. «Literariamente, nunca miraba atrás», afirma Agustín Cerezales. Lo que corrobora la nota del editor que aparece como prólogo a esta primera parte del libro. «Carmen Laforet no conservó personalmente ninguno de sus papeles juveniles, escritos en Las Palmas de Gran Canaria (ciudad a la que se trasladó su familia cuando ella tenía dos años). Tan solo, como testimonio, incluyó en su segunda novela, La isla y los demonios, la Leyenda de Alcorah, atribuyéndosela a la protagonista, Marta Camino.

Autobiográfico

Con La leyenda de Alcorah, el texto de ficción más temprano que se conserva de Laforet, se abre el libro. Y se cierra con el titulado Libertad, un cuento, que también es un «caso aparte, no por el tema, en el que insiste, sino porque es un cuento inédito, que quedó aparcado en un cajón, y porque, además de ser claramente autobiográfico, propone otra voz, más cercana, sin duda, a los cuentos de la segunda parte», nos avisa de nuevo el editor.

Estos, los de la segunda parte, son los que Carmen Laforet «quiso recoger y dejar para la posteridad». Hacía más de treinta años que no se publicaban todos juntos. Se incluyen en este apartado los ocho reunidos por primera vez en 1952 bajo el título La muerta, escritos por la misma época que su novela La isla y los demonios y dos más posteriores, pertenecientes a su siguiente ciclo narrativo, el que se corresponde con la aparición, en 1955, de La mujer nueva, sin duda una de sus grandes novelas.

No se sabe por qué, a partir de este año, Carmen Laforet dejó de escribir cuentos. Ni siquiera su hijo puede aportar luz sobre este asunto. «La verdad es que no tengo la menor idea -afirma-. Se pueden aventurar hipótesis pero no hay ninguna declaración suya al respecto. Quizá por esa época prefirió centrarse en escribir artículos. Tenía muchos encargos de periódicos y puede que eso le quitara ya suficiente tiempo».

En cuanto a qué hubiera pensado ella de la decisión, arriesgada, de publicar sus papeles juveniles, considera: «Pensamos que dan una idea de su etapa de formación. Son las raíces de su forma de ver la vida. Creo que a ella le hubiera hecho gracia. Ella no los hubiera publicado nunca, pero le hubiera hecho gracia encontrárselos. Ella no guardaba las cosas ni las revisaba. Una vez hechas, las olvidaba».

Hemerotecas, archivos, domicilios familiares o de amigos se han rastreado para sacar a la luz los textos de Carta a don Juan, uno de los cuentos primerizos de la autora, uno de los preferidos de su hijo y el que da título al libro. «Este cuento refleja un estado de ánimo con el que simpatizo. También Rosamunda me parece un gran cuento. En general, los que ella eligió para las antologías, que forman la parte central del libro, son los mejores. Y de los olvidados, me gusta mucho Don Pepe el vagabundo, porque veo en él la simpatía de mi madre por el personaje del vagabundo. La veo a ella muy bien reflejada».

También José Ángel Zapatero, director de la editorial Menoscuarto, tiene sus favoritos, «uno por cada etapa del libro», aunque se decanta por Al colegio, La fotografía y por el inédito Libertad. Cree que un libro como el que está a punto de ver la luz era «necesario. Un libro por hacer dentro de la línea de la colección en la que además de la calidad buscamos que aporte algo al panorama literario».

Laforet había sido para él «una escritora adelantada a su tiempo por el ansia de libertad y de independencia que se desprende de su forma de escribir», y ahora agradece a la familia su confianza para publicar unos textos que se han cuidado al máximo. Las notas del editor que prologan cada capítulo constituyen un auténtico plano-guía para profundizar en la personalidad literaria de una mujer a la que persiguió siempre una voluntad de apartamiento.

Don poético

En los cuentos anteriores a Nada apuntan ya los temas y escenas reconocibles en sus novelas. En ellos está la gracia de la juventud que, según cuentan los que la conocieron, mantuvo hasta el final, pues fue siempre una narradora vocacional, que disfrutaba del relato oral destinado a amigos y familiares. Sus cuentos están llenos también de mujeres a las que les viene estrecho el traje que les prestó la vida. Mujeres deseosas de escapar de sus zapatos. Pero subyace en todos ellos, incluso en los más dramáticos, un sentido del humor, una capacidad para la ironía, para decir sin decir, que son claves en su narrativa.

Agustín Cerezales apunta otra característica: «En estos cuentos, como en todos sus escritos, hay un don poético que nunca perdió y que hace especial cualquier texto suyo. Tengo que reconocer que todo lo que escribió mi madre me parece muy interesante».

La tercera pata de este libro es es Carme Riera, a quien la editorial encargó el prólogo. «La elegimos -afirma José Ángel Zapatero- aparte de por su condición de crítica y estudiosa, por la relación personal de su familia con Carmen Laforet, sabíamos que eso podía dar un tono diferente al prólogo». Y así es desde el principio. Riera desgrana simpáticos recuerdos de la época en que sus padres fueron compañeros de la escritora en la Facultad de Letras de la Universidad de Barcelona.

 
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