Miguel González Tello es la viva imagen de la felicidad. Este empresario gaditano, acostumbrado a los grandes retos, acaba de regresar de su estreno en el rally Lisboa-Dakar, una experiencia que ha servido para saciar su espíritu aventurero...pero no del todo. Y es que ya tiene apuntado en su calendario otro lugar en el que dejar su particular sello: la jungla de Borneo, la cual pretende atravesar andando (más de 300 kilómetros). Ya ha demostrado que nada es imposible. Y que a ilusión no le gana nadie.
-¿Cuál es la imagen más impactante que le deja este rally Dakar?
-La de la gente exhausta en el suelo, sin poder seguir porque no tenía fuerzas.
-¿Qué se le pasa a uno por la cabeza cuando observa el reguero de participantes que se queda en el camino, algunos incluso perdiendo la vida?
-Ahora mismo, en frío, puedo pararme a pensarlo, pero allí tu obsesión es llegar y mirar hacia delante. Si no lo haces así, no aguantas ni tres días.
-¿Qué es lo que más se echa de menos en el desierto, lo primero que ha hecho nada más llegar a casa?
-Una ducha, la higiene en general. Cuando llegué a mi casa reventé el gas (risas). Durante la prueba nos podemos lavar poco y de forma rudimentaria. Cuando nos duchábamos buscábamos más relajarnos que limpiarnos, ya que sabíamos que era imposible.
-La gente puede pensar, ¿qué se la ha perdido a un hombre como este en un sitio como ese?
-Lo sé. Le diría que lo que me ha llevado hasta allí ha sido mi inquietud aventurera que, por cierto, puedo decir que ha quedado del todo saciada. Yo no soy un forofo del motor. Iba a buscar sensaciones nuevas y las he encontrado.
-¿Y ahora qué? Porque conociéndole seguro que tiene algo en mente.
-Tengo en la mente varias cosas: ir al Polo Norte y lo que creo que va a ser lo siguiente: atravesar andando la jungla de Borneo, una isla virgen en la que están encontrando nuevas especies animales.
-¿Le gusta ir contracorriente?
-No, no es eso, pero sí es cierto que realizando estas aventuras te cuestionas muchas cosas. Hay una tendencia a creer que lo que único que se puede hacer es lo que haces en tu vida, pero puedes abrir tu mente.
-Subir el Himalaya, hacer caída libre, participar en el rally Dakar...¿su familia no ganará para sustos?
-¿Qué va!. De casta le viene al galgo. Mi padre es también muy aventurero. Hace un año, por ejemplo, recorrimos parte de la India en moto; él, mi hermano Javier y yo.
-¿Qué ha sido lo más duro que ha realizado hasta el momento?
-El Dakar es duro, pero me quedo con el ocho mil que ascendí en Nepal. Esa experiencia, tanto en el plano físico como en el mental, fue durísima.
-Comenta en su blog de www.lavozdigital.es que el Dakar le ha dejado momentos para llorar y momentos para reír, ¿cuáles?
-Para llorar fue verme en Mauritania dando vueltas sin saber qué rumbo coger y cuando se nos paró el coche durante más de una hora y no sabíamos qué hacer; para reír la estampa de todos los coches en una gran explanada corriendo como los autos locos u observar a muchos niños bailando al paso de los coches.
-¿Se le pasó por la cabeza usar el aviso de emergencia?
-Eso nunca. Me cortaba antes las manos. Significaría nuestra descalificación automática y en nuestras mentes sólo teníamos llegar a la meta.
-La pregunta del millón. ¿Repetirá experiencia? ¿Qué le aconsejaría a alguien que esté dispuesto a emularle en futuras ediciones?
-No sé si repetiré, aunque ahora sé que tengo las puertas abiertas porque el Dakar es como una gran familia. A aquél que desee participar le diría que primero tiene que conocer el rally por dentro y después tener espíritu aventurero, que te ayuda a salir de las mil situaciones imprevistas que te surgen durante el camino; además, hay que tener mucha fuerza de voluntad, muchísima.
-No es para menos viendo la foto que aparece en la portada del periódico. A mucha gente puede impactarle.
-Lo gente puede asustarse, pero yo sólo puedo decirles que en esos momentos lo que sientes es una satisfacción interna enorme porque ves que el reto se va superando poco a poco.
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