-¿Cómo empezaste practicando kárate?
-Comencé a los siete años. Fue por una picada que me dio. Entonces mi primo y mi tío se apuntaron y yo no dejé a mi madre en paz hasta que me apuntó también a mí. Y ya llevó más de quince practicándolo.
-¿Cómo fue al principio?
-La verdad que todo era muy distinto de lo demás, no se trataba sólo de dar patadas a un balón, que es a lo que casi todo el mundo estaba acostumbrado. Con esa edad todos los niños juegan al fútbol y poco más pero luego me fui dando cuenta que aquello iba más allá.
-¿Qué nivel tiene ahora?
-Desde 1997 soy Primer Dan JKA. Podría intentar seguir ascendiendo, pero no me preparo para obtener el segundo porque la realidad es que no tengo tiempo para ello.
-¿Qué le ha aportado el kárate a su vida?
-Pues me ha transmitido una filosofía para aplicar a diario y muchísimos valores como la disciplina, la constancia, la entrega y, sobre todo, el respeto a los demás y las ganas de superarse. Se resume en una frase del padre del karate-do Gichin Funakoshi que dice que el objetivo no reside en la victoria o la derrota, sino en el perfeccionamiento del carácter de sus practicantes. Me gusta diferenciar entre los deportes y las artes marciales porque éstas siempre aportan algo más.
-¿Desde cuando participa en competiciones?
-Eso es muy curioso porque la primera vez que competí fue en el campeonato provincial cuando tenía 10 años y lo gané sin esperarlo. Desde entonces he estado en campeonatos de España y Europa tanto de kata como de kumité. En 2002 el europeo fue en Chipre y quedé segundo en kata por equipos y tercero en individual.
-¿Piensa retirarse del kárate alguna vez?
-¿Dejarlo? Por nada del mundo haría una cosa como esa en estos momentos.
-¿Tiene alguna anécdota curiosa?
-Pues tengo muy buen recuerdo de los cursos con los japoneses. Me admira los metódicos que son. En una ocasión uno de ellos trataba de enseñar a niños y cuando les pedía que levantaran la pierna izquierda él levantaba la derecha para que los niños se vieran en él como en un espejo.