Sábado, 20 de enero de 2007
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CULTURA

ESTHER TUSQUETS EDITORA Y ESCRITORA
«Hay libros que no se venden aunque les eches toneladas de dinero encima»
La descubridora para España de Umberto Eco o Helen Fielding, leyenda del mundo editorial, acaba de publicar sus memorias y visita la Fundación Caballero Bonald
«Hay libros que no se venden aunque les eches toneladas de dinero encima»
CARÁCTER. Tusquets se ha hecho acreedora de una merecida fama de 'mujer de hierro'. / LA VOZ
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Tiene merecida fama de mujer sobria y sincera. Forjó su carácter en las fatigosas refriegas del mundo empresarial de los 80, y presume de no haberse ceñido al arquetipo que incluso los intelectuales progresistas le habían adjudicado por inercia.

Su instinto proverbial la llevó a descubrir, para el mercado español, a sensibilidades tan dispares como el Quino de Mafalda, Um-berto Eco, Helen Fielding o Gustavo Martín Garzo. Por algunos de ellos apostó «hasta el final», aún en contra del criterio «de la casa». Ahora, acaba de publicar Memorias de una editora poco mentirosa, una biografía profesional en la que ajusta cuentas con el pasado a cara descubierta y sin temer represalias tardías. La próxima semana la presentará en la Fundación Caballero Bonald de Jerez.

-Lo mejor y lo peor de haber sido editora durante 40 años.

-Lo mejor es que el trabajo ha merecido la pena. Tenía mucha libertad. Lo peor, rechazar originales de buena gente, de amigos incluso; comprobar una y otra vez que no se vendían libros de gran calidad; y los largos y tediosos periodos de promoción. Odiaba la promoción.

-¿Un buen escritor acaba siempre por publicar?

-Sí. El buen escritor insiste casi siempre. Confía en sus posibilidades. Forma parte de su madera. Si duda...

-¿Cuantas veces se ha arrepentido de haber dejado escapar un original?

-Nunca. Me he encontrado, en muchísimas ocasiones, con textos a los que dije que no y que luego han resultado tener un enorme éxito. Pero eso no implica arrepentimiento de ninguna clase.

-¿Hay algún método para acertar?

-Sí: primero decides publicar un libro, y después lo justificas como buenamente puedes. Actúas por un impulso, y luego lo racionalizas porque todos te exigen que lo hagas. A veces las ventas, o la crítica, te ayudan. Pero lo primordial es confiar en ti misma. Puedes llamarlo método, si te apetece. Es mentira eso de que todo es promoción. Hay libros que no se venden ni aunque les eches toneladas de dinero encima.

-Editó usted a Eco y a la autora de Bridget Jones. ¿Qué tienen en común?

-Nada. Bueno, que ambas propuestas me parecieron convenientes en su momento. Con Eco no creo que deba justificarme, y en el caso de Fielding pensé que podría funcionar bien, a pesar de que hubo quien me recalcó una y otra vez que practicaba un humor excesivamente británico. Muchos se cebaron con que Lumen apostó por Fielding por presiones del grupo Bertelsman, que acababa de comprarla. Eso es incierto. La prueba es que incluso después del éxito inicial se negaron a reeditarlo. Lo hice porque me pareció un texto divertido, escrito por una mujer inteligente.

-Hablando de Bertelsman, ¿les guarda rencor por su salida?

-Rencor es una palabra muy grande. A estas alturas prefiero no guardar rencor a nadie. No es bueno para la salud y genera excesivos dolores de cabeza.

-¿Ni siquiera a algún que otro escritor que se cambió de bando después de que usted lo lanzara?

-No, no. De verdad.

-'Memorias de una editora poco mentirosa'. Da usted por hecho que hay mucha mentira en el gremio. De lo contrario no creería necesaria la acotación ¿no le parece?

-Hay mucha mentira en el mundo editorial, y mucha mentira en el mundo de la empresa, y mucha mentira en el mundo, en general. No creo que sea un ámbito que padezca especialmente la plaga de la hipocresía.

-¿Se ha dejado cosas en el tintero?

-Bastantes. Tenía que concretar. Forma parte del oficio.

-¿Se ha mordido la lengua?

-Digamos que podría haber sido mucho más traviesa, mucho más... incisiva en ciertas apreciaciones. Y con cierta gente. Todo ello contando la realidad pura y dura. Al final pensé que no merecía la pena.

-¿De qué autor guarda un recuerdo ingrato?

-Todavía pulula por ahí algún poeta que me esperaba cada cierto tiempo en la puerta de casa para exigirme explicaciones de por qué no editaba sus versos. No le otorgo categoría de «ingrato». Como mucho, «molesto».

-¿Se puede hacer algo para que los que no leen, lean?

-La clave está en la enseñanza. Las personas lectoras se forman en la infancia. Que adquieran ese hábito depende fundamentalmente de los padres y de los maestros. Han de encontrar la fórmula adecuada, las historias correctas. Lo demás es cuestión de inquietudes y de libre albedrío.

-¿Qué queda de la chica de la 'gauche divine'?

-Nada. O todo. Según. Las cosas del tiempo no hay quien las entienda.
«¿Quién sabe por qué se concede un premio?»
-¿Por qué no le han dado el Cervantes a José Manuel Caballero Bonald?

-Vaya usted a saber. Hace tiempo que dejé de buscar motivos coherentes en ese tipo de decisiones. A veces los hay. A veces no. Mejor dejarlo pasar. Es perder el tiempo. Detrás hay siempre mucho politiqueo... ¿Quién sabe por qué se otorga un premio? Los que lo conceden. Y no siempre...

-Su hija sigue con la tradición familiar. ¿Qué consejo le ha dado?

-Uno: que no lo hiciera. No me hizo caso, así que me callé. Confío plenamente en ella. Es inteligente y tiene arrojo. No necesita más.

 
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