Ahora sí. A las 11.57 y 30 segundos de la mañana para ustedes -una hora menos en Lisboa- comenzará mi aventura en el rally Dakar. Espero que estén ahí, día a día, para compartir conmigo este reto. Comienza a cumplirse un sueño. Ayer fue un día de auténtica locura. Estoy que me salgo del pellejo, como se suele decir. Tuvimos que pasar una nueva verificación porque querían comprobar más cosas en el coche. Hubo que sacarlo custodiado del párking y participamos en numerosos cursos para dominar un sistema de navegación para casos extremos. ¿Esperemos no tener que utilizarlo!, aunque siempre es bueno estar preparado para todo.
Parece mentira el amplio abanico de conceptos que aprendes aquí día a día. Nuestra estrategia ya está marcada. Hemos tenido reuniones con la organización y con el equipo Nissan para ver cómo actuar en diferentes situaciones: ayudar a un compañero, llegar lo más rápido posible a la meta...El objetivo está claro: Llegar a Dakar. Yo ha he dicho que lo hago aunque sea con el coche a cuestas.
En estos momentos previos es cuando te empiezas a dar cuenta en el berenjenal en el que nos hemos metido. Pero ya no hay marcha atrás. Ni falta que hace. ¿Allá vamos!
El director de la carrera nos ha comentado que esta prueba está hecha para no llegar. El riesgo es máximo. Y es que, aunque sólo nos enteramos de algo cuando algún participante muere, también hay accidentes graves que pasan desapercibidos para el gran público. El esfuerzo, la concentración y el sacrificio deben ser máximos...¿pero el disfrute también!
Anoche aún no estaba nervioso, aunque deduzco que cuanto ustedes lean estas líneas sí tendré cosquilleo por el estómago. Pero sólo será al principio.
Para empezar la primera etapa no debe ser muy dificultosa. Nos han comentado que los temidos acantilados aparecerán mañana por la serranía, antes de llegar a Málaga. El problema sería entonces que nos lloviera, ya que el terreno podría enfangarse y el barro nunca es un buen compañero de viaje en estos casos.